Sarapura, aparece como quien defiende las instituciones y, a la vez, el interés de la sociedad. Sostiene que es posible, desde la defensa de las instituciones, defender los intereses de la gente. Pero la coherencia entre lo que se dice en la tribuna y lo que se practica en su territorio desnuda su perfil hipócrita y servil a los intereses de su jefatura política. Sabemos lo que piensa morales del presidente pero el gobierno nacional y los jujeños conocen bien a Gerardo Morales.
Sarapura es la intérprete de la hipocresía de Gerardo Morales
Habló Natalia Sarapura. La legisladora no hizo más que confirmar el nivel de hipocresía de sus palabras, seguramente, sugeridas por su jefe Gerardo Morales. Un disparate que no tiene ni pies ni cabeza ya que habló de que el equilibrio fiscal nacional no se puede alcanzar con desequilibrio social. Pregunto ¿cuánto hace que no viene a Jujuy esta señora que esta becada en el Congreso de la Nación?
En Jujuy el supuesto equilibrio fiscal no se traduce en mejoras palpables para quienes viven con sueldos miserables y con la certeza de que cada mes se recorta la vida, ¿quién paga el precio de ese equilibrio? ¿Quién soporta la factura de números que brillan en el informe de gestión, pero que no se traducen en infraestructuras que sostengan una vida digna? ¿Sarapura?
La promesa de “superávit” coincide con las realidades de pobreza y carencias que no esperan. ¿Qué sentido tiene defender las instituciones si esa defensa no rinde cuentas sobre resultados visibles para las familias? ¿Qué sentido tiene hablar de responsabilidad institucional cuando la ciudadanía en Jujuy percibe que la rendición de cuentas se aplica selectivamente y las políticas públicas no atienden las necesidades más urgentes?
Si alguien quiere hablar en nombre de la sociedad, debe sostener esa representación con hechos verificables y acciones tangibles. La hipocresía política no es una opinión cualquiera: es una alerta para la democracia cuando las palabras sobre instituciones no se traducen en medidas que protejan a los más vulnerables. El equilibrio fiscal, para que sea auténtico, debe ir de la mano de un equilibrio social que no deje a nadie atrás.
Sarapura sostiene que se puede defender a la sociedad desde la defensa de las instituciones. Pero, ¿qué pasa cuando, en la realidad, las instituciones parecen esquivar la rendición de cuentas y los controles quedan debilitados? ¿Es coherente defender las instituciones cuando, en la mirada local de Jujuy, la legislatura y otros organismos estatales están vulnerados o limitados en su autonomía?
Las denuncias sobre la actividad de la legislatura y las posibles limitaciones a los cuestionamientos sobre la labor de la auditoría general de la provincia se han naturalizado. Quien defiende la institucionalidad debe preguntarse: ¿cómo se protege la independencia de los órganos de control cuando la percepción pública es que no hay rendición de cuentas suficiente? y si la gente, que es la legítima destinataria de esas instituciones, no ve resultados claros, ¿qué queda de esa defensa teórica de las instituciones?
Aquí lo importante no es solo la cantidad de números en un balance fiscal, sino la calidad de la gestión: ¿qué efecto tiene ese equilibrio en la vida cotidiana? ¿Se traducen las decisiones en mejoras para salarios, infraestructuras, seguridad y servicios básicos? La respuesta es no, entonces sería pertinente que este personaje Sarapura de explicaciones en su provincia a los jujeños en vez de ofrecer un discurso disparatado en el congreso cuando en todo Jujuy se sabe lo que está haciendo el gobierno de la diputada nacional.
La hipocresía política, es una mala señal para la democracia: si las instituciones existen para proteger a la gente, deben rendir cuentas ante la opinión pública, sin doble estándar. Si alguien quiere hablar en nombre de la sociedad, debe sostener esa representación con hechos verificables y una trayectoria de fortalecimiento institucional, no con promesas que quedan en el plano discursivo.
Esta señora, no puede reclamar dialogo por parte del gobierno nacional cuando aquí en su provincia el gobierno al que ella pertenece es una gobierno que se habla a si mismo porque desprecia el dialogo. El radicalismo ha transformado a Jujuy en una autocracia cuyo poder real se oculta en las sombras frente a la actitud complaciente del gobernador elegido por los jujeños.

