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"Uno tiene miedo, pero transforma el miedo en coraje"

En Casabindo los toreros son ante todo promesantes. Antes de iniciar el desafío se encomiendan a la Virgen de la Asunción y así reivindican al líder indígena Pantaleón Tabarcachi que en tiempos de la colonia le pidió un mejor vivir para su pueblo.

En el Toreo de la Vincha dicen que no hay práctica, ni teoría, ni táctica, solo vale la fe que uno tiene en la Virgen de la Asunción, la patrona de Casabindo.

Edgar Ventura, joven casabindeño que torea desde hace 4 años, cuenta que al toreo lo vive "como una devoción por la Virgen".

"Mi padre era torero, también tengo un hermano, él me hizo animar para anotarme. Hubo un año en el que salí segundo premio y eso me anima más para seguir participando".

Dijo también que en Casabindo todos los niños sueñan con que llegue el día de lanzarse a la Plaza Pedro Quipildor a probar su coraje.

El caso de Rodolfo Ríos que es de San Salvador pero que va cada año a Casabindo, tiene la particularidad de que llegó a ser campeón durante tres años seguidos.

Cuenta que "Uno tiene miedo pero transforma el miedo en coraje y se encomienda a Dios y la Virgen para que salgan las cosas bien".

Si bien no es casabindeño se siente parte de la rica historia del pueblo, que le fue heredada de los abuelos Evaristo Solano y doña Eudosia, a quienes frecuentó durante sus visitas a Casabindo. Ellos lo animaron a que participe y aunque ya no están, para Rodolfo el toreo es una forma de "mantener su memoria viva".

"El toreo es la herencia más grande que te pueden dejar tus antepasados, tus abuelos. Las costumbres se tienen que mantener porque esto mantiene vivo su espíritu y de esa manera ellos no mueren nunca".

Esta costumbre, que hoy atrae a turistas de todo el mundo, se remonta a los tiempos de la colonia, cuando el líder indígena Pantaleón Tabarcachi se rebeló contra los abusos cometidos por los españoles. Ellos lo castigaron llevándolo a la plaza central y arrojándolo a los toros, allí le sacaron su vincha y la colocaron en los cuernos de un animal, obligándolo a recuperarla.

Tabarcachi, malherido, logró hacerlo y antes de morir ofrendó la vincha a la Virgen pidiendo un mejor vivir para su pueblo.

Es importante destacar que el Toreo de la Vincha es la única fiesta taurina en la que no se lastima al animal. De hecho, dicen las reglas que no se puede maltratar al toro, no se puede tirar la manta al animal, tampoco tirar la manta para sacar provecho y sacar la vincha,  no se le puede patear y tampoco sacar la vincha si el animal se acuesta en el suelo.

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