Política

La intervención no es el daño; el daño al PJ tiene nombre propio

Las declaraciones de Rubén Rivarola sobre el supuesto daño que las intervenciones le ocasionan al Partido Justicialista de Jujuy parecen ignorar deliberadamente una realidad que gran parte de la dirigencia y la militancia viene señalando desde hace años.

Resulta llamativo que quienes condujeron al PJ hacia su estado actual pretendan presentarse ahora como víctimas de un proceso de deterioro cuya responsabilidad recaería exclusivamente en factores externos.

El vaciamiento político, institucional y moral del partido no comenzó con ninguna intervención. Tiene su origen en una conducción cerrada, personalista y funcional a intereses que poco tuvieron que ver con la defensa de los principios históricos del peronismo. Durante años, el PJ fue utilizado más como una estructura al servicio de un reducido grupo de dirigentes, entre ellos Rubén Rivarola, que como una verdadera herramienta de representación popular.

Mientras tanto, las voces críticas, los jóvenes militantes y quienes intentaron promover una renovación interna fueron sistemáticamente marginados, silenciados o empujados a abandonar el partido. Lo paradójico es que los verdaderos marginados fueron quienes quedaron afuera, mientras que los responsables de las derrotas permanecieron al frente del partido, sin legitimidad surgida de las urnas.

En este contexto, cabe preguntarse qué incidencia tuvo la prolongada y tóxica sociedad política entre Rivarola y Morales. Lejos de ejercer una oposición firme y responsable, el justicialismo conducido por Rivarola acompañó iniciativas del entonces gobernador que tuvieron un profundo impacto institucional, económico y financiero. El proceso de endeudamiento fue, quizás, el ejemplo más evidente. Rivarola acompañó esas decisiones. ¿A cambio de qué? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que ese endeudamiento comprometió a los jujeños por generaciones y debilitó el necesario control republicano sobre los actos de gobierno.

La crisis del peronismo jujeño no se explica únicamente por las intervenciones nacionales ni por decisiones tomadas desde Buenos Aires. Es el resultado de una larga acumulación de prácticas políticas que fueron alejando al partido de la sociedad y de sus propios militantes.

La recuperación de la normalidad partidaria difícilmente dependa del nombre del próximo interventor. Dependerá, sobre todo, de la capacidad de construir una nueva dirigencia, abrir espacios de participación y terminar con una conducción agotada, convertida en una verdadera "piantavotos", que ha llevado al PJ a convertirse en una fuerza desconectada de la realidad social.

No habrá reconstrucción política mientras quienes condujeron al partido durante años se nieguen a reconocer la responsabilidad que les cabe en la crisis que hoy atraviesa el justicialismo jujeño.