Purmamarca, reivindicando el valor de la copla
Con el imponente marco de los cerros de siete colores, en la localidad de Purmamarca se realizará como todos los años desde 1983, el tradicional “Encuentro de Copleros”.
Hombres y mujeres que llegan desde todos los rincones de la provincia se disponen a cantar sobre los aconteceres de la vida, reunidos en el majestuoso paisaje del pueblo de Purmamarca.
Empiezan a correr los aires de carnaval y las coplas son un condimento que no puede faltar, porque el diablo también es alegre y cantor. Sin pedir permiso entra en el cuerpo de los habitantes, alegando que todo está permitido durante siete días o más, total después viene Semana Santa para pedir perdón.
Así como brota de la tierra el agua, es que brota la poesía en el alma de un coplero, que deja fluir en sus versos, nostalgias, alegrías y tristezas con la esperanza de mantener viva la cultura andina a través de los años.
Algunos discuten que las coplas sean originarias, porque aunque hayan sido transformadas, vinieron desde España. Lo cierto es que los pueblos andinos la tomaron y le infundieron su sello particular y hoy en día ya es parte de la identidad de la región.
En las coplas está presente la poesía tradicional con las rimas y la métrica exacta y la poesía espontánea que brota de los sentimientos para romper con lo establecido, marcando el estilo de cada recitador y su particular “tonada”.
Por otro lado en las coplas también está reflejada la singularidad de cada zona, dando cuenta de la riqueza en música y letras. No canta igual un coplero de la Quebrada a un coplero de las Yungas.
En estos tiempos de consumismo y globalización es importante volver la mirada hacia nosotros mismos y valorar nuestras costumbres.
Las rondas de copleros, los contrapuntos, la poesía y su transmisión a las generaciones siguientes, continuarán siendo una forma de resistencia cultural mientras se siga realizando el “Encuentro de Copleros”.

