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Terapias de pareja: ¿El salvavidas del siglo 21?

Las relaciones de pareja –y más puntualmente las crisis– son la tercera causa de visita al psicólogo, luego de la ansiedad y la depresión.

Cualquier pareja es susceptible de pasar por un momento de crisis. La convivencia diaria puede llegar a erosionar mucho la vida en común y, junto a otros factores, puede complicar hasta la mejor de las relaciones. El cansancio, el estrés, los problemas laborales, económicos o familiares suelen ser los gatillantes y así, casi sin notarlo, la convivencia se transforma en una sucesión de silencios tensos, despechos y respuestas destempladas. Pero las crisis también pueden desencadenarse por situaciones más directas asociadas a la propia pareja, como infidelidades, problemas sexuales o referidas a la crianza de los hijos, por ejemplo.

En este sentido, es cada vez más frecuente que las parejas acudan a terapia para resolver sus conflictos. No sólo eso; es sorprendente que sea uno de los motivos más recurrentes de consulta, y que lo hagan parejas cada vez más jóvenes, incluso pololos adolescentes. Al parecer nos cuesta cada día más resolver solos nuestros problemas, y por ello acudimos a la ayuda de terceros.

Consejos básicos para arreglar las cosas

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1. Si estás enojada, no intentes encontrar la solución. Con la cabeza "caliente" generalmente tenemos problemas para expresarnos correctamente, y tampoco es el minuto de decidir qué decir o qué hacer. Algo tan básico como parar, salir a dar una vuelta de 20 minutos y volver, puede calmarnos.

2. No juzgar ni "tasar" el trabajo del otro. En una relación de pareja o un matrimonio ninguno "trabaja" más que el otro, ni tiene uno de mejor categoría. Profesionales y dueñas de casa, ambos son activos, aportan a la familia, deben ser valorados.

3. No más remordimientos ni sacarse en cara, especialmente los que se arrastran desde el inicio de la relación, porque generalmente se transforman en rabia por el otro.

4. Poner a uno delante del otro. Parece muy obvio, pero en la vorágine del día a día y la necesidad de destacar en lo profesional o académico nos hace olvidar lo más simple: tu pareja es tu familia, y debe ser tu prioridad número uno. Esto significa que tu matrimonio necesita estar por delante de tus amistades, trabajo o lo que sea. Ojo, no confundir con la pérdida de identidad propia, pero sí es necesario desarrollar la empatía por el otro.

 

Fuente: Nueva Mujer.

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