El 26 de octubre de 2015 fue una jornada histórica para la provincia de Jujuy. El vetusto grupo humano que condujo a los jujeños a la pobreza, el atraso, la dependencia del Estado, el clientelismo y la corrupción recibió un cachetazo por parte de un pueblo cansado de observarlos desde el llano velar sólo por sus intereses personales.
La hegemonía de Fellner, Jenefes y Rivarola llegó a su fin
Después de 32 años de gobierno peronista y 17 de las mismas personas, la gente se decidió por un cambio de gobierno. La razón fundamental de la derrota fellnerista podría explicarse por la ceguera de sus dirigentes y el hartazgo de la gente de los mismos dirigentes.
Después de 32 años de gobierno peronista y 17 de las mismas personas, la gente los echó de la Casa de Gobierno. La razón fundamental de la derrota fellnerista podría explicarse con una palabra: la ceguera.
Fellner y su equipo creyeron que el lobby en Buenos Aires que les permitía ser unos meros pagadores de sueldos públicos era la fórmula del poder eterno. Sin embargo, mientras el triunvirato compuesto por Fellner-Jenefes-Rivarola inundaba las oficinas públicas de gente que sólo supo inflar el Estado derrochando el dinero del pueblo, se fueron acumulando en la provincia la pobreza, la precariedad en las escuelas, el deterioro de la educación, el riesgo de vida en los hospitales, el abandono de los pueblos en el interior, el hambre en la infancia, la inseguridad jurídica.
El pueblo de Jujuy, agotado, le dijo basta al festival de una clase dirigente mareada por el poder.
La derrota comenzó a decretarse cuando Fellner y su entorno se negaron a ver las señales de hartazgo de la gente.
Ante la contundente muestra de rechazo observada en las primarias del 9 de agosto, sólo supieron encerrarse en sí mismos y aferrarse a una receta que resultó poco efectiva: negar la derrota.
Las palabras del Ministro de Gobierno Alberto Matuk en aquella ocasión quedarán en el recuerdo, como la muestra de la ceguera más evidente de un grupo humano que gobernó en los años de mayor prosperidad para la provincia de Jujuy, tuvo la puerta del progreso para todos los jujeños al alcance de su mano, pero producto de su mezquindad y la ambición de sus líderes, lo dejaron pasar. Hoy se van por la puerta de atrás.
Fellner y su equipo creyeron que el lobby en Buenos Aires que les permitía ser unos meros pagadores de sueldos públicos era la fórmula del poder eterno. Sin embargo, mientras el triunvirato compuesto por Fellner-Jenefes-Rivarola inundaba las oficinas públicas de gente que sólo supo inflar el Estado derrochando el dinero del pueblo, se fueron acumulando en la provincia la pobreza, la precariedad en las escuelas, el deterioro de la educación, el riesgo de vida en los hospitales, el abandono de los pueblos en el interior, el hambre en la infancia, la inseguridad jurídica.
El pueblo de Jujuy, agotado, le dijo basta al festival de una clase dirigente mareada por el poder.
La derrota comenzó a decretarse cuando Fellner y su entorno se negaron a ver las señales de hartazgo de la gente.
Ante la contundente muestra de rechazo observada en las primarias del 9 de agosto, sólo supieron encerrarse en sí mismos y aferrarse a una receta que resultó poco efectiva: negar la derrota.
Las palabras del Ministro de Gobierno Alberto Matuk en aquella ocasión quedarán en el recuerdo, como la muestra de la ceguera más evidente de un grupo humano que gobernó en los años de mayor prosperidad para la provincia de Jujuy, tuvo la puerta del progreso para todos los jujeños al alcance de su mano, pero producto de su mezquindad y la ambición de sus líderes, lo dejaron pasar. Hoy se van por la puerta de atrás.

