Política | Jujuy | GERARDO MORALES | Presupuesto 2023

Más Estado y más vasallaje

La Legislatura de Jujuy, sin debate alguno, aprobó el presupuesto provincial para el 2023, con este voto afirmativo, también avalan los legisladores un déficit fiscal de 6 mil millones, tirando por tierra el relato de Gerardo Morales cuando en los medios nacionales se "autopercibe" un buen administrador y dice suelto de cuerpo que a él le sobra la plata.

Este presupuesto también viene a ratificar que Morales consolidó escandalosamente el modelo de provincia mendicante, ya que el 70% del presupuesto se sostiene con fondos nacionales.

El problema real en Jujuy es claro, hay demasiado gobierno. Cuanto más grande es, mayor es su fracaso, y estamos frente a un ejemplo brutal.

Este neo socialismo y otros intentos de reemplazar las decisiones individuales por las gubernamentales, siempre terminaron desplazando la libertad y la dignidad del individuo y Jujuy es cultora de esta lógica.

El poder siempre corrompe y la necesidad de perpetuarse en el poder corrompe aún más, por eso el gobierno aplica todo su poder para decirles a las personas cómo vivir sus vidas o para transferir dinero de quienes producen a otros, esto es siempre una tentación para la corrupción.

Los impuestos y las regulaciones reducen los incentivos para producir riqueza, y los programas sociales del gobierno reducen el incentivo a trabajar, a ahorrar, solamente recordar que Morales tiene en su poder más de 120 mil planes sociales, convirtiéndolo en el mayor “planero” de la región y alrededores.

También resulta claro que las empresas estatales son menos eficientes, menos innovadoras, y más gastadoras que las privadas, Jujuy es ejemplo de esto, empresas del estado que compiten deslealmente contra los privados con el único fin de satisfacer necesidades laborales de militantes, pero sin ningún beneficio para los jujeños.

Las cuentas públicas cerraron una vez más en rojo, como viene ocurriendo hace décadas.

Es evidente que algo no funciona como debería. Las consecuencias son conocidas por todos, mayor pobreza y mayor marginalidad.

Para resolver este problema hay solo dos soluciones posibles: aumentar los ingresos o reducir el gasto.

Hoy resulta inviable subir los impuestos para recaudar más. Por eso la necesidad de bajar el gasto público vuelve al centro del debate.

Bajar el gasto es una política antipática que los gobiernos tratan de evitar y tiene consecuencias recesivas.

Desde hace años, aquí los debates pasan por el rol del Estado, por su relación con los diferentes factores de poder, con los ciudadanos, con el resto de las instituciones, con el pasado y con el futuro.

Hace o deja de hacer. Esa parece ser la única variable.

Jujuy vive una apoteosis del Estado y los jujeños tienden a dejar todo en sus manos.

Aldo Abram, economista y director ejecutivo de Libertad y Progreso, caracteriza a la ciudadanía como un grupo de personas con actitud adolescente: “Los políticos avanzan sobre los derechos de los ciudadanos todo lo que los ciudadanos los dejen avanzar. Pero eso pasa en todos lados. Aquí son los ciudadanos los que demandan que el Estado resuelva todo. Es una sociedad inmadura que viene de la colonia, del caudillismo. Cuando eso se mezcló con el fascismo, generó el populismo”.

Los caudillos, dice Abram, gobiernan súbditos: “En este país, los ciudadanos quieren ser súbditos. Ahí está la inmadurez cívica. Lo que buscamos es delegar las responsabilidades en el Estado. No somos maduros como para resolver los propios problemas. Los argentinos escapamos al sacrificio y buscamos un líder mágico. Eso es el Estado, que aquí se confunde con el Gobierno. Los políticos entienden Estado y gobierno como lo mismo; quien maneja uno, maneja el otro. Ahí delegamos nuestras responsabilidades”.

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