Mundo | Mundo |

"La paz es irreversible pero construirla llevará generaciones"

“Colombia es psicológicamente dependiente de la droga”, “las FARC están en medio del polvorín social”, “el proceso de paz es irreversible”, “las FARC tienen un quiebre ético”.

Behar es autora de una saga de libros de investigación que abordan distintos momentos del largo conflicto colombiano. El último, “El clan de los doce apóstoles”, vincula al expresidente Alvaro Uribe Vélez con una organización paramilitar y es la causa por la que le han recomendado que, por su seguridad, se abstenga de visitar Antioquia.

‒Da la impresión de que el tema drogas-narcotráfico no está demasiado presente cuando se habla de alcanzar la paz.
‒Sí, es un tema que ha pasado a un segundo plano. Me da la impresión de que nos acostumbramos a vivir con eso. La Policía habla del microtráfico porque hay niveles de consumo interno que no había en los años '70 y '80. Esa es una de las salidas que ha encontrado el narcotráfico para consolidar sus ingresos al descartelizarse: volver a Colombia un país psicológicamente dependiente de la droga. Por eso las redes de microtráfico se han vuelto muy sofisticadas.

‒¿Qué manejan las FARC?
‒Manejan el control de las zonas de producción, donde cobran peaje y tienen un control estricto. También el procesamiento. Por eso, de cuando en vez cae algún laboratorio. Están metidos en esto desde hace ya muchos años, pero no sé cuánto procesan o controlan de lo que otros procesan. Desde los años '80 ha habido trueque mediante el cual garantizan la exportación de la droga a terceros que les garantizan la importación de armamento. Eso creo que sigue vigente.

‒Es decir que a los que hacen el trueque no les interesa que se firme la paz.
‒Por supuesto. Pero ellos tenían un control con cabezas visibles: Pablo Escobar, Miguel Rodríguez Orejuela. Ahora, con los traquetos, los traficantes de drogas, eso se difuminó. Hay poderes regionales en el manejo y la exportación de la droga. Pero sigue siendo fuerte y las FARC no sé hasta dónde van a aceptar cosas que si yo fuera gobierno pediría, como por ejemplo entregar las rutas. Porque entregar las rutas es asumir el compromiso de no meterme más en asuntos de droga.

‒Pero el narcotráfico, además, tiene relación con todo el espectro del poder.
‒El narco tiene relaciones con el alto poder, con los militares, con la política, con todo. El error más grave que cometió Pablo Escobar en 1982 fue querer ser congresista. Me duele decirlo, pero él hubiera podido ser presidente de Colombia si no hubiera sido congresista. Quiso lo mismo que intentó y no alcanzó a hacer Uribe, cooptar los tres poderes para después poner al monigote que quieras poner.

‒¿Estamos hablando de los paramilitares?
‒Los paramilitares, que no es lo mismo que Uribe pero se le parece, tenían en algún momento 35 por ciento del Congreso, según dijo Salvatore Mancuso. Yo creo que se quedó corto, porque tenían la mitad. La prueba es la lista de los que están en la cárceles. Y no son todos, faltan. Tenían la mitad del Congreso, el Ejecutivo ya lo tenían con la victoria de Uribe y el Judicial casi lo consiguen porque hay una edad de retiro de los jueces y a medida que se iban retirando pusieron sus fichas. Fue una filigrana lenta, pero no le alcanzó el tiempo.

‒¿De qué depende que se firme la paz?
‒El proceso de paz es irreversible. Por diferentes razones los fundadores de las FARC ya no están. Están los herederos políticos: Timochenko, Márquez, los que están en La Habana. Los fundadores vienen de las luchas campesinas de los '50 y de la corriente ideológica previa a la caída del Muro de Berlín. La actual es la generación post Muro. Algunos, como Iván Márquez, fueron congresistas que pertenecieron a la Unión Patriótica, formaron parte de movimientos políticos legales y en general, aunque uno los escucha con la concepción anquilosada, tienen más capacidad que sus antecesores para cambiar ese chip mental. Son más pragmáticos. Tienen fuertes resabios de aquella ideología, pero están en hechos que son tan antiéticos para el socialismo, como el narcotráfico, el secuestro y demás... Ahí hay un quiebre que es ético, pero también tiene que ser político.

