El estudio combina datos del Censo 2022 y de la Encuesta de la Deuda Social Argentina 2023, midiendo once indicadores que incluyen vivienda, servicios básicos, educación y empleo.
Jujuy, entre las provincias con mayor pobreza estructural: Santa Catalina, el departamento más vulnerable
Un relevamiento exclusivo del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA muestra que el norte del país concentra los peores índices de pobreza multidimensional. En Jujuy, Santa Catalina lidera los indicadores de vulnerabilidad socioeconómica, a pesar de la presencia de la minería en la región.
Las provincias del norte concentran los peores indicadores: Santiago del Estero (42,5), Formosa (40,9), Salta (40,9), Jujuy (40,5) y Chaco (39,1). En estas zonas, más de la mitad de los hogares tienen niños y adolescentes, evidenciando que la pobreza es estructural y generacional.
Santa Catalina, el departamento más vulnerable de Jujuy
Dentro de Jujuy, Santa Catalina registra un índice de vulnerabilidad de 51,8, el más alto de la provincia. Los hogares enfrentan:
- Viviendas con calidad constructiva deficiente.
- Alto déficit de agua potable.
- Niños que no asisten a la escuela.
- Jefes de hogar con educación secundaria incompleta.
Sorprende que esto ocurra en la Puna jujeña, una región donde la actividad minera crece, pero la riqueza no se refleja en mejoras sociales.
La pobreza más invisible
“La pobreza extrema es cuando el sistema no registra que existís”, señala Jerónimo Chemes, de la ONG La Chata Solidaria.
Ianina Tuñón, del Barómetro de la Deuda Social de la UCA, explica: “No ir a la escuela deja una marca en el desarrollo infantil que es más difícil de revertir”.
El relevamiento muestra que las zonas rurales y aisladas concentran los peores índices: hacinamiento, falta de agua potable, electricidad y saneamiento, y grandes barreras para acceder a educación y salud.
Una paradoja pendiente de resolver
Santa Catalina ilustra la contradicción entre riqueza natural y pobreza local. La presencia minera no garantiza desarrollo social, y las necesidades básicas de la población siguen siendo un desafío urgente para las políticas públicas.

