Jujuy | análisis

Luces y sombras: el 2018 de la gestión Morales

Arranca la última semana del año, oportunidad propicia para recordar, en forma sintética y a modo de disparador, cinco datos positivos y cinco negativos en la gestión provincial que intentará ser reelegida en 2019.

En 7 días se termina el tercer año de la gestión que encabeza Gerardo Morales en el gobierno de la provincia de Jujuy. 

Para muchos de los que siguen habitualmente la vida política local (una suerte de círculo rojo jujeño) 2018 fue el año más adverso para el gobierno que prometió un cambio en la forma de administrar el estado pero que no logra erradicar vicios que caracterizaban a sus antecesores y que los funcionarios de Cambia Jujuy en muchos casos no sólo reproducen si no que empeoran.

Hipocresía en el discurso de la transparencia y falta de idoneidad y profesionalismo en algunas áreas se combinan para mantener en vigencia el fantasma que sigue persiguiendo al radicalismo y sus aliados por su supuesta falta de capacidad para gobernar.  

En la columna del haber vuelve a aparecer el restablecimiento del orden en los espacios públicos, lo que el gobierno llama “la paz social”, y aunque se trate de una definición demasiado pretensiosa, hay una diferencia clara con la sensación de anarquía que dominó la última etapa de poder compartido entre Eduardo Fellner y Milagro Sala, algo que buena parte de la población valora. 

Aprovechando que la Real Academia Española aceptó recientemente en su diccionario la expresión “vender humo”, es válido agregar, sin temor a perder la seriedad en el análisis, que el gobierno hizo eso al realizar anuncios difundidos con grandilocuencia, especulando con las expectativas positivas que generaba en la población sin tener elementos ciertos que permitan su realización. 

Es el caso de las 20 mil viviendas prometidas (4 mil por año), el tren Jujuy – La Quiaca, la construcción de nuevos diques para regar zonas productivas, la instalación de cámaras de seguridad para que Jujuy deje de tener “menos cámaras que la Casa de Gran Hermano” (Morales dixit), el plan de contingencia ante la crisis que invierte casi los mismos recursos en propaganda que en el plan mismo, y hasta el célebre parque solar que sigue siendo un anhelo sostenido en gran medida por el voluntarismo del gobernador. 

Este último aspecto, sin embargo, hace que el “humo”, en algunos casos, se acerque un poco a las concreciones, como una suerte de autoconvencimiento del mandatario que fuerza la realidad a su favor. 

Pero la dificultad del tercer año para el gobierno provincial radica en que fue el ejercicio en donde se acabó el período de gracia que en general la ciudadanía le concede a una gestión recién llegada, y gobernar con expectativas dejó de dar resultados: el pueblo empezó a pedir resultados y apareció el nerviosismo en los ministerios. 

Ese fue el escenario que rodeó al año que en una semana será historia y dará paso al último de la gestión, el 2019, en el que Morales y sus funcionarios confían en obtener el aval del electorado para quedarse por un período más en el edificio ubicado en calle San Martín 450, ayudados por la falta de adversarios políticos de envergadura. 

Hecho el enfoque, pueden identificarse, reconociendo la arbitrariedad en la selección, cinco datos y medidas positivas, y cinco negativas, que sirven como disparador para hacer una descripción gráfica de la performance en 2018 de la fuerza política que gobierna Jujuy. 

1. El parque lineal Xibi Xibi

Se trata de una obra pensada, proyectada y concretada por la gestión del intendente radical Raúl “Chuli” Jorge, que aunque hacia adentro del radicalismo lidere una línea interna distinta a la del gobernador Morales, forma parte del mismo proyecto político. El alineamiento del gobierno provincial con el presidente Mauricio Macri fue clave para que los fondos se destrabaran. Es una obra celebrada por la gente en San Salvador de Jujuy, y muchos creen ver en ella el pasaje a otra reelección para el intendente o para quien él apadrine. 

