Política | Política |

Nuestro capital institucional

2014 va a ser bastante complejo en lo económico, pues ya arrancó con una importante devaluación, altas de tasas de interés, crédito muy difícil, fuerte inflación, tarifas que necesitan niveles más realistas y posible estancamiento del PBI, lo que indica también un eventual incremento del desempleo. Por Orlando J. Ferreres |  Para LA NACION

Sin embargo, mirando más el largo plazo, aun cuando cada 12-13 años tenemos una crisis económica, el origen de nuestro problema no es económico, es político institucional. No cumplimos las reglas establecidas, no cumplimos nuestros mandamientos. No tenemos instituciones, las hemos destruido a fuerza de no respetarlas por décadas. La madre de todas las instituciones es la Constitución, a la cual tampoco hemos respetado. En gran número de casos hemos encontrado el camino para eludirla o directamente no cumplirla. El ejemplo inicial es el golpe de Estado de 1930 que fue declarado constitucional por la Corte Suprema a los tres días de tener lugar y eso que había ocurrido un sábado. Desde aquel momento hasta ahora, las cosas que se han hecho en nombre de la Constitución han superado cualquier pronóstico pesimista.

Podemos decir que el nuestro es un problema moral, pues no cumplimos ni las propias normas que nosotros mismos nos damos, con la idea de que violándolas podemos obtener una ventaja egoísta sobre el resto de la población, en el corto plazo, pero al fin perdemos todo en el largo plazo y el destino de la sociedad, en la práctica, no nos importa. "Yo, argentino": sálvese quien pueda. Los dirigentes, los que pretenden hacer cabeza, son mucho más responsables que la población que vive dominada y engañada por gran parte de estos dirigentes que le señalan causas falsas de los problemas que soportamos para cubrirse ellos mismos de sus errores.

Las consecuencias para la población son nefastas. Hoy -considerando el costo de vida verdadero que ahora el Gobierno está reconociendo- tenemos un 25% de pobreza a pesar de haber gozado de un gran viento de cola, reflejado en precios excepcionales de las materias primas. Al inicio de la democracia, el flagelo de la pobreza se ubicaba alrededor del 5% de la población.

¿Por qué hay tanta pobreza? Porque el ahorro no se ha coagulado en inversiones reproductivas y por lo tanto no están hechas las fábricas que podrían ocupar formalmente a los 4.500.000 de trabajadores informales y a 1.600.000 desocupados que hoy registramos.

Nuestras condiciones institucionales se pueden cuantificar considerando el nivel del riesgo país. En 1918, los bonos soberanos argentinos a 5 años tenían una calificación "A", "grado inversión", según Moody´s, igual que los de Noruega y Suiza. Ahora, en 2014, casi 100 años después, tenemos una calificación "B3", "grado especulativo", similar a la de Nicaragua o Jamaica. Estar en este nivel quiere decir que nos hemos convertido en imprevisibles y eso que salimos del pozo del 2002, momento en que teníamos una calificación aún peor: "C", "default selectivo". El nivel de riesgo país es de 800-1100 puntos básicos, cuando nuestros vecinos, Uruguay por ejemplo, tienen 200 puntos de riesgo país, lo que muestra la falta de calidad de las instituciones y la orfandad de la calidad profesional de nuestros dirigentes políticos.

Para establecer lo que vale una Constitución y las demás instituciones de un país consideremos el capital natural, el capital producido (la inversión bruta interna fija menos las amortizaciones acumuladas) y el capital institucional o intangible de algunos países. Para hacerlo comparable entre los diferentes tamaños de los países, lo consideramos per cápita, o sea, dividiendo el monto del capital de cada categoría por la población total de cada país.

Temas

Dejá tu comentario