La Legislatura de Jujuy destacó recientemente el rol del periodismo en la construcción democrática. Sin embargo, antes de celebrar esa afirmación, sería necesario responder una pregunta elemental: ¿de qué periodismo estamos hablando?, ¿del periodismo independiente o del periodismo complaciente, condicionado por la pauta oficial y funcional al poder, o del periodismo independiente que, precisamente por ejercer esa mirada crítica, recibe el desprecio, la indiferencia o los ataques de parte del oficialismo y de la oposición amiga?
El oficialismo en la Legislatura no aporta a la construcción democrática
Aunque la Legislatura de Jujuy destacó el rol del periodismo en la democracia, surge la pregunta: ¿de qué periodismo hablamos? Remarca la diferencia entre un periodismo independiente, que cuestiona y enfrenta el poder, y uno complaciente, dependiente de la pauta oficial. La verdadera construcción democrática, sostiene, requiere instituciones que escuchen, dialoguen y rindan cuentas, más allá de la simple mayoría numérica.
Resulta difícil hablar de libertad de prensa y calidad democrática cuando muchos comunicadores saben que la supervivencia económica de sus medios depende más del sometimiento al poder que de la confianza de sus audiencias.
Seguramente el vocero del Gobierno puede aportar mucho sobre el tema, ya que conoce mejor que nadie los distintos niveles de dependencia, arrastre y sometimiento que se generan cuando la pauta se convierte en una herramienta de disciplinamiento más que en una política transparente de comunicación pública. El vocero puede aportar, seguramente, desde su experiencia personal.
Pero la Legislatura debería mirar también hacia adentro antes de repartir reconocimientos. La construcción democrática no depende solamente del periodismo. Requiere, sobre todo, instituciones dispuestas a dialogar, escuchar y aceptar el disenso. Ser mayoría no otorga un cheque en blanco.
La mayoría es una herramienta legítima de gobierno, pero cuando pierde su componente ético corre el riesgo de transformarse en una tiranía de los números, donde la voluntad de una fuerza política termina anulando cualquier debate genuino.
¿Esto es democracia? De ninguna manera. La democracia se fortalece cuando las mayorías respetan a las minorías y cuando el poder entiende que no todo lo legal es necesariamente justo.
Construir democracia también significa no distorsionar los roles institucionales. Los diputados fueron elegidos para representar a la sociedad, no para obedecer ciegamente a Gerardo Morales y a su socio contranatural Rubén Rivarola. Su compromiso debe ser con los ciudadanos que les pagan el sueldo con sus impuestos y no con quien conduce un espacio de poder desde la sombra. La función legislativa exige independencia de criterio, control de los actos de gobierno y capacidad para expresar las demandas de la comunidad. Cuando la lealtad partidaria reemplaza a la representación popular, la democracia pierde calidad y las instituciones se vacían de contenido.
Por eso, si realmente se quiere honrar al periodismo como actor fundamental de la vida democrática, también debería exigirse a la propia Legislatura que esté a la altura de ese desafío.
Construir democracia es rendir cuentas, interpelar funcionarios, transparentar decisiones, controlar el uso de los recursos propios y trabajar todos los días con la misma responsabilidad que miles de jujeños cumplen en sus empleos. El periodismo tiene la obligación de preguntar, investigar y cuestionar.
La política o los voceros de la política tienen la responsabilidad de responder sin bajar líneas a nadie.
Cuando una de esas partes renuncia a su función, la democracia se debilita. Cuando ambas la cumplen con honestidad, la democracia se fortalece y la sociedad recupera la confianza en sus instituciones.

