El sistema de enseñanza en Argentina ha sido objeto de controversia constante en las últimas décadas. Aunque se esperaba que la democracia consolidada suavizara esta situación y se forjaran consensos en otros ámbitos, el debate educativo ha continuado olvidado. Los partidos políticos han avivado esporádicamente este debate, utilizando la educación como una manera de reafirmar sus diferencias cuando los temas políticos y económicos principales parecían perder su carácter divisorio o ser trasladados a decisiones sub o supranacionales. Asociaciones gremiales, expertos y medios de comunicación también han contribuido a minimizar este debate.
La educación como factor determinante en las elecciones de 2023
El sistema de enseñanza en Argentina ha sido objeto de controversia constante en las últimas décadas.
A lo largo del tiempo, el foco del conflicto ha ido cambiando, pero se pueden identificar tres componentes principales. En primer lugar, se han reavivado controversias históricas relacionadas con el sistema educativo argentino, como el papel de la religión en la enseñanza, la financiación de los centros privados y el grado de centralización y uniformidad del sistema. Estos conflictos han adquirido nuevas formas en ocasiones, como en el caso de la discusión sobre las reglas de admisión de estudiantes en los centros concertados o sobre la distribución equitativa de alumnos inmigrantes en escuelas públicas. Estos asuntos reflejan preferencias enfrentadas arraigadas en divisiones ideológicas tradicionales.
El segundo eje del debate se centra en la igualdad en la educación, que ha sido objeto de discusiones sobre políticas compensatorias, igualdad de oportunidades y el impacto redistributivo del gasto público en educación.
El tercer aspecto de la controversia, que se ha vuelto central, es la calidad de la enseñanza, a menudo equiparada con el "nivel educativo". En Argentina, la preocupación por el nivel educativo y las quejas sobre su deterioro han aumentado en los últimos quince años. Todos los componentes del debate educativo han sido interpretados desde la perspectiva de su influencia en la calidad de la enseñanza. Esto se debe a varios factores, como la cosmovisión economicista que valora la contribución de la educación a la competitividad en un sistema económico globalizado, la creencia de que la innovación y la productividad dependen del rendimiento del sistema educativo, la difusión de modelos de gestión pública basados en indicadores cuantitativos, el énfasis en la "rendición de cuentas" y el desastre de informes internacionales como PISA en la formación de opiniones sobre la calidad de la educación.
El debate educativo en Argentina se caracteriza por la polarización ideológica y por un acuerdo general en torno a la importancia de la calidad educativa entendida como el nivel de competencias básicas. Existe un diagnóstico negativo del sistema educativo argentino y una firme creencia en la necesidad de soluciones políticas para abordar este supuesto problema.
En la sociedad actual, se plantea un desafío fundamental: ampliar y adaptar el concepto de éxito escolar desde una perspectiva holística.
Reconocemos que el aprendizaje es la piedra angular sobre la cual las sociedades construyen su futuro. Sin embargo, para construir un futuro mejor y más justo, necesitamos formar individuos que no solo sean receptores pasivos de conocimiento, sino agentes de cambio comprometidos con un aprendizaje integral. Ha llegado el momento de reinventar nuestra forma de aprender y transformar el mundo en el que vivimos.
Nos encontramos en un momento histórico sin precedentes, donde las preguntas que enfrentamos adquieren una dimensión trascendental y urgente. Somos testigos de cambios políticos, laborales, económicos y culturales que influyen en todos los países y sociedades. La era de Internet y la hiperconectividad, el cambio climático, los flujos migratorios, las crisis económicas y el surgimiento de movimientos populistas son solo algunos ejemplos. Estos cambios impactan en todos los ámbitos e instituciones de la sociedad, incluyendo la educación de nuestras generaciones más jóvenes.
Nos encontramos en un proceso de reflexión que tendrá profundas consecuencias en nuestra visión del futuro. En los foros de innovación educativa, se plantea una pregunta recurrente: ¿Qué deberían aprender los niños y jóvenes para enfrentarse al siglo XXI? Sin embargo, preferimos ir más allá y hablar de la necesidad de reimaginar la forma en que los niños y jóvenes aprenden, no solo para adaptarse y sobrevivir en este siglo, sino para transformarlo y mejorarlo.
