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Heteroagresividad, ¿sabes qué es y cómo se manifiesta?

Tal vez hayas escuchado alguna vez la frase de  Paulo Coelho  que dice: “el miedo generalmente se manifiesta de dos maneras: a través de la agresividad o a través de la sumisión”. En el caso de la heteroagresividad, es la primera manera la que nos ocupa.

Para salir de dudas, definamos en qué consiste la heteroagresividad. En este caso nos referimos al tipo de agresividad que agrupa toda clase de conductas agresivas dirigidas a un objeto externo (a diferencia de la autoagresividad: paraguas bajo el que se engloban todas las conductas en las que agresor y víctima son la misma persona).

Es decir, que este fenómeno abarca un conjunto de patrones muy diversos en intensidad y tipología. Así pues, incluye comportamientos como gestos agresivos, pelea física, expresiones verbales e insultos, etc.

Hombre gritando

Añadir también que según los estudios, esta conducta agresiva suele estar asociada a diferentes trastornos aunque no necesariamente convive o forma parte de ellos. Así pues, se asocia a problemas mentales de distinta índole, desde psicóticos hasta afectivos u orgánicos.

Sí que podemos distinguir una serie de características únicas que hacen de este fenómeno algo único y singular. Veamos las más importantes:

Mujer gritando a su compañero de trabajo

Existen tres síndromes que caracterizan especialmente a la heteroagresividad. Un fenómeno que puede ser facilitado por trastornos como la esquizofrenia, la bipolaridad o la depresión, muestra ciertos componentes claros.

Implica una serie de conductas perturbadoras para otras personas. Apelan a la infancia, y se presentan en forma de trastorno disocial y negativismo e incluso actitud desafiante, algo típico de los niños de menos de 10 años. De esta forma, su comportamiento se vuelve desobediente, provocador, marcadamente hostil y muy desafiante, más allá de límites normales.

En cuanto al trastorno disocial, también atribuido a la infancia, muestra patrones repetitivos que tienden a violar derechos básicos de otras personas y normas sociales aceptadas.

Los afectados muestran una conducta conocida como trastorno explosivo intermitente. Se caracteriza por una pérdida total del control sobre los impulsos agresivos.

Este efecto desencadena una agresividad muy desproporcionada hacia el factor que la desencadenó, y se manifiesta a través de ataques físicos y verbales. Eso sí, puede durar segundos o minutos, pero desaparece de forma espontánea habitualmente.

También desencadena un cuadro de hiperactividad motora junto con alteración emocional, principalmente a través del miedo, la angustia y la ansiedad. En este caso, la intensidad puede ser muy variada, desde leve hasta intensa y violenta.

Este componente se puede deber a distintas situaciones, como reacción a los medicamentos o sustancias intoxicantes, infecciones sistémicas, trastornos neurológicos, etc.

Las consecuencias de la heteroagresividad suelen ser variadas y originadas por diversos factores. Podrían presentar comportamientos delictivos, actitud destructiva, solución poco realista de problemas, cuadros de ansiedad, etc.

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