Jujuy Al Momento

Jujuy al Momento

"Manolo" Ovejero en el recuerdo

Para hablar de él, hay que tener mucha cautela para hablar y mucho pulso para apuntar... Es que es un tanto arduo rememorar a un "arquerazo" que nos dio, Jujuy y particularmente el glorioso "Club Atlético Gorriti".

Cuenta la historia, que el seleccionado de la Liga jujeña de futbol, enfrentaría a River Plate de Buenos Aires. Hace muchos años, la costumbre era que antes de los torneos nacionales, los más afamados equipos de Buenos Aires jugaban amistosos con clubes del interior.

Marcial Acosta, arquero de un gran momento, tuvo un inconveniente estomacal, por lo que se tuvo que  llamar al guardameta suplente Manuel Ovejero para que lo supliera.

“Manolo” lo hiso tan bien que los dirigentes de River lo convocaron para una prueba en la institución de Núñez.

Ahí comenzó la historia de Manuel Ovejero, el notable guardavallas que después de la gloriosa "máquina de River", le siguió los pasos al gran Amadeo Carrizo, pero desde el banco de suplentes, lo cual no era poco para un changuito llegado de Jujuy.

La parte más triste seguramente haya sido la de la despedida. Cuando le llegó el telegrama y tuvo que viajar a Buenos Aires desde la estación de trenes de San Salvador, su madre lo fue  a despedir y mientras el tren arrancaba, se tomaba de los estribos de un vagón como no queriendo que su hijo partiera. “¡Mamá suelte  los peldaños, que se va caer!” gritaba Manuel, hasta que el tren arrancó y lo llevó rumbo a la Capital nacional.

Con edad de quinta división llegó a River y fue declarado futbolista profesional del club. Volvió a los pocos meses a Jujuy, trayéndole a su madre una buena cantidad de dinero en concepto de sueldo. Cuando ella vio semejante cantidad de dinero, estalló de enojo preguntándole “¿De dónde trajiste  tanta plata? ¿No la habrás robado no?” Manuel Ovejero se defendió como si fuera un pibe y le dijo: “¡No mamá, esto es lo me pagó River!”.

Lo cierto es que la carrera del jujeño se había iniciado, pero aún faltaba mucho para aprender. Un día Ángel Labruna  le dijo: “Usted en el vestuario es ciego, sordo y mudo ¿estamos?”. Ese mismo caudillo, viendo que Ovejero y otros picaban en punta corriendo en los entrenamientos, Labruna le gritaba: “Señor Ovejero, no vaya tan rápido, porque nos deja a nosotros muy atrás, ¿me entiende…?

Lo de “señor Ovejero” vino desde el día que el jujeño entró por primera vez al vestuario de River y muy respetuosamente  le decía a cada uno: buenos días señor Pedernera, señor  Muñoz, señor Labruna, señor Carrizo...

De ahí, que todo el plantel lo cargaba diciéndole ¿cómo le va, señor Ovejero? Y  lo “verdugueaban”, aunque reconocían lo respetuoso y cordial que era. De hecho se hizo querer tanto que se constituyó en figura en 1956 (partido decisivo del campeonato) ante Lanús, porque Amadeo Carrizo estaba enfermo y lo hizo tan bien, que "Cacho" Fontana le entregó el premio Glostora en radio el Mundo , como el mejor de la fecha.

Al decir del jujeño Carrizo fue su ídolo porque le enseñó todo lo del puesto de arquero; es más, hasta fingía alguna lesión para que él jugara. Así se hizo querer por todos, por su cordialidad y honestidad.

Pasó por Argentinos Juniors, Necaxa de México, Defensor de Lima, Lanús  y Santa Fe de Medellín. En todas partes fue  figura y dejó bien sentados los prestigios de nuestro querido futbol jujeño.

El 31 de diciembre de 1972 dijo adiós, porque - cuidándose mucho y siendo un gran profesional – entendió que le había llegado la hora de la despedida.

Orgullosamente decía: “Estuve 7 años, 45 días y 15 horas como suplente del gran Amadeo Carrizo”.

Manuel Ovejero dejó su caballerosidad y una rectitud intachable en las canchas.

Puchero, mazamorra, polenta, lustrabotas, pobreza y futbol, ese fue el compendio de un simple changuito jujeño, que hizo historia  y nadie tiene derecho a olvidar.

El Poeta del Futbol

 

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