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M'hijo el empleado público

Cuando el dramaturgo uruguayo Florencio Sánchez escribiera la célebre obra M'hijo el dotor, planteaba el choque de culturas entre la ruralidad y las costumbres citadinas y supuestamente modernas, pero en realidad esta obra deja traslucir la apetencia de cualquier familia de campo y sus aspiraciones de tener una descendencia universitaria.

Hoy el sueño de Sánchez se ha esfumado, los políticos de acá y de allá lograron que el sueño de toda familia sea ver a un hijo empleado del Estado.

Esta es la otra pandemia, la que convive con todos los argentinos desde hace años, tantos que ya es prácticamente invisible, el fenomenal crecimiento del Estado, tan gigantesco que es imposible administrarlo de manera racional.

En la última década, la Argentina registró un fuerte incremento del empleo público fundamentalmente en los Estados provinciales.

Tan desmedido fue el crecimiento, que ya se ha convertido prácticamente una suerte de cultura popular, pasamos de mi hijo el doctor a mi hijo el empleado público.

Muchos son los especialistas que en los últimos tiempos se dedicaron a estudiar este verdadero fenómeno, por ejemplo según los cálculos realizados por la consultora FM&Asociados, desde que empezó la crisis financiera en Argentina en marzo de 2018, hasta la actualidad, hoy existen 103.063 empleados públicos más en todo el país, mientras que 420. 872 trabajadores privados menos.

Este número se justifica con las 50.000 empresas cerradas.

Por su parte el economista Fernando Marull, en un reciente informe, comparó el aumento del empleo público respecto a la tasa de crecimiento de la población. El resultado de este estudio arrojó que la planta permanente de las provincias creció mucho más rápido que la población, la población argentina creció 16% entre 2003 y 2017 y el empleo público provincial 60%.

Esto demuestra que en el país hubo un exceso de 600 mil puestos en el Estado.

Lo paradójico es que, según los economistas, hacen falta al menos crear 60 mil empresas para absorber esa mano de obra.

En el tercer trimestre de 2020, el total de puestos de trabajo en el sector privado cayó el 9,2%, de 20.755.000 a 18.848.000. Los asalariados pasaron de 15.478.000 a 14.216.000 (-8,2%).

Pero el impacto fue mucho mayor para los no registrados. Mientras aquellos en blanco vieron una baja de 3,3% en el año, los informales cayeron en ese lapso 18,8%. Algo similar pasó con los cuentapropistas en negro: pasaron de 5.277.000 a 4.632.000 en un año (-12,2%).

En el tercer trimestre de 2020, la tasa de desocupación llegó a 11,7%, dos puntos por encima que un año atrás. Sin embargo, los expertos en el sector afirman que por la baja tasa de actividad económica por efectos de la cuarentena más extensa del mundo, muchos dejaron de ser ocupados (casi 1,2 millones de personas), y fueron marcados como inactivos y no engrosaron el dato de desocupación.

Estos datos duros hacen que la cultura del empleo público esté marcada a fuego en muchos sectores de la sociedad, que ven con claridad que el Estado se caracteriza por salarios y demás condiciones laborales mucho más atractivas junto con criterios de selección y promoción mucho más discrecionales.

Esto sin lugar a dudas promueve la mediocridad y genera condiciones propicias para que los funcionarios usen el empleo público para distribuir favores electorales y personales.

En definitiva, es la política, la que hace uso y abuso del empleo público para permanecer en el poder.

Hace muchas décadas que en el país y en Jujuy no se ve un proyecto de nación o de provincia, únicamente aparece un proyecto de poder, donde la billetera del Estado es el arma más poderosa para cumplir el cometido.

En Jujuy, esto se ve con una ferocidad inusitada, 10.000 hectáreas menos de tabaco en los valles llevaron a más de 5000 personas a depender de un merendero o comedor comunitario.

El Estado provincial y el municipal, literalmente libran una guerra santa contra el sector privado, los comerciantes ven cerrar las puertas de sus vecinos día a día, con los inspectores municipales en las puertas regodeándose al pegar las fajas de clausura.

Rentas de la provincia sigue con los discrecionales y arbitrarios ingresos brutos, tributo que únicamente sirve para financiar la política.

Un Estado provincial que se convierte en un competidor desleal de las empresas privadas, en Jujuy son dueños de la energía, el agua, la marihuana, los minerales, hoteles entre otras cosas, y como si fuera poco ahora con la billetera del Estado envasan agua para venderla en la plaza local.

Ser CEO de empresa con la billetera del estado es fácil, lo difícil es hacer un estado eficiente y empresario con la billetera propia.

Pensar en u cambio de lógica es una quimera, estamos en manos de sujetos que hace 30 años el único camino que conocen es el que conduce hasta el cajero automático.

Sujetos que no saben lo que es pagar una línea telefónica o cargar combustible con la propia. Cada vez que viajan lo hacen viaticando y hablar de una nómina salarial es ciencia ficción.

Los privados se sientan con el estado a hablar de costos, de riesgos de fuentes de empleo, y al frente atónitos miran los creadores de camina por la derecha o camina por la izquierda.

El estudio del Centro de Estudios en Comunicación Aplicada, en uno de sus últimos informes sostiene que a la hora de elegir entre un empleo público y uno privado -a igualdad de condiciones-, el 62% de la población optaría por el público, mientras que el 34% lo haría por el empleo privado.

Cifras matan relato.

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