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Sobre la amistad entre Domingo Zerpa y Julio Cortázar

Ambos eran profesores y se conocieron en Chivilicoy, cada uno con su caudal literario. Dijo Domingo Zerpa una vez, "Cortázar era un enorme arsenal de literatura europea y norteamericana; pero de literatura latinoamericana, más ajustadamente indoamericana, sabía poco".

El porteño afrancesado Julio Florencio Cortázar y el abrapampeño Domingo Zerpa se conocen en Chivilcoy hacia 1940, ambos eran profesores y cada uno portaba su caudal literario.

Domingo Zerpa y su biblioteca dedicada a autores de la América Hispana, Cortázar con su mochila europea.

Uno con R. Gallegos, Icaza, E. Rivera, Güiraldes, C. Alegría, Asturias y desde luego con el dominicano Pedro Henriquez Ureña a la cabeza y su infatigable predica de los abusos que se cometieron contra el aborigen, el otro, o hablando de Cortázar bien podría ser desde " la otra orilla", ya deslumbraba por su formación y lecturas, versado en Keats, Joyce, Hölderlin, Rilke, Mallarme, Claudel, Rimbaud, Poe, Verlaine, Valery.

Ambos convergen en Chivilicoy y como el mismo Julio dijo alguna vez "eso que llaman el azar es siempre otra cosa", sobre esa otra cosa lo dejamos hablar a Domingo Zerpa a través de un reportaje de 1992, publicado por Nicolás Cócaro en su libro "El joven Cortázar" Ediciones del Saber 1993, donde Zerpa recuerda aquellos años:

"...como es sabido, antes de llegar a Chivilcoy la cabeza de Cortázar era un enorme arsenal de literatura europea y norteamericana; pero de literatura latinoamericana, más ajustadamente indoamericana, sabía poco, quiero decir lo básico..."

"...Donde nos encontrábamos muy a menudo, por unos minutos, era en la librería de un señor Bonanno, ubicada también en la calle Pellegrini cerca de la pensión, que además vendía revistas y diarios. Una vez casi nos peleamos con Cortázar por un libro de Juan Filloy, creo que se titulaba Caterva, que yo le había pedido a Bonanno que me lo reservara y él se lo quería llevar".

"Pero ya que hablamos de libros, antes que me olvide bueno será que me refiera a mi relación con Julio Denis, que es al que yo realmente conocí en Chivilcoy. Al otro, al de después de Rayuela, al Cortázar del boom, ¡Dios mío!, es mejor no hablar porque la gente puede decir que es imposible que yo haya tomado unas copas con él en el Hotel Rambaldi, de Don José Rosón, y que peco de jactancioso".

Julio Denis era el seudónimo que usó Cortázar para firmar sus primeras obras, como aquellos sonetos de su libro Presencia, publicado en 1938.

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Domingo Zerpa y Julio Cortázar en la quinta de Don Angelo Cocozza, Chivilcoy, invierno de 1942.

Domingo Zerpa y Julio Cortázar en la quinta de Don Angelo Cocozza, Chivilcoy, invierno de 1942.

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FUENTE: Adagio Libros.

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