Desde muy temprano los diablos salen a las calles y caminan llorando, despidiéndose de la gente y recorriendo los comercios para pedir ofrendas para su sarta, un aro de alambre en el que van colgando frutas, verduras, carnes y todo cuanto puedan recolectar.
De a poco la sarta se va llenado y en la noche la ofrendan en el mojón de la comparsa cuando es momento de enterrar el carnaval.
Tras divertirse y hacer travesuras en el último día que les queda, los diablos de a poco se van retirando. Así es que llega el momento en el que dejan sus trajes, hay quienes los queman y otros que lo reutilizan el año que viene.

