Cultura | POEMAS

Cinco poemas sobre la vida y la muerte

Los últimos días de octubre invitan a reflexionar sobre la muerte, en vistas a que se avecinan las honras a nuestros fieles difuntos.

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de Emily Dickinson

Morir — lleva muy poco tiempo —

Se dice que no duele —

Tan sólo es un desmayo — por etapas —

queda después — fuera de vista —

Un Lazo más oscuro — por un Día —

Apenas un Crespón en el Sombrero —

y luego la preciosa luz del sol —

nos ayuda a olvidar —

al ausente — la mística — criatura —

que si no nos hubiera amado así —

se habría dado al sueño — esa infalible hora —

sin el menor cansancio —

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de Emily Dickinson

Tendida estaba como si jugase

Su vida se escapó de un salto —

con intención de regresar —

mas no tan pronto —

Alegres brazos, casi desplomados —

como si al descansar del juego —

por un instante se olvidasen —

del Modo de continuar —

Sus Ojos bailarines — entreabiertos —

como si aún su Propietaria hiciese

señas de luz a través de ellos

dirigidas a ti — por diversión —

Su Amanecer junto a la puerta —

tramando, estoy segura —

cómo forzar su sueño —

tan leve — tan profundo —

RIMA LXI

De Gustavo Adolfo Bécquer

Al ver mis horas de fiebre

e insomnio lentas pasar,

a la orilla de mi lecho

¿quién se sentará?

Cuando la trémula mano

tienda, próxima a expirar,

buscando una mano amiga,

¿quién la estrechará?

Cuando la muerte vidrie

de mis ojos el cristal,

mis párpados aun abiertos

¿quién los cerrará?

Cuando la campana suene

(si suena en mi funeral)

una oración, al oírla,

¿quién murmurará?

Cuando mis pálidos restos

oprima la tierra ya,

sobre la olvidada fosa

¿quién vendrá a llorar?

¿Quién, en fin, al otro día,

cuando el sol vuelva a brillar,

de que pasé por el mundo,

quién se acordará?

Balada sobre la piedra que llora

De Alejandra Pizarnik

la muerte se muere de risa pero la vida

se muere de llanto pero la muerte pero la vida

pero nada nada nada

El viaje definitivo

De Juan Ramón Jiménez

...Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros

cantando;

y se quedará mi huerto, con su verde árbol,

y con su pozo blanco.

Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;

y tocarán, como esta tarde están tocando,

las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;

y el pueblo se hará nuevo cada año;

y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,

mi espíritu errará nostálgico…

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol

verde, sin pozo blanco,

sin cielo azul y plácido…

Y se quedarán los pájaros cantando.