Política | consumo

Identidad, consumismo y relaciones efímeras en la modernidad tardía

La sociedad líquida, tal y como la definió el reconocido sociólogo polaco Zygmunt Bauman (1925-2017), continúa revelando su complejidad en todos los ámbitos de nuestra existencia.

La fragmentación de la identidad, la inestabilidad laboral, la sobrecarga de información sin filtrar, la economía del exceso y los desechos, la pérdida de confianza en los modelos educativos, el declive del compromiso mutuo y las relaciones interpersonales efímeras, todo esto configura el panorama de esta sociedad líquida en la que nos encontramos inmersos.

Vivir en tiempos de una "fuerte ambigüedad moral", como señala el filósofo, poeta y ensayista José Mármol en su tesis sobre Bauman, genera un estado de incertidumbre permanente y una angustia patológica. Los protagonistas de este nuevo escenario se han convertido en una suerte de "turistas de la vida", donde muchos consideran el compromiso y la responsabilidad como obstáculos para su libertad, en lugar de concebirlos como fundamentos de la identidad.

El reverso oscuro del nomadismo, ya sea en el ámbito físico o digital, implica un movimiento inquieto, casi histérico, que está en constante cambio. Incluso las ideas y los valores son volátiles, sin ningún elemento sólido que sustente nuestra conciencia y nos prepare para forjar una identidad permanente. Bauman advierte que, en la modernidad líquida, la identidad se ve tentada por el relativismo y las ambivalencias de las normas éticas actuales, así como por las identidades efímeras y superficiales que el consumismo nos seduce, atrapa, explota y deprime.

Así, según Bauman, la modernidad líquida configura identidades que se asemejan a una costra volcánica. Desde una perspectiva externa, parecen estables, pero en su interior sufren fragilidad y desgarro constante. Frente al espejo de la pregunta "¿quién soy yo?", el individuo de la sociedad líquida ofrece respuestas altivas y contundentes, que esconden las dudas e incertidumbres propias de una identidad construida a base de parches ocasionales.

¿Podría ser la "Gran Renuncia" un cambio de paradigma en la sociedad líquida de Bauman? ¿O más bien, es una constatación de este concepto? Términos como flexibilidad y desapego emocional se asocian con este tipo de reacciones que parecen cuestionar la concepción tradicional del trabajo. Según Javier Pérez Weber en su estudio sobre Bauman, el trabajo ha dejado de ser una actividad colectiva para convertirse en una actividad individual, en la cual se espera que cada persona utilice sus propias fuerzas, recursos y esfuerzos para mejorar su condición actual y dejar atrás cualquier aspecto que les cause insatisfacción.

Bauman también señala que el trabajo se ha convertido en un medio para hacerse rico y, así, ser más independiente. Se ha transformado en una forma de vida o una vocación, sino en una búsqueda de independencia económica, un reflejo del "sueño americano". En este nuevo paradigma, el prestigio de un trabajo ya no se basa en el tipo de labor, sino en lo que se gana con ese trabajo. Lo que importa es lo que se puede comprar y consumir.

La obra de Zygmunt Bauman exalta el consumismo como la principal característica de la sociedad líquida. En este escenario, el individuo se convierte en objeto, en producto de consumo que debe venderse, y hacerlo de manera exitosa, para seguir siendo parte del juego. Si no se logra, se convierte en basura, en excedente. Es así como el consumismo no solo busca satisfacer deseos o facilitar la vida, sino que también genera nuevos deseos, creando necesidades que serán cubiertas por productos, hasta que surja un nuevo producto, un nuevo deseo, una nueva necesidad, y así sucesivamente.

Es la paradoja del consumismo, donde el producto surge antes que el deseo y la necesidad, moldeando estos últimos en los departamentos de marketing de grandes y pequeñas compañías. "iPhone 13: ahora en verde", podría parecer una broma sacada de un episodio de Dilbert, pero lamentablemente es un anuncio real.

Si bien las redes sociales y las nuevas tecnologías ofrecen innegables oportunidades de comunicación e información, Bauman también nos alerta sobre los peligros asociados. Él diferenciaba la comunidad en su sentido tradicional, aquella a la que perteneces o no, de la red, que "te pertenece a ti". Bauman sostenía que las redes no fomentan las habilidades sociales que solo se enriquecen mediante el contacto directo.

