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La anarquía institucional puede esfumar el sueño del desarrollo en Perico

El inicio de un foro económico y productivo en la ciudad de Perico, presentado bajo la ambiciosa premisa de convertir a la localidad en un eje de desarrollo estratégico regional, obliga a poner una pausa necesaria al entusiasmo oficialista para confrontar el discurso con la realidad, con la mirada crítica que la situación amerita.

Resulta, cuanto menos, paradójico pretender sentar a la mesa a economistas de renombre y especialistas en comercio exterior cuando los cimientos institucionales de la ciudad no solo están agrietados, sino en un estado de vulnerabilidad alarmante. ¿Cuál es hoy la verdadera carta de presentación de Perico ante el mundo? No se puede tapar el sol con un dedo: la ciudad navega en un clima de anomia social, donde la calle parece haber sido cedida al desorden y donde el propio municipio, principal impulsor de este evento, es señalado como el primer infractor de sus propias ordenanzas.

Esta falta de apego a la norma no es un detalle menor. Es el caldo de cultivo ideal para la corrupción y un mensaje devastador para cualquier inversor serio. Hablar de integración con Chile —un país que ha hecho de la seguridad jurídica y la seriedad contractual uno de sus mayores activos— mientras en Perico se restringe el acceso a la información pública, incluso a los representantes del pueblo, equivale a intentar construir un rascacielos sobre un pantano.

La confianza no es un concepto abstracto: es un activo que cotiza en el mercado internacional. Y Perico hoy se encuentra en default de confianza. La inseguridad, el avance de la delincuencia y el drama del consumo problemático no son fenómenos ajenos a la economía, sino variables centrales que determinan si una inversión es viable o un salto al vacío.

Pretender posicionar a la ciudad en una relación estratégica norte-norte con Antofagasta sin antes “resetear” su institucionalidad y devolver el orden a la vida civil es, en el mejor de los casos, una improvisación peligrosa y, en el peor, un engaño que el mercado internacional no perdona. Sin transparencia ni rendición de cuentas, cualquier foro corre el riesgo de convertirse en una puesta en escena vacía de contenido.

Antes de invitar al mundo a invertir, hay que demostrar que somos capaces de gobernarnos a nosotros mismos bajo el imperio de la ley. Nadie arriesga su capital donde el derecho de acceso a la información es una utopía y la calle es tierra de nadie. Cuando se habla de Chile, no se trata de afinidades ideológicas ni de gestos diplomáticos, sino de una de las economías más institucionalizadas del continente, alineada con los estándares de la OCDE, que exige previsibilidad, reglas claras y transparencia como condición mínima.

Para un inversor de Antofagasta, la falta de acceso a información pública o la ausencia de rendición de cuentas del Ejecutivo municipal no son “problemas políticos locales”, sino indicadores rojos de riesgo que encarecen cualquier operación logística o comercial. No puede hablarse de un eje estratégico regional si el entorno social está marcado por una anomia que roza lo preanárquico y si el control efectivo del territorio no está garantizado.

La delincuencia y el consumo problemático no solo constituyen dramas sociales: también destruyen competitividad, elevan costos y desalientan cualquier intento serio de desarrollo. Por eso, este foro corre el riesgo de ser apenas un espejismo si no se comprende una verdad elemental: para exportar productos y servicios, primero hay que exportar confianza.

Esa confianza no se construye con anuncios ni con fotos de ocasión, sino con instituciones sólidas, respeto por la ley y rendición de cuentas. Chile no improvisa ni se deja seducir por discursos grandilocuentes. Busca socios con “los papeles en regla” y una paz social real. Y mientras Perico no encare un reseteo profundo de su institucionalidad, que devuelva el imperio de la ordenanza por sobre la discrecionalidad del funcionario de turno, cualquier sueño de desarrollo seguirá siendo apenas eso: un sueño.

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