Hay una brecha asfixiante entre el discurso oficial y la realidad del bolsillo docente, una suerte de verdad descarnada: no existe "mejora cualitativa" que valga cuando el salario no logra perforar el techo de la canasta básica. Es una contradicción lógica y humanitaria; hablar de calidad educativa con docentes que deben transformarse en emprendedores de ocasión para sobrevivir es, como mínimo, un ejercicio de cinismo institucional.
Con una dirigencia que se queda a mitad de camino el gobierno divide y reina
La crítica es feroz y apunta directo a la ingeniería financiera del gobierno. Si la coparticipación cae pero existen plazos fijos y utilidades millonarias de un superávit guardado, la pregunta surge sola: ¿para quién es ese ahorro? si la educación es prioridad, el presupuesto debe ser el reflejo de esa convicción y no una planilla de ajuste. Cuando el gasto en personal supera por poco a la coparticipación, la solución no es el lamento, sino la decisión política de usar los recursos propios para cerrar la brecha. de lo contrario, el destino de la provincia en la era del conocimiento queda hipotecado.
Un docente deprimido y des jerarquizado no solo es una injusticia laboral, es el síntoma de una sociedad que decidió que su futuro sea precario. Si el conocimiento es la moneda del mundo moderno, Jujuy está emitiendo moneda falsa al descuidar a sus maestros.
Hay que decir que el verdadero drama de una educación precarizada no termina en el recibo de sueldo del maestro, sino que se traslada de forma directa y cruel al pupitre del alumno. Cuando tenemos un sistema que asfixia a sus educadores, lo que estamos exportando al aula es un clima de desmotivación y fatiga que rompe el vínculo pedagógico, ese motor esencial para el aprendizaje.
Un docente que llega a clase después de cumplir una doble jornada laboral o de pensar en cómo pagar el alquiler no puede ofrecer la misma calidad de atención ni la creatividad que el mundo actual les exige a nuestros jóvenes la consecuencia inmediata es el vaciamiento de contenidos y la pérdida de ese pensamiento crítico que solo se cultiva en un entorno de estabilidad.
Estamos condenando a los chicos de Jujuy a una desigualdad de origen; mientras en otros lugares se discuten la inteligencia artificial o las nuevas tecnologías, aquí la preocupación es si el docente tiene las energías suficientes para sostener el ciclo lectivo. Esto genera una brecha insalvable donde el título secundario se convierte en un papel sin respaldo, dejando a los estudiantes en una desventaja total frente a las exigencias laborales o universitarias. Al final del camino, una educación de bajo costo termina siendo carísima para la provincia, porque un pueblo que no aprende a pensar por culpa de la desidia estatal es un pueblo sin herramientas para defender su propio futuro. Es un círculo vicioso de pobreza intelectual que hipoteca las oportunidades de las próximas generaciones antes de que siquiera puedan intentarlo.
La crisis no solo señala al gobierno, sino que pone en jaque la estrategia de una dirigencia gremial que parece estar pedaleando en el aire. Las intenciones son buenas y los reclamos justos.
Sin embargo, hoy la dirigencia docente en Jujuy parece atrapada en una expresión de deseos que no logra torcerle el brazo a una metodología oficial ya consolidada. El diagnóstico es claro; estamos frente a un sindicalismo que se queda a mitad de camino, que denuncia pero no concreta, y que en esa tibieza permite que el poder político aplique la vieja receta de "dividir para reinar".
Mientras el gobierno juega al desgaste, las bases ven cómo su poder de fuego se desinfla, no por falta de razones, sino por la ausencia de un liderazgo sólido que logre amalgamar los fragmentos de un arco gremial hoy disperso. Hay una necesidad urgente de renovación energética y estratégica; si el sindicato no encuentra una cabeza que aglutine el descontento real y lo transforme en una fuerza de negociación indivisible, el resultado seguirá siendo el mismo: una derrota en cómodas cuotas.
La causa de la debilidad actual no es la falta de drama en las bases, sino la incapacidad de la cúpula para evitar las fisuras por donde el gobierno se filtra y debilita cualquier medida de fuerza. En este tablero, si la dirigencia no revisa su manual de estilo y sigue apostando a las mismas formas frente a un rival que ya les tomó la medida, el destino de la lucha docente en la provincia seguirá siendo el de una llama que amaga con incendiar pero termina apagándose por falta de conducción.

