El próximo 14 de septiembre es el Día Mundial de la Dermatitis Atópica (DA), una enfermedad crónica y multifactorial de la piel, cuyo principal síntoma es la picazón permanente, con lesiones que pueden ubicarse en la cara, el cuero cabelludo, las orejas, el dorso de las manos y las zonas de las extremidades. Según datos de la Sociedad Argentina de Psoriasis destacaron que, en términos generales, la patología se presenta entre el 15% y el 25% en la niñez o adolescencia y del 3% al 5% en adultos.
En la dermatitis atópica intervienen factores genéticos, ambientales, alteraciones inmunológicas y problemas en la función de barrera de la piel. Existen otras enfermedades desencadenadas por el mismo proceso inflamatorio y es muy frecuente que coexista con diferentes afecciones alérgicas como la rinitis, el asma o manifestaciones alérgicas alimentarias.
Respecto a la situación actual de estos pacientes en Argentina, desde la Asociación Civil para el Enfermo de Psoriasis (AEPSO), en julio pasado realizaron un relevamiento a fin de evaluar cómo los últimos cambios en el sistema de salud han tenido influencia (o no) en la accesibilidad a la consulta, los tratamientos y medicamentos para tratar esta condición.
Por este motivo, conversaron en Radio 2 con Silvia Fernández Barrios, presidente de AEPSO, quien relató que “todos los números que pudimos recoger de 300 pacientes del país y la verdad que son números duros” y agregó que la edad promedio de los encuestados es de 31,6 años de vida. Además, explicó que “lo que nosotros quisimos relevar en julio (de este año) fue qué era lo que estaba, qué era lo que ocurría entre la situación económica que estamos viviendo y las personas con dermatitis atópica”.
En este estudio se observó que 2 de cada 10 pacientes cambiaron su plan de salud por uno menor en los últimos 6 meses y 4 de cada 10 encuestados afirmaron incurrir en copagos para acceder a servicios que antes tenían cubiertos, además, el 52,5% necesitó ayuda financiera para cubrir gastos de salud.
Del 35,1% que recibió indicaciones de estudios de laboratorio e imágenes, el 16,2% no pudo realizarlos por imposibilidad de pago.
Con respecto a las consultas médicas, 47,5% debió postergar o suspender turnos por motivos económicos y el 57,2% afirmó tener dificultad para encontrar profesionales que aceptasen su plan de salud. En esta línea, 4 de cada 10 pacientes afirmaron haber recurrido a la automedicación y el 47,2% que compró alguna vez medicamentos sin receta.
Fernández Barrios se mostró preocupada porque “las personas con dermatitis atópica y necesitan ver seguido al médico, no es algo que pase así nomás” refiriéndose a que en los cuadros más severos o con eventos donde se complica la calidad de vida del paciente, la asistencia de un profesional es esencial.
Otro aspecto que relevaron es el acceso a medicamentos y tratamientos. El 44,8% de los pacientes refirió haber tenido que reducir o dejar medicamentos, mientras que el 67,2% tuvo que recurrir a presentaciones más económicas o genéricas e incluso, 2 de cada 10 abandonó el tratamiento y un 52,5% recurrió a tratamientos alternativos. “Es una barbaridad (respecto a los números obtenidos) porque vos a una persona, a un chiquito que tiene dermatitis atópica tenés que ponerle la crema porque es preventiva”, pero desde el prestador de salud muchas veces niega esa cobertura bajo la excusa de “pasa que lo usa el resto de la familia”, agregó la entrevistada.
En otro punto del estudio, más de la mitad de los pacientes (62,5%) comentó haber notado un avance en la evolución natural de la enfermedad y que a causa de esto realizaron cambios en su rutina o en otros aspectos de su vida cotidiana. Es importante destacar que la DA tiene efectos sobre la vida familiar, escolar, laboral, social, psicológicos y en su vida sexual, asociados a ansiedad, estrés, depresión y mala higiene del sueño.
Desde AEPSO, como de las sociedades científicas como SOARPSO y la Sociedad de Dermatología Pediátrica para Latinoamérica (SDPL), en referencia a esta fecha, recordaron que el diagnóstico a tiempo es el primer paso para poder cambiar el rumbo de una enfermedad. Dependiendo del perfil del paciente, es una enfermedad que, especialmente en la primera infancia, puede lograr la remisión en un número significativo; en otros casos, puede requerir de un tratamiento crónico y controlado por profesionales especializados.
Para los casos con enfermedad moderada o grave se siguen utilizando los tratamientos convencionales, pero en los últimos años, han aparecido diversas herramientas terapéuticas que permiten mejorar sustancialmente la calidad de vida, controlando la picazón y las lesiones cutáneas de los pacientes que van desde los medicamentos biológicos (inhibidores de las interleuquinas 4 y 13), hasta los tratamientos orales (inhibidores de JAK).