¿Qué podemos esperar, entonces, del futuro de este "activismo de sofá", de esta revolución digital de nanocontenidos? Para abrir el apetito, el hombre más rico del mundo adquiere la "mayor maquinaria de construcción de opinión pública del mundo digital". ¿Qué podría salir mal?

La sociedad líquida de Bauman se encuentra atrapada en las redes que ella misma ha tejido. A pesar de las innumerables oportunidades de comunicación, también se enfrenta a desafíos insoslayables. En este escenario, nos corresponde discernir cuál es nuestro papel y cómo podemos cultivar las habilidades sociales y la autenticidad en un mundo cada vez más conectado pero, paradójicamente, más distante. El desafío está en encontrar un equilibrio entre lo líquido y lo sólido, entre la flexibilidad y la identidad arraigada, para construir una sociedad en la que las relaciones humanas y la autenticidad sean más que meros productos de consumo.

La relación enredada entre el individuo y la presión ejercida por el mundo digital sobre su identidad crea un escenario aún más incierto en las relaciones interpersonales. Nos encontramos en una suerte de individualismo extraviado en la nebulosa de las comunidades digitales. ¿Acaso el individuo se siente más solo que nunca a pesar de tener más "amigos" que nunca?

En estos tiempos, el amor platónico parece relegado a una nota al pie de página en un libro polvoriento de una biblioteca olvidada, mientras lo fugaz define esas relaciones virtuales que, provistas de las teclas "suprimir" y "spam", nos protegen de las pesadas consecuencias, sobre todo la pérdida de tiempo, que implica la interacción en profundidad.

Estas y otras controvertidas reflexiones sobre el amor líquido, recogidas principalmente en la obra "Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos", han abierto la puerta a una revisión crítica del pensamiento global de Zygmunt Bauman. Se pone énfasis en su estilo y retórica pesimista, tal vez nostálgica, o en lo que algunos llaman su "pensamiento derrotista", enfocándose siempre en los aspectos negativos de nuestra sociedad y en los peligros subyacentes que esta conlleva.

En este sentido, también se critica con contundencia el "ensayismo líquido" de Bauman desde una perspectiva de género, especialmente en relación con sus reflexiones sobre las relaciones interpersonales que responderían al "sistema patriarcal". Según esta crítica, se sostiene que el hombre siempre ha amado de manera líquida, y la pregunta que surge es: ¿por qué ahora también la mujer ama de esta forma?

Desde una perspectiva digital, también existen críticos que cuestionan nuevamente ese "activismo de sofá" del que hablaba Bauman, negando que las redes sociales nos hayan cambiado, sino que siempre hemos sido así, como afirma el sociólogo Manuel Castells, famoso por su enfoque optimista: "Las élites y las estructuras dominantes se verán sobrepasadas por los nuevos movimientos sociales, que basan su legitimidad en la autenticidad y la transparencia".

Por último, Bauman es objeto de críticas por su capacidad para reciclar teorías ajenas con fines comerciales. No cabe duda de que Bauman exprimió al máximo su teoría de la modernidad y la sociedad líquida en las últimas dos décadas de su producción ensayística, publicando numerosos libros que repetían las mismas ideas aplicadas a diferentes ámbitos, como el trabajo, el consumo, el amor, la cultura, la educación, entre otros.

Partiendo de las ideas y del enfoque crítico de las reflexiones de Bauman sobre la sociedad líquida, están surgiendo nuevos modelos que intentan definir de manera más precisa este mundo de incertidumbres, angustias y revoluciones sociales (y de sofá) que hemos experimentado en las últimas décadas.

Entre ellos, Carlos A. Scolari, catedrático de Teoría y Análisis de la Comunicación Digital de la Universidad Pompeu Fabra, propone el término "gaseoso" para definir esta "cultura del snack" en la que el flujo líquido parecía indicar una dirección, mientras que la sociedad gaseosa se expande en todas las direcciones sin ningún patrón, modelo o control. Según Scolari, "los nanocontenidos (y nosotros con ellos) salen disparados como moléculas en estado gaseoso y chocan entre sí formando una interminable carambola textual".

Como decía Bauman, este "culto a la satisfacción inmediata", en el que hemos perdido la capacidad de esperar, también afecta nuestra comprensión, olvidando que la reflexión sobre los cambios sociales requiere perspectiva, una perspectiva cada vez más difícil de adoptar en una sociedad que cambia permanentemente, pero que sigue perpetuando las mismas dinámicas. Al fin y al cabo, "la verdad que nos libera suele ser, en su mayor parte, la verdad que preferimos no escuchar".