
“Mujer” por Francisco Santos.
SARA SAN MARTÍN

“…Este prodigio mío no rendirá sus flores…”
Presentamos poemas de Sara San Martín, docente universitaria y de secundaria, profesora de Filosofía y Pedagogía. Nació y estudió en Tucumán, luego vivió en Salta, Cerrillos, desde que se casara con el poeta, músico y compositor salteño Arturo Dávalos en 1949.
Murió en 2001 en esa ciudad.
En sus poemas se nota un lirismo de cósmica solidaridad con el hombre, esa solidaridad tan ansiada, sobre todo en estos momentos.
Realizó sus estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán. Y participó en la vida literaria del norte argentino junto a otros poetas en la fundación del grupo La Carpa, generación del cuarenta.
La Carpa es un reconocido movimiento artístico literario de relevancia en la literatura argentina, un hito en la literatura de las provincias de Jujuy, Salta, Santiago del Estero y Tucumán. Este grupo estaba liderado por el poeta jujeño Raúl Galán e integrado por Manuel Castilla (Salta), Julio Ardiles Gray (Tucumán), Raúl Aráoz Anzoátegui (Salta), María Elvira Juárez (Tucumán), Carola Briones (Santiago del Estero), Omar Estrella (Tucumán), María Adela Agudo (Santiago del Estero), Víctor Massuh (Tucumán), Nicandro Pereyra (Santiago del Estero) y Alba Marina Manzolillo (Tucumán).
INTERMEDIO
Atardeciendo ya con tantas mariposas
y con nubes quebradas donde hace el sol su rictus,
ni el horrible dolor me tornará de piedra,
ni en milenarias sombras me ocultará el abismo.
Dejadme reposar de recodos y sendas
y por si no fui clara, tornarme un mediodía.
Yo crucé este camino resuelto por la lluvia
despeñado entre riscos, con su alma entre la mía.
Y no helarán los cierzos, ni arderán más las viñas,
ni importará que arrasen vientos de otras regiones.
Este prodigio mío no rendirá sus flores.
Ya no podrá la vida herir ninguna espera,
con tantas mariposas no podría estar triste.
Este beso gris-claro que me entrega la suerte
es para todo otoño y toda primavera.
Intermedio de mi alma, donde iré a recogerme
cuando los bordes claros me calcinen de asombro,
y los ríos oscuros me arrojen a la muerte.
* *
HILANDO
Guardo mis espaldas
con el rocío de cada amanecer.
Yo nada tramo.
En el rincón más olvidado
de la casa
alguien hila por mí
en la Rueca del Sueño.
Ellos, los pescadores
de las redes rotas,
ellos sí.
Traman.
Guardan sus espaldas con azufre
con amuletos de alcanfor.
En la casa vacía
nadie hila por ellos
en el Huso de la Eternidad.

