Jujuy |

Rutas Limpias: cifras que ordenan el balance, basura que desordena la realidad

El Gobierno destacó los resultados del operativo “Rutas Limpias Jujuy”, con más de 75 mil kilos de residuos recolectados. Sin embargo, en distintos puntos como la Ruta 66 y el margen del río Las Pavas los basurales siguen siendo visibles. La problemática también se replica en plazas y espacios públicos. ¿Falta de recursos o fallas en la gestión ambiental?

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Sin embargo, cuando se abandona la planilla y se pisa el territorio, el diagnóstico se vuelve menos lineal. La Ruta 66 continúa exhibiendo focos de basura a la vera del camino. Las imágenes recientes registradas en distintos tramos muestran que los basurales no desaparecieron: reaparecen. Y ese detalle no es menor. Porque si el residuo vuelve al mismo lugar, el problema nunca fue resuelto de fondo.

La situación no se limita a las rutas. En plazas, esquinas y puentes de distintos sectores, la acumulación de residuos sigue siendo visible. El reclamo vecinal se repite y las escenas se reiteran. La pregunta, entonces, deja de ser cuántos kilos se levantaron y pasa a ser cuántas veces habrá que volver a levantarlos.

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En materia ambiental, los operativos son necesarios. Pero los operativos, por sí solos, no constituyen política pública. Limpiar es una parte del proceso. Resolver implica prevención, control, educación ambiental, sanciones efectivas y una estrategia sostenida en el tiempo. Implica además articulación con municipios, seguimiento permanente y transparencia en los mecanismos de fiscalización.

El cambio de autoridades en la cartera de Ambiente abrió expectativas sobre una etapa de mayor consolidación institucional. Sin embargo, la persistencia de microbasurales expone que todavía no se logra una acción contundente y sostenida. La discusión ya no pasa por la voluntad declarada ni por el impacto inicial del operativo. Pasa por la eficacia estructural.

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¿Faltan recursos? A juzgar por el despliegue informado, no parece ser la principal limitación. Lo que asoma como déficit es la continuidad y la capacidad de modificar conductas y circuitos de descarte ilegal. Porque cuando el Estado interviene pero el problema reaparece en cuestión de semanas, el modelo necesita revisión.

La gestión ambiental no se mide solo en toneladas recolectadas, sino en toneladas que dejan de generarse o que dejan de terminar en espacios públicos. Se mide en control efectivo, en planificación y en resultados duraderos.

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Hoy la imagen es ambivalente: un balance oficial positivo y una realidad que todavía interpela. La basura visible funciona como un recordatorio incómodo de que la política ambiental no puede agotarse en el anuncio. Debe sostenerse en el tiempo, con coherencia y firmeza, si realmente se busca transformar el paisaje y proteger la salud de la comunidad.

El desafío está planteado. No es limpiar una vez más. Es lograr que el problema no vuelva.

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