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Oficial: el Gobierno no devaluará, ni ahora ni en el 2022

Se considera que el tipo el valor del dolar oficial es competitivo. Y que, hacia delante, sólo habrá que sostener la valuación actualizada contra la inflación. Se asegura en el oficialismo que "un dólar a 180 pesos sería llevar el PBI argentino al de El Salvador". Y a un 80% de pobreza.

"Llevar el dólar a un nivel de 180 pesos, sería equiparar al PBI de Argentina con el de El Salvador u Honduras. Implicaría que la pobreza trepara al 80% de la población y a una crisis institucional de dimensiones históricas. Pero, además, sería una decisión inútil, porque en poco tiempo el valor real del peso estaría igual que el actual". Una alta fuente explicaba ayer a este medio una decisión ya tomada: el Gobierno no devaluará. Durante lo que resta del 2021, y cualquiera sea el resultado de las legislativas del 14 de noviembre, sostendrá el tipo de cambio en los niveles actuales, con leves alteraciones al alza menores a la inflación.

Luego, en 2022, podría acelerar la recuperación de la competitividad del tipo de cambio, pero sólo siguiente al ritmo del Índice de Precios al Consumidor (IPC), para sostener el valor actual de la moneda. Esto implicaría un alza del dólar a mayor ritmo que el 2021, pero nunca con un nivel de incremento que pueda calificarse como "devaluación importante" y, mucho menos, "mega". La decisión de sostener y mantener la estrategia cambiaria actual ya fue tomada por el Gobierno de Alberto Fernández y, curiosamente, sostenida también por el resto de la coalición oficialista.

Los tres grupos de accionistas que integran el Gobierno coinciden en un concepto central de la política cambiaria: el valor del dólar oficial hoy es competitivo, los precios de las cotizaciones de la divisa en su versión financiera están sostenidas en un nivel alto por la demanda de salida de fondos de inversión extranjeros que quieren abandonar sus posiciones en pesos, y el blue está en un nivel caro. Si bien es cierto que la brecha es importante, la idea es que los valores de los precios libres se sostengan en los precios actuales, y que sea durante el 2022 el oficial el que se vaya acercando sin que los dos primeros valores tengan grandes alteraciones. Esto implicaría que el próximo año continúe la brecha cambiaria en niveles importantes, pero con porcentajes menores a los actuales.

La estrategia cambiaria actual fue diseñada, cada uno con sus tareas particulares, por el ministro de Economía, Martín Guzmán y el presidente del Banco Central de la República Argentina (BCRA), Miguel Pesce. Está avalada además por el Gabinete Económico y, curiosamente, también por el kirchnerismo y el massismo. Ninguno de los accionistas cree que la devaluación (o similar) sea el camino. Pero además hay un convencimiento que los valores de la divisa actuales están en equilibrio o, incluso, caros en sus cotizaciones alternativas.

Políticamente el oficialismo está convencido que la oposición comparte, en líneas generales, la estrategia oficial en cuanto al tipo de cambio. Los contactos que hay entre funcionarios del equipo económico, economistas opositores e independientes, coinciden en que el valor de la divisa no está retrasado; más allá de la existencia de una brecha importante y contraria a la recuperación y la seriedad de una economía sana. Creen además en el oficialismo que, a diferencia de otros procesos comparables como el '89 o la salida de la convertibilidad, no hay en estos tiempos históricos necesidades imperiosas de devaluar activos en pesos; sino lo contrario.

Incluso se cree que la oposición también piensa que no es tiempo de desordenes cambiarios y que buscar corridas cambiarias en estos momentos sería convertir a la economía en un escenario irracional. Y que las decisiones deben concentrarse en equilibrar y ordenar variables macro, más que en volver a alterar el tipo de cambio de manera impulsiva y acelerada. "No hay ningún premio hoy en enquilombar la política cambiaria. No gana nadie hoy con una decisión de este tipo", aseguraba la fuente a este medio. Tampoco se considera en el Gobierno que desde los privados convenga una devaluación que derive en una crisis de proporciones en el mercado interno, ya que lo que se busca para lo que resta del año y el 2022 es una recuperación de la economía, y no un mayor nivel de irracionalidad cambiaria.

