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Transporte: Nueva licitación que solo garantiza más precariedad

Cuando hablamos de un nuevo pliego y de la promesa de nuevas unidades, la pregunta central es: ¿estamos realmente preparados para recibir esta licitacion? La respuesta pasa inevitablemente por la infraestructura vial.

Es imperativo y una responsabilidad indelegable del estado que los corredores, las avenidas troncales y las calles secundarias por donde circularán estas futuras flotas estén en condiciones óptimas. Si licitamos el servicio sin antes haber garantizado un asfalto de calidad, estamos condenando al fracaso cualquier intento de mejora.

Esto tiene una explicación: si el intendente Jorge hubiera aplicado el criterio correcto dándole la importancia que requiere para la ciudad, el servicio de transporte publico debería haber aprovechado su extenso mandato para que por cada año de gestión ocuparse en resolver la optimización del corredor del transporte. la traza tiene 1.731.440 kilómetros si el intendente hubiese dividido esta cifra por sus diecisiete años en el poder podría haber reparado 102 kilómetros por año y hoy tendríamos un corredor óptimo para ofrecer y contar con empresas dispuestas a poner unidades nuevas confiando en un corredor en óptimas condiciones. Sin embargo, no lo hizo y las consecuencias las estamos viendo hoy.

Miremos el impacto económico y operativo.

Una flota nueva, que puede costar millones, se deteriora de forma vertiginosa sobre un pavimento deficiente. Esto no es solo un costo para la empresa; es un costo que se traslada al usuario de manera indirecta, ya sea a través de ajustes tarifarios para compensar el mantenimiento excesivo, o de una reducción en la calidad del servicio, pues la empresa tendrá menos recursos para la renovación y la frecuencia. Hablamos de buses que circulan con dificultades, lo que se traduce en viajes incómodos y peligrosos.

Más importante aún es el impacto en la puntualidad y la eficiencia. Los sistemas de transporte modernos operan con horarios rigurosos. ¿Cómo podemos exigir puntualidad cuando los conductores deben reducir la velocidad de forma constante para esquivar baches y evitar daños mayores? La mala infraestructura ralentiza toda la red, generando demoras en cadena y frustración entre los pasajeros. Una licitación exitosa no se trata solo de quién pone el bus; se trata de quién pone las condiciones para que ese bus circule con dignidad. El pliego de licitación debe estar inseparablemente ligado a un plan maestro de obras públicas, con fondos ya asignados para la reparación integral y el mantenimiento preventivo de las rutas. Exigir excelencia en el servicio a las empresas sin garantizar un terreno apto para operar es, simplemente, pedir peras al olmo. Las autoridades tienen la obligación de entregar corredores de calidad para que la inversión privada en flota se traduzca en el beneficio público que todos merecen: un transporte seguro, rápido y confiable.

Cuando buscamos un referente de éxito en transporte público en Latinoamérica, el ejemplo ineludible es Curitiba, Brasil, pionera mundial en los sistemas de buses de tránsito rápido, o brt. La clave de su triunfo no fue solo la compra de autobuses grandes; fue la prioridad absoluta que le dieron a la infraestructura antes de consolidar su red de concesiones. En Curitiba, los corredores de autobús, conocidos como ejes estructurales, no estaban simplemente asfaltados; fueron diseñados y construidos como verdaderas arterias exclusivas, con carriles segregados y estaciones pre-pago. Es decir, los corredores estaban en una condición de excelencia, pensados y diseñados específicamente para la alta capacidad y la velocidad operativa. ¿Y qué beneficios trajo esta visión a largo plazo? para los usuarios, el beneficio fue inmediato y revolucionario: un ahorro de tiempo drástico al tener carriles exclusivos y un sistema de embarque rápido similar al de un metro, con lo que los tiempos de viaje se redujeron sustancialmente, con fuentes que hablan de reducciones de un 30% o más.

La calidad del pavimento en el carril exclusivo garantiza un viaje más cómodo y, sobre todo, predecible en los horarios, pues los buses no enfrentan la congestión ni el deterioro vial. Para las empresas concesionarias, la infraestructura óptima se convierte en el mejor socio de negocios: el bus circula en pavimento liso y sin baches, lo que se traduce en un desgaste mínimo de neumáticos, suspensión y motor. la vida útil de las unidades se extiende y los costos de mantenimiento se reducen drásticamente. al poder garantizar velocidades comerciales altas y frecuencias confiables, el sistema es capaz de transportar más pasajeros por hora con menos flota de reserva, optimizando la rentabilidad. Las empresas saben que al invertir en buses de alta gama, esa inversión está protegida por una infraestructura de primera.

En síntesis, el caso Curitiba demuestra que el estado debe entregar una plataforma de trabajo óptima. Al hacerlo, no solo le exige menos a la tarifa final, sino que convierte la licitación en un modelo ganar-ganar, donde la inversión de las empresas se maximiza y los ciudadanos reciben, por fin, un servicio de calidad, rapidez y dignidad.

El éxito está en entender que el corredor es tan importante como el autobús que circula por él.

17 años en el poder no alcanzaron para que el intendente entienda como funciona un sistema de transporte decente y moderno.

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