Menores en fuga: Una problemática social que se acentúa
Tres casos de fuga de hogar, que involucran a menores fueron esclarecidos en menos de un mes. Todos con un común denominador: adolescentes con conflictos familiares y crisis de identidad.
Según las estadísticas, el 71% de los menores que se fugan de su hogar presentan estos rasgos, que son comunes cuando hay un estado ausente de políticas sociales ante una sociedad que se muestra vulnerable, cuando existe la falta de contención.
Un informe de Missing Children Argentina, da cuenta que “los casos de chicos que se van de su casa por voluntad propia no paran de crecer, y según se alerta, tienen como protagonistas a chicos de edades cada vez más bajas”.
Los casos de Antonella Ramos, Gloria Celeste Mendoza y Lorena Ariana Pérez, todas de entre 14 y 15 años, oriundas de La Quiaca, no son casuales. La fronteriza ciudad pasa por una difícil situación social que afecta sobre todo a los jóvenes, que no se sienten contenidos por políticas sociales que los alejen de problemas como la drogadicción o el alcoholismo, sino también de un permanente conflicto con los padres que surgen cuando dentro de las relaciones interpersonales suceden discrepancia de opiniones, expectativas no cumplidas o por factores de la propia convivencia cotidiana.
Cuando estos conflictos no son resueltos dentro del seno familiar, o no se desarrollan habilidades que favorezcan su solución, entonces se genera con el paso del tiempo, una separación afectiva entre los miembros o la convivencia se basa en emociones negativas como enojo, tristeza, rencores, etcétera.
Es allí donde el joven empieza a buscar sustento en otros entornos, amistades, compañeros de colegios, novios o hasta en personas extrañas.
En un contexto familiar el conflicto se sobreactúa entre los hijos y sus padres sobre diversos asuntos cotidianos, como normas, reglas, límites, comportamiento, formas de opinión, etcétera. Así se acentúan las discrepancias entre los progenitores que esperan de sus hijos algo más y su comportamiento real.
En esta alarma, la mayoría de los menores aparece a los pocos días, según aclara Children Argentina. Pero hay un dato para tener en cuenta, “todo indica que los nenes buscan la fuga de su casa a edades que antes no lo hacían”.
En este contexto, y según los expertos, las fugas de hogar están más vinculadas a las turbulencias adolescentes, e incluso que esas fugas se hacen más notable a fin de año, que es la época en la que aparecen los conflictos familiares relacionados con los exámenes o el fracaso escolar.
En los tres casos de La Quiaca, se denota una falta de contención familiar, de comunicación y de afecto entre padres e hijos. Pero en uno de ellos, habría episodios de violencia física o psicológica que llevaron a la adolescente a tomar la decisión de irse de su casa.
Buscar razones, implica escarbar en las políticas sociales de una comunidad. Si no hay políticas de contención en lo deportivo, cultural, social y recreativo en el ámbito barrial o en los mismos establecimientos educativos, los jóvenes buscan la asociación con amigos, reuniones en plazas o en ambientes pocos adecuados y allí comienzan las conspiraciones.
Está claro que en el caso de Antonella y Gloria, hubo una confabulación entre varias amigas, al menos cuatro, para fugarse de sus hogares. La influencias de personas extrañas al ambiente familiar, fue determinante en estos casos, como el novio de una de ella y posiblemente otras personas que facilitaron la salida del país y su traslado a lugares muy distantes de su domicilios.
Algo similar ocurrió con Ariana Pérez, que se fugó con su novio un menor de 18 años. En primera instancia buscaron refugio en la vecina provincia de Salta, de allí los familiares del joven no quisieron darle contención debido a que se trataba de una menor quien lo acompañaba. Posteriormente se trasladaron a Mendoza y de allí a Tucumán donde finalmente fueron encontrados.
Muchas veces el grado de conflictividad familiar alcanza niveles de una gravedad tal que empuja al chico a ponerle el cuerpo a una decisión que ni siquiera comprende en su verdadera dimensión. Pero en muchos otros casos, huyen con adultos, lo que constituye un delito grave, especialmente si hay intimidad entre ellos.
Los profesionales coinciden en que los más perjudicados suelen ser los mismos menores, pues se exponen a ser secuestrados, torturados, explotados sexualmente y hasta asesinados.
También es inconcebible que dos menores (por Antonella y Gloria) puedan viajar libremente, que hasta le hayan permitido comprar un boleto y cruzar la frontera sin ninguna autorización, control de fuerzas de seguridad, etcétera.
Un Estado ausente
Cuando un estado está ausente, la problemática social tiende a acentuarse. No es casualidad, dijimos más arriba, que tres menores de La Quiaca se fugaran de sus hogares. En esta ciudad también se busca a Ariel Llampa, otro joven que ya lleva más de un año desaparecido y que según presunciones policiales, estaría por la zona ahuyentado por problemas familiares.
El principal rol que tiene el estado es brindar bienestar a la sociedad. Eso significa, incluir en su plataforma electoral, políticas de contención, inclusión y desarrollo, sobre todo destinado a los jóvenes y adolescentes.
Desde un simple espacio para el desarrollo del deporte y programas culturales, que contribuyen a la contención de esta franja de la sociedad. Además se necesitan políticas educativas de inclusión, como por ejemplo desarrollo de competencias interescolares, ferias de ciencias, etcétera, para que el joven tenga un espacio para desarrollar su intelecto.
Los problemas sociales son asociados con la conducta de los jóvenes, y es allí donde el Estado debe estar presente. De lo contrario, esa conducta tiende a agravarse y surgen los conflictos a los que ya estamos acostumbrados y que podrían evitarse, como la fuga de hogares.

