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La apatía electoral se instala en Argentina

En el año 2001, la bronca ciudadana fue la principal reacción ante la crisis que golpeó a Argentina. Sin embargo, en las elecciones legislativas previas a la actualidad del 2023, un fenómeno diferente se vislumbra: la "apatía electoral" parece haberse arraigado en la sociedad argentina.

El crecimiento del voto en blanco y la disminución de la participación electoral en la mayoría de las provincias que ya eligieron gobernador son señales preocupantes que podrían repetirse en las próximas elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) del próximo domingo.

Los analistas coinciden en que el descontento generalizado debido a los problemas económicos y la insatisfacción con otras demandas ciudadanas durante la última década son algunos de los motivos detrás de esta anemia electoral que aqueja a los argentinos. Los números del calendario electoral del 2023 son elocuentes: el voto en blanco ha aumentado en 12 de las 17 provincias que ya han votado, y la participación electoral ha disminuido en 14 de las 16 provincias que eligieron gobernador.

Lucas Romero, director de Synopsys Consultores, describe esta actitud del electorado como una "desafección" o "apatía" hacia la política. Según él, los ciudadanos han roto el vínculo de responsabilidad con el sistema político, debido a la falta de soluciones efectivas para los problemas que enfrentan. Esta falta de conexión ha llevado a un descenso en la participación electoral y al aumento del voto en blanco, dos expresiones de la misma problemática.

Las encuestas realizadas por Synopsys Consultores indican que el sentimiento más común entre los entrevistados es la tristeza. La apatía es una característica clave de la crisis actual, que se asemeja a un 2001 en cámara lenta. Aunque ha habido alternancia en el gobierno, los problemas no han sido resueltos de manera efectiva, lo que ha generado una sensación de resignación y desánimo. Es evidente que la gente no responde con más ausentismo debido a la desesperanza generalizada.

El voto en blanco es una de las formas en que la ciudadanía manifiesta su descontento social con la oferta electoral. Un ejemplo destacado es la provincia de Tierra del Fuego, donde más de 22,000 votantes optaron por el voto en blanco a pesar de la presencia de cinco candidatos a gobernador. Esta tendencia ya se había observado en 2019, pero ha aumentado significativamente en las últimas elecciones provinciales.

Chaco es otra provincia que experimenta altos niveles de apatía electoral. En las últimas PASO a gobernador en junio, se combinaron la baja participación electoral y el voto en blanco. Las elecciones provinciales, marcadas por la desaparición de Cecilia, arrojaron una participación del 37% del electorado y un 10,8% de votos en blanco.

Las tendencias se repiten en prácticamente todas las citas electorales del calendario del 2023. Por ejemplo, en las PASO santafesinas, cerca del 40% de los votantes habilitados no acudieron a las urnas, y casi el 7% de los que sí votaron lo hicieron en blanco. Estos ejemplos son alarmantes y plantean serios desafíos para la participación en las elecciones generales.

La situación preocupa tanto a los candidatos como a la Justicia Electoral. Las estimaciones indican que la participación en las PASO nacionales estará alrededor del 70% del padrón, seis puntos menos que en 2019. Si esta convocatoria es menor al 70%, se consideraría un número muy bajo. El Observatorio de Política Electoral del Ministerio del Interior destaca que, desde el retorno de la democracia, la participación electoral siempre estuvo por encima del 70%, excepto en las elecciones legislativas de 2021 debido a la pandemia.

Sin embargo, el castigo por no votar es prácticamente nulo. La multa por no acudir a las urnas en las próximas PASO será de apenas 50 pesos, y en la práctica, no se aplican otras restricciones. Ante esta tendencia a la baja en la participación electoral, la Justicia electoral se encuentra analizando medidas que puedan incentivar el voto y revertir la apatía ciudadana.

La disminución de la participación podría afectar el panorama político. Los jóvenes son el grupo más desencantado con los políticos, lo que podría reflejarse en una merma de votos para los candidatos que cuentan con mayor apoyo de esta franja etaria. Si bien no hay certezas sobre el impacto exacto de la baja participación y el voto en blanco en las PASO, algunos analistas sugieren que una baja participación podría beneficiar al oficialismo.

En definitiva, la apatía electoral representa un desafío importante para la democracia argentina en el 2023. La falta de conexión entre los ciudadanos y el sistema político está generando una desafección que se manifiesta en la baja participación y el voto en blanco. Los líderes políticos y las instituciones deben tomar medidas para revertir esta tendencia y recuperar la confianza y el interés de la ciudadanía en el proceso electoral. Solo así se podrá fortalecer la democracia y garantizar la representación genuina de la voluntad popular.

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