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Compartimos un texto del escritor Juan Páez

Juan Páez nos hace llegar el siguiente texto narrativo que nos habla de un destello fugaz de la vida, de la felicidad. ¡Gracias Juan!

 

REGISTRO FOTOGRÁFICO | JUAN PÁEZ

 

“un pequeño animal que pedía aire”

Idea Vilariño

 

Aquella tarde volvíamos de viaje. Atravesábamos el litoral a toda velocidad porque Jorge adoraba el sonido energético del motor. Recuerdo que en un momento dejamos de hablar y, por unos segundos, me sentí dormir, sin embargo, una canción de Sandro me despertó: “No sé si tendrás en tu vida/ quien te dé cariño como lo hice yo/ No sé si podrán abrazarte/ después de amarte como lo hice yo”. Me desabroché el cinturón de seguridad y levanté los brazos para moverlos como si bailara en medio de una disco de los años ‘60. Jorge se reía. Subió el volumen de la canción, apagó el aire acondicionado y abrió todas las ventadas del auto. Giró su rostro, me guiñó un ojo y tiró un beso al aire que yo rescaté. Lo miré y le sonreí. Esa tarde supe lo que era volar en la alfombra de una canción. En la ruta, no había nadie excepto nosotros dos cortando el aire con el filo de la velocidad. Después me senté y miré por la ventanilla del auto cómo parte del horizonte perdía definición por efecto de la rapidez con que avanzábamos. Tomé unos lentes negros de una marca que Jorge adoraba, una botella de agua y volví a abrocharme el cinturón. En aquel entonces yo tenía 28 años y disfrutaba de la libertad del amor. Por fin, estaba lejos de todo lo que un niño bien debía ser, lejos de los mandatos de una vida cómoda, de los amantes que enviaban regalos y de las voces que me ataban al niño bien que para entonces ya detestaba. En aquel momento y frente a la geografía del litoral, sentí que mi pecho se abría al paisaje para absorber la vitalidad infinita de la selva. Al entrar a la ciudad, por primera vez, me sentí una princesa romana que llegaba con su esposo a tierras egipcias en un carruaje tirado por caballos de fuego. Ya con los vidrios polarizados arriba y aliviados por el aire acondicionado, puse nuevamente la canción de Sandro y lloré. Lloré porque en ese momento descubrí que la muerte, tarde o temprano, se lo llevaría, pero me supe fuerte. Lo besé con intensidad, tomé su mano y le dije: "Solo quiero que sepás que estoy llorando para que siempre te quedés conmigo". Me besó y dijo: "Yo también". Afuera del auto, el día se apagaba y se encendían las luces de las calles mientras que los otros coches ensordecían con sus bocinazos la ciudad.

 

Juan Páez, joven escritor salteño, (Rosario de la Frontera, 1984) vivió en San Salvador de Jujuy hasta 2013 y actualmente reside en Formosa. Es escritor, docente e investigador. Licenciado en Letras (UNJu). Autor de libros de poesía: música para aeropuertos (2013), árboles de agua (2017) y cuando vengas, te cuento (2018). En 2017, publicó La hija del inventor, un libro que reúne las entrevistas realizadas a escritoras y escritores de distintos puntos de la Argentina. 

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