Estereotipos inalcanzables, requisitos incumplibles y una pobre obsesión por la apariencia: estos representan los tres pilares de la mayoría de los concursos de belleza.
Hay quienes se esfuerzan por disfrazar estos concursos de sueños cumplidos, pero a mi entender representan una clara cosificación y empobrecimiento del cuerpo femenino.

Este es el certamen de belleza más importante del mundo e impone a sus concursantes requisitos bastante empobrecedores:

Ser «la más bonita» tiene un costo altísimo para las misses, por lo que necesitan patrocinadores para costear todos los tratamientos y llegar a la cima.
Uno de los países «productores» de Misses Universo es Venezuela, ya que cuenta con un «plan de trabajo» que pocos países tienen, algo así como una fábrica de mujeres hermosas, a las que exponen, comercializan y exigen disparates para llevarse la corona más codiciada por las modelos.
Recientemente, salió un documental llamado To be a Miss que deja en evidencia la mercantilización de la belleza y los descabellados requisitos que les imponen a las chicas.

Decirle «gorda» a una chica que pesa 50 kilos, pedirle que se opere el busto para «que sea más hermosa» o llevarla a una cena con un empresario para que patrocine su «campaña»: todo esto y más es aceptado en el mundo de la moda. Y, lo peor de todo, ese tipo de acciones están justificadas si eso te asegura la corona, tal como demuestra la siguiente cita del documental:
Y como si lo anterior no alcanzara, Osmel Sousa o mejor conocido como el “hacedor de reinas” sentenció: «las que dicen que la belleza está en el interior son feas justificándose».

Si ser hermosa significa no poder comer papas fritas cuando te reúnes con amigas, pasar por el quirófano para hacer cambios en mi cuerpo que no necesito, tener una rutina de ejercicios extrema que me obligue a estar más horas en el gimnasio que en mi casa y convertirme en un objeto que todos aprecien solo por su forma, entonces, no quiero ser hermosa.
Quiero dedicar mi vida a respetar mi cuerpo y a cultivar el tipo de belleza más valioso y determinante que alguien puede lucir. Sí, estoy hablando de esa belleza que solo puede ser detectada en el brillo de los ojos o en la compasión de una sonrisa.
Fuente: IMujer.

