No cede la pobreza en la Argentina
Los datos de la pobreza encienden una alarma. En la Argentina se incrementó el grado de pobreza en los sectores más vulnerable; no alcanza la ayuda social que se brinda desde el Estado y cada vez hay más niños que asisten a los comedores infantiles o escolares.
Ianina Tuñón, Coordinadora del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia, confirmó que en el último cuatrimestre del 2014, se registró un incremento de la pobreza por ingreso, que en realidad es un incremento que se viene dando desde el 2011; hubo un incremento de 10 puntos porcentuales de la pobreza económica, y lo que si se observa es un estancamiento de la pobreza extrema o la indigencia, que está en el 9,5%, mientras que la pobreza infantil ha trepado el 40%. A su vez lo que se llama inseguridad alimentaria, alrededor de un 22% están en hogares que tienen dificultades para poder garantizar una alimentación adecuada para sus chicos y alrededor de un 8% están en una situación extrema porque tienen una experiencia de hambre en estos hogares.
Sostuvo Tuñon que hay un incremento de cobertura alimentaria en comedores escolares, estos también nuestras estadística lo observan y hoy un 30% de la infancia está asistiendo a algún comedor escolar o alimentario.
“Es cierto que en los últimos años, hubo una fuerte focalización en sectores sociales a través de transferencia indirecta como es la asignación universal por hijo pero lo que está revelando que ha sido suficiente para que no se incrementara la pobreza extrema y no ha sido suficiente para poder bajar condiciones de pobreza y mayor vulnerabilidad que tiene la infancia” consideró en su análisis.
Según la especialista, lo que se está revelando estos datos que no es suficiente con esta política, “es necesario crear mucho más empleo de calidad para los adultos y también hay situaciones económica que tiene que atacarse de manera urgente como es la inflación. La falta de empleo y la inflación están afectando a sectores más vulnerables donde se concentra la mayor parte de la inflación en la Argentina”.
La pobreza estructural argentina afecta al 26% de los niños y “cuando hablamos de ese tipo de pobreza, estamos hablando básicamente de problema de infraestructura, acceso a agua potable y saneamiento”.
Consideró Tuñón que “son responsabilidades básicamente de los estados y evidentemente está faltando obras de infraestructura de gran escala y destinado a los sectores sociales más pobre de la Argentina”.
Resumen de resultados
En los últimos cinco años alrededor del 80% de la infancia y adolescencia en la Argentina urbana forma parte del sistema de seguridad social. Ello fue posible por la ampliación del sistema con la implementación de la Asignación Universal por Hijo en el último trimestre de 2009.
El 21,5% de la infancia y adolescencia pertenece a hogares que tienen dificultades económicas para acceder a los alimentos, y en el interior de este grupo 8,4% registra privaciones alimentarias graves (alrededor de 950 mil niños/as y adolescentes).
La cobertura de alimentación gratuita en comedores escolares y de la sociedad civil se ha incrementado de modo sostenido alcanzando una cobertura de 28,2%, con una adecuada focalización en los sectores sociales más vulnerables (40%).
Algo más de la mitad de la infancia y adolescencia en la Argentina urbana tiene como única opción la atención de la salud en el sistema público (alrededor de 5,8 millones). En este marco, se estima que 26% de la niñez y adolescencia no realizó durante 2014 un control de su salud y 47,5% no controló su salud bucal.
La salud del niño/a sano también se ve vulnerada por las condiciones del hábitat de vida. En relación a la vivienda, si bien se registran mejoras en la calidad de la construcción de las mismas, en la disponibilidad de espacio para sus miembros y en las condiciones de saneamiento, en 2014 aún 17,7% de la infancia reside en viviendas precarias en la calidad de su construcción, 19,9% en situación de hacinamiento y 43,3% en condiciones inadecuadas de saneamiento.
A partir de las medidas indirectas de pobreza e indigencia (según el acceso a recursos económicos) se estima que en 2014 un 40% de la infancia y adolescencia urbana pertenecía a hogares por debajo de la línea de pobreza económica y 9,5% por debajo de la línea de indigencia. En estos indicadores se advierte una tendencia negativa desde el 2012. Mientras que la pobreza directa que se calcula a través del índice de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) se estima un déficit de tipo estructural de 26,2%. Y, en este caso la tendencia es positiva como consecuencia de la mejora en algunos indicadores de la calidad de la vivienda y propensión al hacinamiento.
En la escolarización de los adolescentes se reconocen progresos seguramente como efecto de la condicionalidad de la AUH. Este impacto positivo ha sido verificado por estudios propios y ajenos. Aún existe un desafío de inclusión en la escuela secundaria (6,5% no asiste y 20,4% asiste con rezago educativo).
Los niveles de déficit en estas ofertas educativas son más amplios en la educación primaria que en la secundaria. En efecto, entre los escolares el déficit de enseñanza de computación era en 2014 de 40,7% y en la enseñanza de idioma extranjero era 36,6%. En los adolescentes escolarizados en la educación secundaria los déficits fueron de 24% y 11%, respectivamente.
El 57,4% de la infancia se encuentra privada del ejercicio de derechos en al menos una de siguientes dimensiones de derechos: vivienda, saneamiento, alimentación, estimulación temprana, información, educación y salud y 18,3% en aspectos severos de las mismas (2 millones de chicos/as).
Se estima, que en 2014, aproximadamente cuatro de cada diez chicos/as menores de 13 años no suelen compartir historias orales o cuentos con otros miembros de su familia, y una proporción similar no tiene en su hogar libros infantiles. En los primeros años de vida, a tres de cada diez niños/as no le cuentan cuentos, y casi cuatro de cada diez no tienen libros infantiles.
La mitad de los adolescentes entre 13 y 17 tiene déficit de comportamiento lector, es decir que no tiene hábito de lectura de textos impresos.
El déficit en las oportunidades de socialización también puede apreciarse en la proporción de chicos/as entre los 5 y 17 años que no realizan deportes u actividades físicas extraescolares, o artísticas o culturales (57% y 86%, respectivamente).
“Esa pobreza no ha sido atendida y es un desafío y una responsabilidad de quienes gobiernan el próximo estado en la Argentina”, evaluó finalmente Tuñón.

