Pizarro apunta contra TRANSNOA S.A. por la falta de inversión en el sistema de transporte de energía, pero omite deliberadamente que, aquí, en nuestro propio territorio, la red eléctrica local está literalmente atada con alambre. Resulta de un cinismo absoluto hablar de fallas ajenas cuando los jujeños convivimos a diario con transformadores que parecen piezas de museo del siglo XIX: equipos con más de treinta años de antigüedad que colapsan ante la mínima exigencia.
Después del baile fallido, a ver si Pizarro se anima a bailar ante los diputados
Lo que estamos viviendo los jujeños con el servicio eléctrico ya no es solo una penuria técnica: es una burla política que ha llegado a su límite. El reciente comunicado del secretario de Energía de Jujuy, Mario Pizarro —quien, no olvidemos, viene de una dura derrota electoral en su candidatura a diputado nacional— no es más que un intento desesperado por tirar la pelota afuera.
Estos funcionarios llevan más de diez años instalados en el poder y el resultado está a la vista: un servicio paupérrimo y facturas que son un cachetazo al bolsillo de los trabajadores. ¿Dónde estuvieron las inversiones durante esta década? ¿Por qué nunca se le exigió con firmeza a EJESA que modernice la infraestructura, en lugar de permitir que el sistema se degrade hasta volverse insostenible? Los cambios de nombres en la SUSEPU, como la salida de Carlos Oehler, no son más que maquillaje si no existe una decisión política real de fondo. Los tiempos de Pizarro en la Secretaría de Energía están agotados; su gestión está tan quemada como los electrodomésticos de los vecinos que sufren los cortes.
Es hora de que el gobernador Carlos Sadir deje de ser un espectador y se ponga al frente de esta crisis. No alcanza con iniciar actuaciones ante el ente regulador nacional para “patear” el problema hacia Buenos Aires: la responsabilidad es provincial. El gobernador debe exigir explicaciones claras y, si estas no aparecen, no debería temblarle el pulso para avanzar incluso en la cancelación de contratos.
Por su parte, los diputados tienen una obligación moral e institucional: interpelar a Mario Pizarro y dejar de mirar para otro lado como si este caos no fuera con ellos. Incluso la oposición de La Libertad Avanza debería despabilarse y plantear con mayor firmeza las consecuencias de este conflicto que afecta la vida cotidiana y la producción de Jujuy. El problema no nos excede: el problema está acá, en una gestión que durante diez años no pudo —o no quiso— garantizarnos un servicio del siglo XXI.
La pasividad de la Legislatura frente a este descalabro ya roza la complicidad manifiesta. No se entiende cómo, mientras hogares enteros permanecen a oscuras y comerciantes pierden su mercadería, los diputados siguen aplastados en sus bancas mirando al techo. Es imperativo que abandonen el rol de meros escribas del Poder Ejecutivo y procedan de inmediato a la interpelación del secretario de Energía, para que rinda cuentas ante la sociedad sobre qué se hizo con el presupuesto energético durante la última década.
No necesitamos más comunicados de prensa ni excusas sobre la jurisdicción nacional del transporte eléctrico. Queremos que los representantes del pueblo exijan ver los planes de inversión que nunca se ejecutaron y pongan bajo la lupa la inacción de los entes de control que permitieron este deterioro. Si los legisladores, tanto del oficialismo como de una oposición que parece anestesiada, no tienen la valentía de sentar a Pizarro en el recinto para que explique por qué seguimos con infraestructura obsoleta, entonces estarán admitiendo que el bienestar de las empresas y de los funcionarios pesa más que el padecimiento de la ciudadanía.
La interpelación no es una opción: es una obligación institucional urgente. Porque el silencio de los diputados hoy es el mismo ruido de los transformadores explotando en cualquier barrio de la provincia de Jujuy.

