El hecho de que Sadir haya centrado su discurso en la petición de justicia, cuando la causa ya estaba en proceso con detenidos, sugiere una respuesta más reactiva que proactiva. En cambio, la propuesta de acciones concretas, como solicitar la renuncia de la presidenta del Consejo de la Mujer y presionar por resultados en Seguridad, habrían puesto en evidencia una postura más comprometida.
Carlos Sadir: ¿gerente o gobernador?
Desde un análisis discursivo, se puede entender que las declaraciones de Sadir parecen mostrar una desconexión o falta de compromiso genuino con las preocupaciones de la población, especialmente en un contexto tan sensible como el femicidio de Tamara Fierro.
La percepción de que Sadir no está consubstanciado con la problemática social y de seguridad en Jujuy se acentúa por los hechos recientes de violencia en Fraile Pintado, donde las fuerzas de seguridad reaccionaron con violencia frente a vecinos que reclamaban por la erradicación de la narco actividad. Esto indica una situación de crisis que requiere liderazgo, diálogo y cambios en la política pública, aspectos que parecen no ser prioritarios en las declaraciones del gobernador.
El discurso de Sadir transmite una sensación de indiferencia o incapacidad para abordar en profundidad los problemas sociales que enfrentan los jujeños, lo que alimenta la sensación de descontento y la realidad de una situación cada vez más desbordada en materia de violencia y seguridad.
La velocidad con la que se van presentando los hechos en Jujuy, producto de la evidente ruptura del tejido social, parece que el gobernador Sadir pretende combatirla con un nivel de parsimonia incomprensible como si esta crisis fuera algo que se puede atajar con mucha paciencia y poca decisión, al estilo de otros tiempos (Fernando de La Rúa) o de ciertos discursos que ya no funcionan en esta realidad tan compleja. Pero la pregunta clara es: ¿es este, acaso, el momento oportuno para ver los problemas con esa misma parsimonia? ¿O lo que necesita Jujuy es firmeza, decisiones contundentes y acciones decididas para hacerle frente a una problemática que crece día a día?
La realidad es que, en esta situación, el gobernador debería reaccionar con autoridad, reemplazando a los funcionarios que no están a la altura. Pero la percepción que queda es otra: ¿es Sadir simplemente un gestor, un gerente que está ahí para administrar y hacer circular la plata, o realmente es un líder con poder y decisión? Si la respuesta es que más bien actúa como un gerente, entonces las decisiones en su gobierno seguramente dependen del jefe político, Gerardo Morales, y por lo que se ve, este último parece estar más preocupado en mantener a sus amigos ministros para sostener el control de la caja, que en resolver los problemas reales de la gente.
Ese es el gran problema: la gente eligió a un gobernador, no a un gerente de empresas. Pero, en la práctica, parece que deja que las situaciones se sigan acumulando, sin tomar decisiones claras, sin tomar riesgos frente a las víctimas y los reclamos sociales.
La sensación que queda es que lo único que hace el gobernador o su gabinete es esperar órdenes, o simplemente no decir nada hasta que alguien le diga qué hacer. Mientras tanto, la violencia, la inseguridad, la desesperanza y las muertes van en aumento, y todo eso se naturaliza como si fuera parte del paisaje, como si fuera inevitable.
El tiempo pasa y las respuestas llegan demasiado tarde o no llegan en absoluto. La ciudadanía espera liderazgo, decisión y acciones concretas. sin eso, solo queda la sensación de que estamos viendo cómo la violencia va ganando la pulseada contra las instituciones, y eso, claramente, no ayuda a reconstruir una provincia más o menos normal ya que claramente para eso se necesitan mucho más que palabras o gestos parciales.

