Mesa del litio acuerda con el CFI, pero evita debatir regalías
Las provincias del norte firmaron un acuerdo para impulsar inversiones en litio, pero evitaron debatir el esquema de regalías. En medio del boom del “oro blanco”, crecen los cuestionamientos sobre cuánto queda realmente en las arcas provinciales y si el modelo actual favorece más a las empresas que al Estado.
Se reunió la Mesa del Litio en Jujuy junto a las provincias de Salta y Catamarca, donde se rubricó un acuerdo con el CFI. Los gobernadores destacaron la importancia de coordinar políticas públicas para atraer inversiones y garantizar un crecimiento sostenido.
A partir de esto, surge una comparación inevitable entre el modelo que aplica Jujuy y los esquemas que se observan en otras regiones, como San Juan o incluso Chile.
Si se analiza el mapa del litio en la Argentina, aparece una discusión que parece técnica, pero es profundamente política: quién se queda con la renta extraordinaria de un recurso estratégico a nivel global. Es allí donde comienzan a marcarse diferencias claras entre lo que hacen provincias como Jujuy, Salta o Catamarca y lo que empieza a plantearse en San Juan.
En el norte argentino, el esquema es conocido: regalías del 3% sobre el valor “boca de mina”, es decir, calculadas antes de la exportación y con deducciones que, en la práctica, reducen significativamente lo que perciben las provincias. A esto se suman intentos de capturar mayor valor a través de herramientas complementarias, como el caso de Jujuy con JEMSE —un organismo cuestionado por la falta de rendición de cuentas— que participa como socio minoritario en los proyectos. Sin embargo, el corazón del sistema sigue siendo el mismo: un esquema fijo que otorga previsibilidad al inversor, pero resigna ingresos en contextos de precios altos.
Al cruzar la cordillera, el contraste es evidente. En Chile se avanza hacia esquemas de regalías progresivas, donde la participación del Estado aumenta cuando sube el precio del mineral.
En este contexto, Jujuy mantiene un modelo más conservador, aunque con zonas grises en torno al negocio del litio. Por su parte, en San Juan,aún sin ser un actor relevante en la producción, comienza a discutirse una alternativa más flexible: regalías variables atadas a la rentabilidad real del proyecto. Es decir, si el precio del litio baja, la carga para las empresas se mantiene moderada; pero si se dispara, el Estado captura una mayor porción de esa renta extraordinaria. Un esquema más cercano a un impuesto a la renta minera que a una regalía tradicional.
El debate de fondo no es menor. No se trata de espantar inversiones, sino de encontrar un equilibrio entre atraer capital y evitar la subvaluación de recursos estratégicos.
Si el litio es el nuevo “oro blanco”, la pregunta sigue abierta: ¿quién se queda con la mayor parte del negocio, las empresas o las provincias que son dueñas del recurso?