Como padres, maestros, tíos y abuelos, todos compartimos el deseo de que nuestros niños y jóvenes adquieran habilidades que les permitan desarrollarse como individuos y encontrar la felicidad en sus vidas.
En 1996, el informe Delors destacó la importancia de una educación integral basada en cuatro pilares: aprender a conocer, a hacer, a ser y a convivir. Sin embargo, en muchos casos, los dos últimos aspectos continúan siendo desconocidos en los sistemas educativos.
En el ámbito de la innovación educativa, John Dewey afirmaba que si enseñamos a los estudiantes de hoy de la misma manera en que enseñamos ayer, les estamos robando el futuro. Si reflexionamos y repasamos la historia de la pedagogía, podemos encontrar pistas en la tradición pedagógica que nos revelan que esto no es algo nuevo. Desde los métodos socráticos hasta las ideas de Rousseau, Pestalozzi, Frobel, Bronson Alcott, Rabrindanath Tagore, Freinet, Dewey, Kilpatrick, Montessori, Steiner, Decroly y Freire, entre otros, existe una corriente que ha defendido un enfoque integral de la educación desde hace siglos. No estamos reinventando la rueda, pero sí es urgente y necesario llevar esta visión al centro de nuestras prácticas educativas, como se ha anunciado especialmente en los últimos 200 años.
Por lo tanto, debemos evitar una educación basada en la acumulación de datos inconexos que los estudiantes memorizan solo para reproducirlos en exámenes. No estamos a salvo de este enfoque instrumentalizado del conocimiento que exalta la memoria a corto plazo y la amnesia a largo plazo. Es urgente proponer estrategias didácticas que complementen el propósito educativo y fomenten habilidades que abarquen la totalidad del ser humano. Necesitamos formar ciudadanos felices, competentes y capaces de transformar el mundo.
Si buscamos la felicidad, la vida no puede reducirse al trabajo o a la escuela durante toda la semana, dejando solo el sábado para las compras. La humanidad busca un propósito que nos permita construir un futuro mejor. Buscamos la cultura para disfrutar de la música, la poesía, la naturaleza y la belleza. Pero, ¿cómo plasmamos todo esto en un modelo educativo concreto? A través de la investigación, que examina once escuelas que trabajan con estos enfoques, se han identificado aspectos comunes que se concretan en cinco dimensiones para ampliar y adaptar el concepto de éxito escolar a la sociedad actual. Estas dimensiones destacan la importancia del desarrollo personal y social, la capacidad de ser agentes de cambio y transformar ideas en acciones que mejoren nuestro entorno, así como el desarrollo en todas las áreas de la vida, incluyendo el ámbito laboral. Además, debemos enfatizar el desarrollo de habilidades, la educación para la diversidad y el aprendizaje activo.
Como sociedad, necesitamos avanzar en esta dirección de manera urgente. El desarrollo de estas dimensiones nos permitirá crear experiencias de aprendizaje en las que los niños y jóvenes se conviertan en "changemakers", personas empáticas que pueden identificar situaciones problemáticas y colaborar con otros para buscar soluciones. Estas experiencias solo pueden desarrollarse en un contexto real en el que los estudiantes participen activamente, creando un impacto social, ambiental y cultural mientras aprenden.
Profundizando aún más, la UNESCO señala en su documento "La educación para los Objetivos de Desarrollo Sostenible" que no se puede hablar de una educación de calidad si no prepara a los niños para enfrentar los desafíos individuales y colectivos del mundo en el que vivimos.
Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible adoptados por las Naciones Unidas en su Agenda 2030 nos guían en el trabajo conjunto para el progreso, la sostenibilidad y la justicia. En este sentido, se proponen metas de aprendizaje que abarcan una perspectiva integral, equipando a los alumnos con conocimientos cognitivos, habilidades socioemocionales y conductuales.
Por lo tanto, una educación holística no se puede concebir sin este propósito educativo, estos fundamentos y este concepto de calidad. Debemos innovar con sentido. ¿De qué sirve la educación si no nos lleva a ser agentes de cambio en el mundo? Paulo Freire respondía que la educación es la verdadera praxis, la reflexión y la acción del ser humano sobre el mundo para transformarlo. Queremos que nuestros hijos aprendan a convertir su empatía en acción, a movilizarse y a enfrentar los desafíos en lugar de apartar la mirada. Queremos que sean personas activas y preocupadas por los demás y por el planeta, para que puedan tener éxito tanto personal como profesionalmente.
