Una vez más el río es testigo de los contrastes de la vida, del pasado y del presente, del olvido y de la memoria, de la lucha del vivir. Río cambiante y confidente, río testigo del existir. Lo expresa Ezequiel Villaroel con bellas imágenes existenciales.

…”por el río corrió sangre, corre y correrá mañana
mientras las balas sigan cayendo, como lluvias de dios.”
UN RÍO
yo conocí un río, destruido por 200 millones de pesos
era la época de los ajustes y a nosotros, pobrecitos
los pantalones nos quedaban grandes,
había que hacerle un agujero más al cinto
o agarrar la cacerola para ver si podíamos comer
al menos, una bota de la yuta, al más triste estilo chaplín
yo conocí ese río que, dividía la ciudad
entre los que podían ser salvados
y los que no
y yo, no podía ser salvado
estaba en el lado marginal de la ciudad, pero
igual amaba al río
un día cayeron los árboles, volaron los pájaros, dejaron sus nidos
y la ciudad cambió, como cambian el foco de algún cuarto, como se cambia el sol
el medio ambiente, o los ecosistemas
como se cambia todo hoy en día.
si un árbol cae en medio de la ciudad, entre tanto tránsito de gente ¿hace algún ruido?
¿es más fuerte el eco de los árboles cayendo que la topadora que los derribó?
¿son más sonoros los cacerolazos de los ciudadanos que la lluvia de plomos que cayó?
yo camino, sin descanso, con este agujero en la media
por las calles del olvido, de la desmemoria
tratando de recuperar mi juventud
la que me quitaron por decreto
por el río corrió sangre, corre y correrá mañana
mientras las balas sigan cayendo, como lluvias de dios.
* *

PABLO NERUDA también nos habla del río. Ese río que tienen una voz que le murmura, lo acompaña, le canta. Una voz que se conjuga con la suya, que le trae historias de vidas, que le trae poesía. Una vez, la encontró en Florencia y tembló.
“YO entré en Florencia. Era de noche. Temblé escuchando casi dormido lo que el dulce río me contaba..."
II
EL RÍO
YO entré en Florencia. Era
de noche. Temblé escuchando
casi dormido lo que el dulce río
me contaba. Yo no sé
lo que dicen los cuadros ni los libros
(no todos los cuadros ni todos los libros,
sólo algunos),
pero sé lo que dicen
todos los ríos.
Tienen el mismo idioma que yo tengo.
En las tierras salvajes
el Orinoco me habla
y entiendo, entiendo
historias que no puedo repetir.
Hay secretos míos
que el río se ha llevado,
y lo que me pidió lo voy cumpliendo
poco a poco en la tierra.
Reconocí en la voz del Arno entonces
viejas palabras que buscaban mi boca,
como el que nunca conoció la miel
y halla que reconoce su delicia.
Así escuché las voces
del río de Florencia,
como si antes de ser me hubieran dicho
lo que ahora escuchaba:
sueños y pasos que me unían
a la voz del río,
seres en movimiento,
golpes de luz en la historia,
tercetos encendidos como lámparas.
El pan y la sangre cantaban
con la voz nocturna del agua.

