Con la excusa de expandir la nueva estación del tren turístico de la Quebrada que hoy llega hasta esa ciudad y alegando que las tierras ocupadas eran propiedad del Estado provincial, se arrasó con todo dejando a numerosas familias sin un lugar donde vivir.
Hoy después de 10 meses, el escenario es desolador. Las viviendas que estaban asentadas a la vera de la ruta 9, en inmediaciones al acceso a la ciudad de Tilcara donde históricamente funcionó el ferrocarril, se redujo solo a escombros. La vegetación, las plantas frutales que les pertenecían a las familias que allí residían y que acompañaban el trascurrir de la vida cotidiana, hoy no existen; solo hay basura y pastizales.
Nuestro medio llegó hasta el lugar y tomó contacto con las familias que fueron desalojadas quienes no solo recordaron cómo era la vida antes, sino que dieron testimonio de la dura realidad que hoy les toca atravesar.
Lorena Chiliguay, una de las vecinas de Radio Estación Tilcara recordó el día del desalojo asegurando que los sacaron “como a los peores delincuentes, vino la policía, nos golpearon, me llevaron detenida sin saber nada de mis hijos”.
En el mismo sentido, Karen Ortega, otra de las damnificadas relató la misma situación violenta: “Lo que hicieron el día del desalojo fue un saqueo; nosotros teníamos un kiosco y consumieron la mercadería, se llevaron cosas y hasta el día de hoy no pudimos recuperar nada, ni la ropa ya que ese día nos sacaron con lo puesto”.
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TILCARA/ IMÁGENES DEL DESALOJO DE FAMILIAS, CRÉDITO ORIGINARIO.AR
"Vivimos en un garaje que nos prestaron"
Ambas señalaron que hoy, la vida es sumamente difícil ya que no cuenta con un lugar fijo, digno donde residir.
Chiliguay indicó que en su caso viven “en un garaje que me prestaron de gente que se solidarizó y ahí estamos con mi familia. Nosotros somos seis; es difícil estar así”.
Mientras Ortega, quien tiene a sus abuelos enfermos a cargo, dijo que hoy vive alquilando: “estamos viendo donde quedarnos porque en Tilcara no hay lugares para habitar; esta todo lleno”.
Estela de Guerrero, es otra de las vecinas que fue desalojada y en su relató indicó que luego del desalojo su familia quedó desmembrada ya que antes vivía junto a su hijos y nietos. “Hoy en día estamos alquilando, casi todos los ingresos se van en alquiler. Los primeros meses vivíamos en distintos lugares, cada uno por su lado, en casa de mi mamá, en casa de amigos de mis hijos, pero hace tiempo ya alquilamos”.
Todas coincidieron en que el tren no tiene utilidad, que no fue pensado para la gente y que tampoco trajo progreso al pueblo.
“El tren solo nos generó dolor, angustia, desarraigo del único patrimonio familiar que teníamos. No veo progreso para el pueblo. Este tren no es para nosotros”.
Pese a todas las dificultades que atravesaron estos meses y a los innumerables atropellos y hostigamientos que denunciaron haber recibido, las familias siguen esperanzadas en la intervención de la justicia Federal y que, a través de ella, puedan lograr la restitución de sus hogares.
“No puedo esperar nada de la Justicia Provincial porque he visto mucho dolor, mucho ensañamiento contra las familias de parte de autoridades que han prometido velar por la sociedad jujeña; la eesperanza que tenemos está en la justicia Federal” dijo Estela de Guerrero.
Un barrio sitiado
La ambición de un proyecto turístico no solo arrasó con el único patrimonio que ostentaban varias familias hace más de 30 años, sino que luego continuó con el hostigamiento a comerciantes y emprendedores turísticos ubicados en el mismo sector, a quienes se interpuso barreras, impidiéndoles el paso y, por ende, el desarrollo de sus actividades.
Matías Del Valle, quien reside en barrio Radio Estación Tilcara y tiene allí un hostel, advirtió que desde que vallaron todo el sector su emprendimiento se vio seriamente perjudicado. “Hoy me veo imposibilitado de poder trabajar; la gente no puede llegar hasta acá y los que lo hacen se ven en la dificultad de acceder. Me veo obligado a vender el hospedaje como pueda, porque no veo futuro a esto”.
Por su parte, Horacio Esquivel, quien vive junto a su esposa, ambos adultos mayores con problemas de salud, expresó su malestar por la situación ya que transitan con mucha dificultad para entrar y salir de su vivienda. “Nos cerraron el paso. Con mi señora estamos enfermos y nos tenemos que agachar para pasar. Dicen que es por seguridad ¿de qué seguridad me hablan?”.