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Entre la pluma, la palabra y la pelota

El pasado viernes, estuvo presente el reconocido escritor Eduardo Sacheri, reflejando algunas de sus obras a través de sus palabras, las consultas y algunas sonrisas juveniles.

“El secreto de sus ojos”,  novela que le valiera al cineasta Juan José Campanella el Oscar a la mejor película extranjera, tiene su origen en este escritor, que cuenta entre sus obras algunas como El futbol contó un cuento, Esperándolo a Tito, Papeles al viento, etc. cuentos y novelas que reflejan en muchas de ellas, la pasión del argentino por el futbol, sin la intención de un verdadero mensaje, sus obras dejan inferir un estado de identificación con esas ideas, con aquellas que revelan nuestros costados misteriosos, enigmáticos, violentos , nobles y sentimentales.

Los jóvenes presentes en el auditorio, evidenciaban cierto conocimiento sobre el escritor, particularmente de sus libros, que además, tenían en sus manos, y comenzaron con un gran arsenal de preguntas, consultas, cuestionamientos, tanto las niñas como los muchachos, que sin inhibiciones, dejaron fluir su pasión futbolera.

Cabe aclarar que Eduardo Sacheri además de escritor es docente de Historia en Buenos Aires, lo que aclara en cada ocasión que puede, identificando a ambas actividades como sus mayores pasiones, claro está, después de su querido Independiente.

El Plan Nacional de Lectura, iniciado hace algunos años, cuenta con la adhesión de reconocidos escritores, en esta oportunidad la temática era el futbol, esa pasión que identifica a los argentinos.

Sacheri recuerda: “ya llevo unos cuantos años dentro de este plan, siempre que puedo trato de acompañar viajando a diferentes provincias porque me parece que la lectura es una de las grandes tareas de la escuela y una asignatura pendiente y necesitamos que los chicos disfruten más de la lectura y sean más lectores, de modo que estas iniciativas ayudan por eso siempre se acompaña”.

Consultado acerca del público argentino, si es o no lector, respondía: “el futbolero lee poco, pero cuando se le acerca historia o libros que tienen que ver con el futbol, es una linda puerta de entrada, por supuesto que va a estar bien que después lea otra cosa, una de la buenas características es la variedad en la lectura, pero no viene mal que el futbol sea una puerta de entrada afectivamente favorable para que quien no está acostumbrado a leer se enganche por ese lado”.

En su alocución, Sacheri tiene una posición tomada respecto de la utilidad práctica y efectiva del futbol, entendiendo que éste no debe dejar de ser un juego:” es cierto que estamos complicado en algún sentido, son tantos los millones de gente que les gusta jugar y es un juego tan lindo que, claro,  naturalmente los negocios y las empresas van muy habidos sobre ese mundo tan lindo que le quitan parte de su esencia, pero me parece que en la base sigue siendo un hermoso juego, un hermoso deporte, cuando  digo la base me refiero el que jugamos cualquiera de nosotros en una cancha bien chucara con amigos, está muy lejos del espectáculo y muy cerca del juego”.

En referencia a sus obras y a ese dualismo en su obra, entre docente y escritor, no puede dejar de mencionar que...:” me ha ido bien pero tengo que reconocer que mi situación es muy excepcional, tanto primero el empuje que recibí de la radio, de Alejandro Apo y el empuje que recibí del cine con El Secreto de sus Ojos, me han permitido a mí tener un lugar en este momento muy favorable dentro de lo que es la literatura argentina y la posibilidad de que mis libros se vendan y lleguen a la gente. Para la mayoría de los autores o a lo mejor para mi mismo en algunos otros momentos de mi vida, vivir de los libros es una utopía”.

En el cuento de Esperándolo a Tito, el personaje más  esperado era justamente él, Tito que aquella tarde metió 8 de los 12 goles, por capacidad, por suerte o vaya a saber porque razón, esa tarde la suerte les sonrió y ganaron el desafío del barrio. Por eso Sacheri recuerda que no todo es suerte, también le tenemos que agregar mucho trabajo:”Sin dudas, es lo que nos queda, a cada uno de nosotros en el ámbito de trabajo que tenga, esforzarse, sacrificarse y hacer las cosas del modo más responsable y más inteligente posible, ahora, después hay una cuota de suerte o de Dios o de cómo lo queramos encarar pero que ya no depende de nosotros”.

Eduardo Sacheri, docente, escritor, futbolero apasionado, un peregrino del futbol, sufrió en carne propia el descenso de Independiente y el llanto incontenible de la emoción del ascenso, en su despedida, nos deja este fragmento de su cuento Me van a tener que disculpar: “Me van a tener que disculpar. Yo sé que un hombre que pretende ser una persona de bien debe comportarse según ciertas normas, aceptar ciertos preceptos, adecuar su modo de ser a determinadas estipulaciones convenidas por todos. Seamos más explícitos. Si uno quiere ser un tipo coherente debe medir su conducta, y la de sus semejantes, con la misma e idéntica vara. No puede hacer excepciones, pues de lo contrario bastardea su juicio ético, su conciencia crítica, su criterio legítimo.

Uno no puede andar por la vida reprobando a sus rivales y disculpando a sus amigos por el sólo hecho de serlo. Tampoco soy tan ingenuo como para suponer que uno es capaz de sustraerse a sus afectos y a sus pasiones, que uno tiene la idoneidad como para sacrificarlos en el altar de una imparcialidad impoluta. Digamos que uno va por ahí intentando no apartarse demasiado del camino debido, tratando de que los amores y los odios no le trastoquen irremediablemente la lógica”.

                                  
Por Sergio Tolaba, especial para Jujuy al Momento

   


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