Lionel Messi, doctor Jekyll y Mr. Hyde
Es el caso más extraño del mundo del fútbol. Es el caso del rendimiento de Lionel Messi , que en el FC Barcelona es el líder máximo pero cuando se viste con la remera de la selección argentina no consigue repetir las mismas actuaciones .
El 10 blaugrana es tal vez el jugador que más trascendencia haya tenido en los últimos diez años del fútbol mundial, pero principalmente con la camiseta del Barça, equipo en el que creció a nivel futbolístico y con el que tiene una relación casi visceral, como la que alguien tiene con su familia. Los números avalan su rendimiento en Europa, con cinco balones de oro y cinco botas de oro como principales galardones individuales, más allá de los títulos conseguidos con el club catalán, que con Messi de titular ha ganado nada menos que tres Champions League, el torneo más prestigioso del mundo del fútbol.
Las actuaciones del argentino en Europa son increíbles, como lo demuestran también los datos goleadores: Messi forma parte de una de las mejores duplas goleadoras del viejo continente, es decir la que compone junto a Luis Suárez, su amigo dentro y fuera de la cancha con el que tiene una relación estupenda en diversos apartados. Desde la llegada del uruguayo el argentino encontró finalmente en el Barça al socio ideal para romper las defensas adversarias. Antes, de hecho, el 10 había tenido problemas con cracks como Ibrahimovic y Villa, que de algún modo le estorbaban una vez entrado al área, su coto privado en el que en calidad de falso nueve marcó el récord de goles marcados en un solo año.
Sin embargo, pese a que en cuanto a números Messi ha podido repetir algo similar en sus partidos con la Albiceleste, como refleja su estatus de máximo goleador de todos los tiempos de la selección argentina, su trascendencia en el juego y en los resultados del equipo de su patria no es para nada la misma. Se podría decir, por supuesto, que los que lo acompañan en la Argentina no tienen el mismo nivel que los que lo acompañan en el Barça, pero el problema parece ser sobre todo anímico. Una vez fuera de su casa, que es el Barcelona, el 10 argentino no consigue rendir de la misma manera. La derrota en el último amistoso contra Venezuela en el Wanda Metropolitano de Madrid es la demostración de esta tendencia. Tras estar casi ocho meses alejado de su selección nacional tras la derrota en los octavos de final del mundial de Rusia contra Francia, la Pulga había decidido volver para preparar la Copa América que se jugará en Brasil en junio. Pero, pese a haber luchado y haber encendido la chispa como nadie, no consiguió cambiar la onda del equipo.
Solo el tiempo dirá si en la expedición rumbo a Brasil de este invierno Messi podrá finalmente revertir su condición de doctor Jekyll y Mister Hyde que lo atormenta desde hace años cuando cambia el blaugrana por el albiceleste.