En definitiva, el Gobierno sostendrá su estrategia. Expectante pero tranquilo; ya que no considera que existan mayores motivos para alterar lo ya planificado para el 2022. En todo caso lo que habría que esperar es que se mantengan las trabas actuales para el acceso a las divisas. O que aparezcan nuevas. La confianza oficial tiene también un argumento sólido. Considera el Gobierno que la falta de divisas actual obedece a una situación temporal, y que para diciembre, con la llegada de la cosecha fina (trigo), comenzarán a llegar divisas que volverán a las reservas a un cierto equilibrio de ingresos y egresos.

Fue con este panorama que desde el directorio de la entidad que maneja Miguel Pesce, actuar para terminar con una operatoria importadora que estaba alterando la estrategia oficial: el adelantamiento de pago de importaciones, especulando con alteraciones cambiarias futuras y que afectaban el equilibrio de pagos vs despachos de mercaderías. Hacia delante, la aceptación para la liberación de divisas destinadas a importaciones, obedecerá a un mecanismo de relojería fina; buscando que sólo salgan de las reservas del BCRA divisas que realmente tengan destino los insumos para la producción industrial y los bienes de consumo finales que efectivamente sean colocados en el mercado interno.

Afirman en la entidad, que no habrá mayores restricciones técnicas o legales para importar, pero no se podrá comprar mercadería al exterior sin que esta ingrese al mercado interno. Tampoco si tienen mercadería ya comprada y no ingresa al país. Las empresas y particulares que quieran adquirir e ingresar productos desde el exterior, no podrán hacerlo si aún no tienen los certificados sellados y aprobados que determinen que no poseen mercadería similar ya adquirida en el exterior pero no colocada en el mercado interno. Este mecanismo ya comenzó ayer, en una rueda donde la entidad compró unos US$100 millones, y sólo quedaron sin participación los importadores que aún todavía tienen mercadería comprada sin ingresar al país.

Se aclaraba ayer que no habrá ninguna persecución ni limitación legal a la importación de insumos ni para bienes finales, y que no se aplicará ninguna traba aduanera para el ingreso de mercadería. Pero que mientras duren las restricciones de divisas y el cuello de botella entre demanda y oferta de dólares por cuestiones temporales vinculadas a la falta de liquidación de exportadores, habrá sintonía fina para habilitar divisas.

Con los datos de ayer, las ventas de octubre se recortaron a unos US$120 millones, contra operaciones similares por unos US$400 millones en las primeras cuatro jornadas del 2020. En lo que va del año, la compra de divisas se mantiene superavitaria en unos 6.100 millones de dólares; tendencia que podrá reducirse en el período que resta hasta fines de noviembre, pero que no alterará una ecuación anual final que terminará, aunque de una manera leve, pero superavitaria.

Se percibe que hay una cierta convicción entre los demandantes y oferentes de divisas, que los precios oficiales del dólar y los del mercado financiero son equilibrados y que no ameritan mayores incrementos que los actuales; aunque se reconoce el impulso permanente de los operadores locales por la dolarización.

Se sabe además que aún permanecen muchos fondos de inversión externos que llegaron al país en tiempos de Luis "Toto" Caputo como ministro de Finanzas, que en estos tiempos sólo quieren salir de sus posiciones en pesos y convertirlos a dólares al costo que sea. El caso de Templeton y su salida anticipada (la semana pasada) de sus tenencias en BONTE, es sólo un ejemplo. Y quedan más.

Por esto, desde el BCRA, el monitoreo será diario y permanente. Y, se asegura, con esta estrategia se llegará a diciembre con dificultades pero en sintonía con la estrategia fijada. En diciembre, luego de las elecciones legislativas y con la llegada de las divisas trigueras; y, se supone, con el acuerdo con el FMI en marcha, será un barajar y dar de nuevo. Pero con la sensación de cierta fortaleza.

FUENTE: MDZ

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