Necesitamos reimaginar la forma en que aprendemos para transformar el mundo en el que vivimos. Esto implica superar un enfoque educativo centrado únicamente en la acumulación de conocimientos y adoptar estrategias didácticas que promuevan el desarrollo integral de los estudiantes. Debemos formar ciudadanos capacitados para enfrentar los desafíos del siglo XXI, capaces de ser agentes de cambio y mejorar su entorno. La educación holística es clave para construir un futuro mejor y más justo. Es momento de actuar y trabajar juntos para lograr una educación que forme personas comprometidas, competentes y dispuestas a transformar el mundo.
El reto que enfrentamos en la sociedad actual es ampliar y adaptar el concepto de éxito escolar desde una perspectiva holística.
En medio de un contexto de crisis educativa, la Academia Nacional de Educación ha emitido una declaración en la que insta a los partidos políticos y candidatos a priorizar la cuestión educativa en sus plataformas electorales. Bajo el título "La educación es una prioridad", el documento destaca la importancia de colaborar entre el sector público y privado para lograr una rápida recuperación del sistema educativo en Argentina.
El texto enfatiza varias medidas sugeridas por la Academia para fortalecer la educación. Entre ellas se encuentran la promoción de la lectura y escritura desde los primeros años de la educación obligatoria, la extensión de la jornada escolar, una mejor articulación entre la educación secundaria y el mundo laboral, el fortalecimiento de la formación docente y el cumplimiento del financiamiento educativo.
La Academia destaca la necesidad de impulsar el aprendizaje de la lectoescritura desde el jardín de infantes, tanto en la escuela como en el entorno familiar. También se hace hincapié en el cumplimiento de la Ley de Educación Nacional, que incluye la expansión de la jornada escolar extendida y garantizar una inversión del 6% del Producto Bruto Interno (PBI) en educación.
Otro punto relevante es la necesidad de mejorar la articulación entre la escuela secundaria y el mundo laboral, recomendando el desarrollo de un sistema de educación dual que brinde una formación práctica intensiva para facilitar la rápida inserción laboral de los jóvenes.
El documento también aborda propuestas que generan debate, como la declaración de la educación como "servicio esencial", lo cual podría implicar restricciones en los paros docentes, y la derogación de un artículo de la Ley de Educación Nacional que protege la identidad de los alumnos, docentes e instituciones educativas en la difusión de los resultados de las evaluaciones estandarizadas.
Asimismo, la Academia propone modificar el acceso irrestricto a la universidad, permitiendo a las instituciones establecer condiciones de ingreso en beneficio de la diversidad del sistema educativo y promoviendo acciones remediales para facilitar la integración y los aprendizajes.
El texto también destaca la importancia de actualizar los estatutos docentes considerando el nuevo rol de los educadores en el siglo XXI y las transformaciones generacionales, sociales y tecnológicas. Además, se resalta la necesidad de mejorar la formación docente y establecer un sistema de evaluación periódica del desempeño.
Teniendo en cuenta la experiencia de la pandemia, se recomienda actualizar la normativa educativa para permitir la combinación de modalidades presenciales y virtuales, adaptadas a las características de cada nivel educativo. Además, se enfatiza la importancia de garantizar la libertad de enseñanza y el respeto a la dignidad de las personas, promoviendo una educación diversa y sin adoctrinamientos.
El documento concluye llamando a la ciudadanía a ser la evaluadora auténtica de las propuestas electorales y haciendo un llamado a la participación de todos para demostrar que la educación es una prioridad en la nación.
En resumen, la educación se posiciona como un factor determinante en las elecciones de 2023, y la Academia Nacional de Educación insta a los políticos a priorizar esta cuestión y detallar las políticas públicas que se comprometen a aplicar si resultan electos. El fortalecimiento de la educación desde los primeros años, la mejora en la formación docente, el financiamiento adecuado y la articulación con el mundo laboral son algunas de las medidas propuestas para lograr una educación de calidad en Argentina.

