Travesía Cultural | recordación

Recordamos a Néstor Groppa

 

NÉSTOR GROPPA

 

“…Alejados de mí, huérfanos de mis ojos
de espíritu mirador,
y lector,
ninguno podrá con ellos enamorar y besar el corazón
de las cosas…”

 

El 4 de mayo de 2011, en pleno otoño, partió a otro cielo el amigo poeta, cronista sensible de Jujuy, Néstor Groppa. Imposible olvidar su afable personalidad, su rica obra, su poesía urbana que nos enriquece.

Como pocos, supo observar las marcas y rasgos de la ciudad y de su gente. Su mirada aguda, tierna y estética de lo popular nos dice de la gente humilde y quizás olvidada. Nos dejó el testimonio de un discurso memorioso y poético al mismo tiempo.

Sus crónicas constituyen una cultura crítica del tiempo y espacio, del latido y pulso de la vida cotidiana. Con voz singular nos habla de aspectos entrañables de la cultura argentina.

Había nacido en Laborde, Córdoba, el 17 de junio de 1928. Con sus amigos Mario Busignani, Andrés Fidalgo, Jorge Calvetti y el pintor Medardo Pantoja forjaron "Tarja", la revista cultural de la literatura del NOA.

En los años 60 fue el mentor de la página cultural del diario "El Pregón", que sostuvo por cuarenta años.

El amigo se fue. Nos queda el recuerdo de su amabilidad, de su sonrisa, de sus poemas, de su mirada perdida en la luz naciente de Venus, donde reside la poesía.

Querido poeta, sigue mirándonos, a los poetas, a tu ciudad, San Salvador de Jujuy.

 

Dice Néstor Groppa:


Qué estarán mirando mis anteojos.
Sin mis ojos, ya no sirven.
Vacíos y con un solo paisaje fijo, son ciegos
perdidos un en maizal de letras y otro maizal
de cosas. Mendigan paisajes
de este mundo y de los demás.
Qué estarán dejando mirar y desde qué ángulo.
Aunque sus cristales entiendan y corrijan
les faltará el corazón que les encienda
una fiesta más la primera lluvia de la primavera,
la glicina de la nostalgia, los pétalos de los afectos,
las conclusiones constantes.
Porque ya nadie podrá cantar tras ellos
lo perdurable que enhebran los días.
Sus distancias quedarán en dibujos que nadie entienda.

Serán idioma que se irá apagando. Puras nieblas de acecho.
Alejados de mí, huérfanos de mis ojos
de espíritu mirador,
y lector,
ninguno podrá con ellos enamorar y besar el corazón
de las cosas.
Pobre mis anteojos con esa inútil
vaguedad verdosa, con su único paisaje helado
de muerte, para el resto del tiempo.
Y sus cristales sin ojos
como una ventana abierta a la que nadie asoma,
en la que de vez en cuando aparece un ciego
gesticulando al paredón del mundo:
 

“Para qué quiere el ciego
casa pintada;
ventanas a la calle
si no ve nada”
                                       dice el cantar


                                       Para qué mis anteojos
                                       al que los halló
                                       si esos vidrios sólo hablan
                                       cuando miro yo

 

No te olvidamos, Néstor Groppa, te seguimos mirando.

 

Susana Quiroga

 

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