2. Ley de tolerancia 0 al alcohol

Jujuy es una de las provincias que más sufre los accidentes de tránsito provocados por automovilistas que conducen en estado de ebriedad. La ley se aprobó tras inexplicables demoras, ante un clamor popular explícito, y comenzó a regir el 21 de diciembre. Hoy hay dudas respecto de las posibilidades del gobierno de hacer efectivas las sanciones, pero el sólo impacto de su puesta en vigencia disminuyó la cantidad de infractores, que sigue siendo alta. 

3. La “paz social”

Tras promover el encarcelamiento de Milagro Sala, el gobierno se arroga el mérito de haber liberado calles y rutas de piquetes, y aunque las protestas sociales regresaron con fuerza este año, no tuvieron características violentas ni hubo excesos. La población, en general, lo valora por el hartazgo que había producido en las décadas previas la toma de los espacios públicos. 

4. El turismo

Tras afirmar que 2018 sería el año del turismo, el gobierno cierra un año en el que el área pareció salir de su estancamiento para intentar medidas concretas, con éxito dispar, un invierno bueno y expectativas moderadas para un ministerio que había protagonizado escandalosas denuncias por sospechas de corrupción. 

5. Un helicóptero, un avión y máquinas para vialidad. 

El gobierno se capitalizó a través de la adquisición de bienes de capital que a esta altura de los tiempos parecía inentendible que un estado carezca de ellos. El lado negativo: no hay transparencia en el uso que se les da a los vehículo, y cada tanto circulan rumores respecto de su uso para cuestiones particulares de los funcionarios.  

1. Corrupción y falta de transparencia.

Hay dos ministros del gabinete (Juan Abud Robles de Desarrollo Económico y Federico Posadas de turismo) con denuncias penales en su contra por maniobras, como mínimo, sospechosas en sus carteras. Los procesos judiciales permanecen estancados, perjudicando incluso las chances de los funcionarios de salir airosos de las causas en su contra.

Tampoco se transparentan datos esenciales, como beneficiarios de contratos con el estado y proveedores. La Oficina Anticorrupción se limitó a investigar en profundidad a Milagro Sala y las organizaciones que dependían de ella. 

2. Pobreza y frivolidad

El gobernador Gerardo Morales cerró el año festejando en un lujoso hotel su unión civil con la escribana Tulia Snopek, cuya imagen el gobierno difunde con insistencia. La opulencia de la celebración contrasta con la difícil situación de, al menos, un tercio de la población jujeña que permanece bajo de la línea de la pobreza. Desde el acontecimiento, se cree que el mandatario se encuentra ausente de la provincia, aunque esto no fue informado oficialmente. 

 

3. ¿Plan de Contingencia o cheque en blanco? 

El gobierno anunció un plan para atender urgencias sociales ante la crisis económica que provocó la devaluación. Sin embargo, se autorizó con ayuda de los diputados oficialistas, a realizar compras y contratar servicios eludiendo llamados a licitación y la obligación de rendir cuentas. El pretexto es “la urgencia”. La oposición cree que se trata de un mecanismo de recaudación con fines electorales. Además, el plan incluyó anuncios en turismo, seguridad, educación de los que nada se sabe. 

4. Fracasos de gestión y mentiras públicas

El estrepitoso fracaso en la venta del Ingenio La Esperanza llevó al gobernador Morales a faltar a la verdad de manera explícita, en público, durante una conferencia de prensa, en la que culpó a los medios por las versiones que luego se confirmaron. Por otro lado, el proyecto del ministerio de ambiente para combatir los basurales a cielo abierto lleva tres años en trámite, mientras la contaminación se multiplica. El ministerio de educación, en tanto, no logra liquidar de manera correcta los sueldos de los docentes, y se muestra incapaz de eliminar irregularidades sin perjudicar a quienes proceden de manera correcta. El ministerio de desarrollo humano libera cheques sin fondos para pagarles a los proveedores de comedores escolares. Son sólo los casos más groseros de ineficiencia en la gestión. 

5. Un líder intolerante

El gobernador Morales promueve el ataque al periodismo y campañas publicitarias contra quienes critican a su gestión, sin explicar cómo financia las mismas, permitiendo inferir que usa fondos públicos para tal motivo. Con su venia, ministros y legisladores reproducen el mensaje. Republicanismo y el espíritu democrático, bien gracias.