‒Pero Marulanda estaba vivo cuando se secuestraba y se participaba del narcotráfico.
‒Es cierto, pero los actuales ven otra perspectiva. Ven lo que ha pasado en El Salvador, que es muy interesante. Es una guerrilla que logra el poder por la vía democrática. Por supuesto, no para desarrollar las tesis que eran su ideario cuando eran guerrilleros, porque esas tesis no tienen validez en un mundo como el de hoy, interconectado, globalizado.

‒El asunto es cuándo se firma, entonces.
‒El asunto es el cuándo, ni siquiera el qué. Todo es negociable en la vida y, como en todos los gobiernos, en todas las sociedades, no hay inamovibles. El verdadero inamovible es la Corte Penal Internacional de La Haya, que dice que los delitos de lesa humanidad no prescriben. Pero si lo logran manejar... Porque la Corte también plantea la posibilidad de que haya suspensión de penas.

‒¿Esto podría convenirles a las dos partes? Porque cada una acusa a la otra de haber cometido delitos de lesa humanidad.
‒Claro, por supuesto. El caso es que yo creo que al final del túnel pueden terminar negociando una ley de punto final, porque el camino marcado por la Argentina en estos temas siempre está presente. Pero está la piedra en el zapato que es la Corte Penal Internacional.

‒Así y todo, el cuándo depende de muchas cosas.
‒Claro, si el presidente (Juan Manuel) Santos no logra de aquí a enero resolver este tema, no se reelige en mayo. Pero esto él lo tiene que decidir ahora, en noviembre. O sea que ya está frito.

‒¿Las negociaciones de paz son una política de estado?
‒Ese es el reto, convertirlas en una política de estado. Creo que los liberales, y por supuesto la izquierda, tienen un compromiso con el proceso de paz. El Partido de la U también, pero tiene unas fuerzas internas turbulentas, muy complicadas. El sobrino de Uribe, Juan Carlos Vélez, es congresista de la U y anunció que no se va con el Centro a Democrático, el partido de su tío. Me parece que Uribe quiso dejar un alfíl dentro de la U, bruto no es. Entonces, en la U depende de quién logre imponerse.

‒Si Santos no es candidato, ¿quién puede serlo?
‒Yo creo que Santos se va a postular. Además, está presionando duro lo del ELN. Lo del ELN es rápido. En primer lugar porque es una organización mucho más vertical que las FARC. Ahí (Nicolás Rodríguez Bautista) Gabino es el jefe y Gabino es el jefe. Si las FARC dicen que no van a volver a secuestrar, pero los jefecitos de provincia no tienen de dónde sacar el billete, siguen secuestrando. Públicamente no, pero lo siguen haciendo. Si el ELN da la orden, no se secuestra más. Tienen menos conflictos económicos, no están metidos de lleno en el narcotráfico.

‒Si se firma un armisticio, ¿cómo se construye la paz a partir de eso?
‒Construir la paz llevará generaciones. En El Salvador firmaron las cúpulas, quedaron todas las víctimas en el camino y 10 o 15 años después aún quedan las heridas. Y queda también un submundo lumpen que se reorganiza en la delincuencia.

‒¿El microtráfico podría captar a los cuadros bajos de las FARC?
‒Exactamente, porque son los que conocen las zonas y les van a ofrecer algo que el Estado no les ofrece. La Ley de Víctimas es interesante, pero aquí Uribe priorizó la mecanización del campo en latifundios que metieron en las tierras que les despojaron a cuatro millones de personas. La Ley de Restitución de Tierras dice que la gente tiene derecho a retornar a sus tierras, pero los grandes latifundistas no se las van a dejar quitar luego de 10 años de invertir para hacerlas florecer.

‒¿Esos desplazados están en las ciudades?
‒Sí. Ese es un fenómeno muy grave. Los desplazados engrosaron los cordones de miseria de las ciudades, donde crecieron sus hijos, que no quieren volver al campo. Entonces, el proyecto de restitución no tiene un componente de análisis de la situación que enfrente la familia desplazada, que se va a desmembrar. Y allá los matan, además, porque los grandes latifundistas, los paramilitaes y los narcotraficantes siguen estando.

‒¿Hay posibilidades de que con tantas deudas pendientes se repita el fenómeno de la UP?
‒Sí, por supuesto que es una posibilidad. No como exterminio masivo, pero cuando se mira la estadística de sindicalistas asesinados, de líderes de restitución de tierras, de mujeres líderes agrarias, uno se da cuenta de que el paramilitarismo está vivo.

Temas

Dejá tu comentario