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Femicidios vs. Feminicidios: ¿Sinónimos o vista gorda del Estado?

Como a mí me gusta mucho esto de usar bien el lenguaje y tengo la creencia de que a Sr. Inocento se lo llevaron preso hace rato, vengo a contarles por qué y cuándo debe usarse un término u otro.

Ante la ola de crímenes contra mujeres que estamos sufriendo en Jujuy, escuchamos que se habla livianamente de “femicidios” cuando en realidad el término correcto en estos casos públicos es: FEMINICIDIO.

La enorme diferencia estará en el rol desidioso del Estado y por ello es que no es casual que se use el término incorrecto para referirse a estos crímenes, ya que disimuladamente intentan deslindar al Gobierno de responsabilidad. Pues, no mi rey, acá no te la dejamos pasar tan fácil.

Nos encontramos hoy parados ante una ola de asesinatos de mujeres que tiene como Provincia punteando el ranking nacional a nuestro querido Jujuy. Este fenómeno no es nuevo, ni local, lleva siglos cobrándose nuestras vidas y siendo bandera de luchas incansables de mujeres, colectivos feministas y Organizaciones de todo tipo.

Entrado en el segundo párrafo de ésta columna, me desdoblo para cuestionarme a mí misma: ¿será que es una “ola de asesinatos de mujeres”? ¿o es un fenómeno que siempre estuvo en invisible y ahora se siente como un brote cuando en realidad lo que pasó es que lo visibilizamos? Me queda la pregunta latente en la conciencia y espero que a ustedes también.

¿Jujuy siempre fue una provincia tranquila o siempre secuestraron mujeres, las torturaron y mataron con alevosía en crímenes cubiertos por el silencio de las instituciones? ¿Será esta mal llamada “ola de femicidios” lo que en verdad es la visibilización de la crudeza de nuestras ciudades jujeñas y la tibieza de los que deben protegernos que comenzó a vislumbrarse?

No suelo arrancar columnas colmadas de preguntas, pero el tema que elegí de debut me obliga a ello, porque sin ello, sin cuestionar la realidad, no tendremos el puntapié inicial para ponerle nombre a esa realidad que nos azota en la cara cada vez que leemos en los diarios que hay otro hallazgo fatal de una hermana nuestra. Lo que me lleva el título en cuestión: femicidio o feminicidio.

La cuña del término comienza en inglés: femicide y le da nacimiento, ya en 2006, Diana Rusell al utilizarlo en el Tribunal Internacional de Crímenes contra las Mujeres. La traducción en español se dio de manera doble, siendo conocido en algunos países como femicidio y en otros como feminicidio, en algunas ocasiones se usó de manera indiferenciada.

El común denominador entre ambos conceptos es que se refieren a los asesinatos de mujeres que expresan la violencia de género, pero entiendo que no son sinónimos propiamente dichos, tienen un fondo común pero eso no los hace sinónimos, sino que los vuelve conceptos relacionados.

El término femicidio parece ser, por lo que dicen las distintas doctrinarias (Diana Russell, Marcela Lagarde, Julia Monárrez Fragoso, Lucía Melgar y Rita Segato), un término más genérico, más propio de la tipificación penal donde el óbice principal es calificar la actividad humana: asesinato de una mujer por violencia de género. Lo veo usado con liviandad, para ser aplicado laxamente a todo lo que entra en esa definición.

Pero el término feminicidio, que sigue siendo el asesinato de una mujer en expresión de violencia de género, conlleva además contextualizar ese asesinato en un fenómeno social cuya causa no está aislada de la estructura social y por lo tanto debe concluirse que es un término teórico y con sentido político.

Diana Russel y la traductora del término en inglés, la mexicana Marcela Lagarde, ponen en relieve la cuestión del machismo y de la misoginia como responsables por la muerte violenta de las mujeres. Los casos de asesinatos son los más fáciles de reconocer para abrazarlos dentro de éste concepto de feminicidio, pero también incluyen ellas a las muertes por abortos, por clirectomía y hasta por tipos de cáncer frecuentes en mujeres. Todo ello tiene de común denominador a una acción u omisión social y estatal que explica la ocurrencia de los mismos.

Así se entiende que las mujeres en general somos sometidas a un conjuntos de vulnerabilidades que resultan finalmente en nuestra muerte. Por lo que el feminicidio no debe verse como una extracción de muestra aislada, lo que antes mal llamaban “crimen pasional” casi como si fuera un hecho fortuito e insólito, el feminicidio no es sinónimo de femicidio ya que conlleva una contextualización esencial de una concatenación de vulneraciones que sufrimos en un escenario preparado para ello, y donde el entregador -ya sea desde su acción o desde su omisión- es el Estado también.

