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"En Malvinas rezábamos y pedíamos que si moríamos, morir rápido y sin dolor"

El coronel veterano de guerra de Malvinas, Esteban Vilgré Lamadrid, recordó momentos de adversidad en las Islas, cuando sus soldados se aferraban a la fe y a la figura de la Virgen María para pedirle protección y valor. Resaltó la devoción por la Inmaculada Concepción y lo que significa para la Infantería.

Para el coronel veterano de guerra de Malvinas, Esteban Vilgré Lamadrid, todo soldado que pertenece a la infantería encuentra su fe en medio de la batalla.

Por eso la devoción por la Virgen de la Inmaculada Concepción, Patrona de la Infantería, una advocación que viene por tradición española y que se remonta al milagro que salvó a los Tercios en Empel.

“Dentro de nuestra herencia española, heredamos a la Inmaculada Concepción, es la Virgencita que encontraron en Empel, en un combate contra los Países Bajos en la vieja España, donde descubren una tabla donde hay una Virgen. Los soldados españoles estaban perdidos, se daban por muertos y de repente esa noche se congela el lago y ellos se pueden ir”.

“Cuando los van atacar los de los Países Bajos descubren en realidad que los españoles los habían rodeado y los estaban atacando. Y una victoria que parecía imposible se logró en base a la Virgen, era la Inmaculada Concepción y la encontraron en una tabla enterrada en el barro. Así nació la tradición de la infantería española y esa tradición llegó acá”.

Vilgré Lamadrid manifestó que hay muchas armas en cualquier ejército, “está la infantería, la caballería, la artillería, y todas ellas tienen un espíritu particular, pero la Infantería es ir hacia la muerte, otra cuestión fundamental es que si hay algo en lo que tenes claro que sos mortal, es en la Infantería, es el combate cara a cara”.

“Cuando uno toma conciencia de que hay algo más fuerte, poderoso arriba de uno, gana en una virtud que se llama humildad. Un soldado de Infantería tiene que ser humilde, porque nadie logra que alguien vaya a dar la vida por su Nación si no tiene adelante un jefe que lo conduce y marca el camino. Eso se logra con ser humilde”, expresó.

En su rol de dirigir una compañía en Malvinas, recordó que tenía soldados que nunca habían rezado y que algunos ni siquiera se habían bautizado, pero aún así en algún momento del combate se ponían a rezar.

“Al principio era agarrar las cuentas del Rosario con timidez pero sobre el final de la guerra era nuestra ‘tabla’, nuestra fuente de fe y coraje. Nuestra fuente de valor. Porque hay un momento en la vida y en la guerra en el que te olvidas de todo y lo único que te mantiene en la trinchera es el amor por el que está al lado tuyo”.

“Los soldados exigen que para mandarlos seas humilde, como digo siempre, nadie da la vida por un soberbio. El soldado es el hijo que te da la Patria para que vos cuides”.

Al rezar, recordó que lo que pedían era morir sin dolor.

“Lo que podíamos era que si moríamos, morir rápido y sin dolor”.

Una de las cosas que recordó es que cada soldado rezaba a su Virgen, pero independientemente de la Virgen a la cual cada uno le rezaba, “la Inmaculada Concepción la patrona común a todos”.

La fe del soldado Guanes por la Virgen de Caacupé

Vilgré Lamadrid contó en Radio 2 la historia del soldado conocido como Negrito Guanes, oriundo de Formosa y caído en la Guerra de Malvinas.

“Por la noche lo que yo hacía era recorrer las trincheras y alejarme unos 400 metros para ver si se delataba alguna posición, si se veía alguna lucecita porque con visión nocturna una lucecita es un reflector en la oscuridad”.

“Una noche me voy para adelante y veo un reflector adentro de una posición y subí hecho una yarará porque ese soldado estaba delatándonos a todos. Cuando hablo el paño de la carpa veo al soldado Guanes. Lo iba a retar pero lo veo con una estampita y un pequeño calentadorcito que iluminaba y le digo ‘qué haces’ y me dice ‘estoy rezando mi subteniente’”.

“Le pregunto, ¿y esta virgen qué es?”. Me dice, “es la Virgen de Caacupé, me la dio mi vieja. Estaba rezando le pedía por mi familia, le pedía que me cuidara y que si me tengo que morir morirme rápido”.

“Le digo Horacio no sabemos qué es lo que Dios nos tiene preparados, ni como nos tiene que llevar, ojalá que sea así como decís. Y le dije no prendas luz que se ve de lejos y nos vas a delatar a todos y me fui”.

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Héctor Guanes, en 1981.

Héctor Guanes, en 1981.

Por desgracia en el ataque en el Monte Dos Hermanos, ocurrido entre el 11 y 12 de Junio, Guanes cayó en combate.

“Cuando viene el ataque en el Monte Dos Hermano, en el duelo de artillería argentino y británico, nosotros estábamos en el medio, poco antes del repliegue explota un proyectil, yo vuelo en el aire y me arranca el fusil y de repente estaba muy sordo, me zumbaban los oídos y veía que el soldado Menotti que me gritaba y yo no entendía lo que me decía, pero llego a entender que me decía que Guanes estaba herido”.

“Cuando consigo reponerme voy hasta el lugar y estaba Guanes muy mal herido gritando que no lo dejemos morir solo. Yo estaba desesperado no sabía qué hacer. Le dije ‘negrito, negrito vamos a rezarle aunque sea un poquito a la Virgen de Caacupé’. Él trataba de rezar como podía y eso le trajo un poco de paz antes de que perdiera el conocimiento”.

“De alguna forma mientras el trataba de rezarle a nuestra madre, nuestra madre lo iba durmiendo despacito”.

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