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Poemas sobre el río, quinta parte.

Una vez más el río es testigo de los contrastes de la vida, del pasado y del presente, del olvido y de la memoria, de la lucha del vivir. Río cambiante y confidente, río testigo del existir. Lo expresa Ezequiel Villaroel con  bellas imágenes existenciales.

 

                                                                         

 

…”por el río corrió sangre, corre y correrá mañana

mientras las balas sigan cayendo, como lluvias de dios.”

 

UN RÍO

yo conocí un río, destruido por 200 millones de pesos

era la época de los ajustes y a nosotros, pobrecitos

los pantalones nos quedaban grandes,

había que hacerle un agujero más al cinto

o agarrar la cacerola para ver si podíamos comer

al menos, una bota de la yuta, al más triste estilo chaplín

yo conocí ese río que, dividía la ciudad

entre los que podían ser salvados

y los que no

y yo, no podía ser salvado

estaba en el lado marginal de la ciudad, pero

igual amaba al río

un día cayeron los árboles, volaron los pájaros, dejaron sus nidos

y la ciudad cambió, como cambian el foco de algún cuarto, como se cambia el sol

el medio ambiente, o los ecosistemas

como se cambia todo hoy en día.

si un árbol cae en medio de la ciudad, entre tanto tránsito de gente ¿hace algún ruido?

¿es más fuerte el eco de los árboles cayendo que la topadora que los derribó?

¿son más sonoros los cacerolazos de los ciudadanos que la lluvia de plomos que cayó?

yo camino, sin descanso, con este agujero en la media

por las calles del olvido, de la desmemoria

tratando de recuperar mi juventud

la que me quitaron por decreto

por el río corrió sangre, corre y correrá mañana

mientras las balas sigan cayendo, como lluvias de dios.

 

Ezequiel Villarroel, Poeta, joven artista plástico jujeño. estudiante de Letras, profesor en Artes. Publicó La hora de la siesta, 2006) y NAND (no alcanzó el nivel deseado), 2009). Al menos no está lloviendo, 2013, entre otras publicaciones. Recibió importantes premios.

 

 

                                                                                                 *  *

 

 

PABLO NERUDA también nos habla del río. Ese río que tienen una voz que le murmura, lo acompaña, le canta. Una voz que se conjuga con la suya, que le trae historias de vidas, que le trae poesía. Una vez, la encontró en Florencia y tembló.

“YO entré en Florencia. Era de noche. Temblé escuchando casi dormido lo que el dulce río me contaba..."

 

II

EL RÍO

YO entré en Florencia. Era
de noche. Temblé escuchando
casi dormido lo que el dulce río 
me contaba. Yo no sé
lo que dicen los cuadros ni los libros
(no todos los cuadros ni todos los libros,
sólo algunos),
pero sé lo que dicen 
todos los ríos. 
Tienen el mismo idioma que yo tengo. 
En las tierras salvajes 
el Orinoco me habla
y entiendo, entiendo 
historias que no puedo repetir. 
Hay secretos míos 
que el río se ha llevado,
y lo que me pidió lo voy cumpliendo 
poco a poco en la tierra.
Reconocí en la voz del Arno entonces 
viejas palabras que buscaban mi boca, 
como el que nunca conoció la miel 
y halla que reconoce su delicia.
Así escuché las voces 
del río de Florencia, 
como si antes de ser me hubieran dicho 
lo que ahora escuchaba:
sueños y pasos que me unían 
a la voz del río,
seres en movimiento,
golpes de luz en la historia,
tercetos encendidos como lámparas.
El pan y la sangre cantaban
con la voz nocturna del agua.

 

Pablo Neruda, poeta chileno. (1904- 1973). Está considerado entre los mejores y más influyentes artistas de su siglo; «el más grande poeta del siglo XX en cualquier idioma», según Gabriel García Márquez. Recibió el Premio Nobel de Literatura. En 1921 publicó La canción de la fiesta, su primer poema, con el seudónimo de Pablo Neruda, en homenaje al poeta checo Jan Neruda, nombre que mantuvo a partir de entonces y que legalizó en 1946.

 

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