En conclusión, abono lo ya dicho por Teresa Peramato Martín, hay feminicidio cuando el Estado no da garantías a las mujeres y no crea condiciones de seguridad para sus vidas en la comunidad, en el hogar, en el lugar de trabajo, en la vía pública o en lugares de ocio. Es una situación de absoluta o patente inactividad de los Estados para la persecución y evitación de tales crímenes.

Leemos en los medios periodísticos que se habla de “femicidios”, escuchamos varios discursos -del Gobernador Provincial, del Ministro de Seguridad, de Fiscales, de la Secretaria del Consejo de la Mujer, etc.- aduciendo a los hechos el término “femicidio” también, pero también escuchamos a doctrinarias que discursearon ante la Legislatura Provincial diciendo “feminicidio” y leemos a muchas de ellas también que publican o disertan en los foros especializados de la materia Género.

Parece una nota minúscula, una diferencia imperceptible, pero esa sílaba de más que trae aparejado la palabra “feminicidio” viene a acarrear una evolución conceptual importantísima, que debemos saberla a fin de usarla, comprenderla y exigirla como ciudadanos.

Cuando Jujuy se volvió tendencia nacional del horror por las múltiples noticias de mujeres desaparecidas y muertas que continúan sucediendo, todos comenzamos a visibilizar inconsistencias respecto de las autoridades e instituciones que debían cuidar a estas mujeres desaparecidas, y por ende, cuidarnos a todos.

Comenzaron las graves denuncias de inacción respecto de la Policía Provincial, la escandalosa inacción del Ministerio de Seguridad que no arbitraba búsqueda alguna, Comisarios inoficiosos, el estrepitoso mutismo del Consejo de la Mujer (una oficina con alto rango creada justamente a éste fin), los informes del COE donde salía el Gobernador discurseando no referían ni un tibio pésame a las familias desesperadas que buscaban a sus hijas… silencio, inacción, tibieza, torpeza, vista gorda, inutilidad, desaprensión, apatía… de parte de nada menos que del Estado Provincial.

Ese estado que se llevó los votos y con ello las esperanzas ciudadanas que confiaron en él, hoy rompía el corazón de los jujeños al dejarlos abandonados, hoy era la cereza que culminaba en asesinatos de mujeres que no fueron siquiera buscadas, que no fueron protegidas cuando realizaron la primer denuncia de violencia de su pareja, que no fueron encontradas, que fueron brutalmente asesinadas. Vidas que no sólo se cobró el asesino fáctico, el que la vulneró físicamente, sino que hay un asesino mediato, el Estado que prepara el escenario cómodo, silencioso y vedado donde se perpetra el crimen, en vez de articular sus MUCHOS MEDIOS para evitarlo. El Estado se vuelve co-verdugo, telonero, facilitador, el Estado machista que genera plataforma ideal para que el machista ejecutor se cobre otra vida más de nuestras hermanas.

Ahora bien, lo que hasta aquí parece una reflexión unilateral y propia, viene de una tendencia internacional, de doctrinarias que conceptualmente desarrollaron este escenario y diferenciación conceptual que les comencé a contar.

El uso de la palabra es primordial, marca en la consciencia colectiva la comprensión de la realidad. El uso de los términos por los que nos hablan, nos informan y nos discursean no es casual. Permítanme opinar y descreer que es casual que hablan de femicidios, cuando estamos ante hechos de feminicidio.

Que esa elección del término no es espontánea, sino que es pensada, pensada por los titiriteros de la sociedad que pujan los hilos machistas para que no descorramos el velo y veamos finalmente la alarmante profundidad de la problemática social y política que son los feminicidios, y junto a ello descubramos los muchos cómplices y partícipes necesarios que tiene para continuar vulnerándonos, entre los cuales se encuentra el Estado aún machista, aún primordialmente patriarcal, aún verdugo de mujeres. Por lo que será el deber de las militantes generaciones actuales y venideras: continuar visibilizando ésto, lucharlo y hacerlo caer, hasta inexorable y perpetuamente cambiarlo.

Pachi Tabera

Abogada

32 años

Presidenta del Círculo de Abogadas

Presidenta de la OCUJ

Titular Estudio Jurídico Quiroga & Tabera

Asesora de la Legislatura Provincial de Jujuy

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