Que la política vive en un mundo paralelo al de cualquier moral no es ninguna novedad, que los políticos son capaces de cometer cualquier tropelía para simplemente permanecer, tampoco es una novedad y que el clientelismo más ruin es la principal arma de sometimiento, tampoco es un detalle nuevo.
Pero, pocas veces el clientelismo es puesto de manifiesto de una manera tan brutal como lo hizo el intendente de rodeíto, Sergio Eduardo Orellana.
El mandamás del pueblo fue filmado por una vecina que reclamaba un lote para vivir, y con la bestialidad más perversa, Orellana le refería que los lotes eran para los que trabajaban para él.
El comisionado municipal y referente de Cambia Jujuy, no hace otra cosa más que replicar lo que sucede en todos los estamentos de la política atravesando a todos los partidos y en todo el territorio nacional.
Pero en Jujuy, esta práctica perversa se replica a cara descubierta, sin tapujos ni vergüenza alguna.
Durante la campaña electoral eran recurrentes las fotos de Gerardo Morales recorriendo distintos barrios entregando bolsas de comida a los punteros propios, tal cual denunciaran otros vecinos que se quedaban con las manos vacías al paso del gobernador. Algunos al menos fueron afortunados y a falta de bolsón recibían un saludo. Estas patéticas imágenes no solo se dieron en capital, también en otras localidades de la provincia.
No podemos olvidarnos del intendente de El Talar, juan Carlos Ruíz, otro jefe comunal de Cambia Jujuy, la bestialidad de este sujeto llegó a poner en planta permanente del municipio solo a sus punteros políticos.
Natalia Sarapura es otro mal ejemplo, en los últimos tiempos se ha convertido en la más clara exponente del clientelismo.
Mientras la pobreza y el hambre crecen en Jujuy, la candidata, muestra que es la mejor alumna de lo peor de la política jujeña.
Deja los bolsones de comida en los comedores a cambio de una foto de las cocineras con ella.
Cierra las puertas del ministerio a los comedores y merenderos que son administrados por sectores no afines al gobierno.
Que los políticos adictos a los cheques del Estado apelen a estas prácticas deleznables no es sorpresa, pero si es una ignominia cuando estos se dedican a contaminar a las nuevas generaciones.
Patética fue la foto de campaña de la joven Gisel Bravo entregando zapatillas en San Pedro, capital nacional de las “clandes”, y gobernada justamente por su padre, Julio Bravo. Nepotismo y clientelismo, un combo explosivo.
Durante la campaña provincial, las esquinas de la ciudad estaban abarrotadas de la publicidad proselitista, pasacalles y banners con los candidatos mostrando pulcras dentaduras, esa publicidad estaba bajo custodia de beneficiarios de distintos planes sociales, era los responsables de esas publicidades y si estas eran destruidas o se perdían, inmediatamente se les caía el plan.
Eso sin contar que para el día de los comicios, cada plan debía aportar una planilla con una determinada cantidad de votantes, especificando la escuela y la mesa en que esas personas votarían por morales. Por supuesto que esto era absolutamente controlado, no solo condicionaban la voluntad del beneficiario, sino que obligaban a este a condicionar la voluntad de vecinos y familiares.
Los ejemplos en Jujuy son interminables, supuestamente los que venían a terminar con estas pestilentes prácticas, las exponen a niveles irracionales.
La política y los políticos no toman nota de lo que ocurre en la sociedad, los bajos niveles de asistencia a las urnas son una clara muestra del hartazgo de una sociedad que cada vez está más divorciada de una dirigencia vetusta.
Morales es parte de esa política, integra la lista del que se vayan todos.
Morales tiene un serio conflicto con la libertad, se arroga para si ser el dueño de todos y cada uno de los habitantes de estas tierras, y quien tiene la intrepidez de revelarse, cae sobre su humanidad el látigo correctivo, ya sea económico, político o judicial.
Arthur Schopenhauer era un filósofo alemán de fines de 1700, ateo declarado y según sus pares un abanderado del pesimismo profundo, solía decir alguna vez que "lo que más odia el rebaño es a aquel que piensa distinto. y no es tanto su opinión en sí, como la osadía de querer pensar por sí mismo. Algo que ellos no saben hacer".

