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La nueva Maternidad es la expresión del relato superado por la realidad

El régimen de Eduardo Fellner sigue apostando al fracaso; su brújula sigue orientada hacia el atraso y la marginalidad. Este destino, encuentra en el mandatario a su máximo responsable y cuenta con la colaboración de gran parte de su gabinete y aplaudidores.

Desde que Fellner llagó a la gobernación provincial no logró exhibir ningún logro en materia de política sanitaria, los índices son cada vez peores, la estructura sanitaria se cae a pedazos y con un modelo sanitarista como la estructura democrática de la provincia.

El fellenrismo pretende seguir con un modelo sanitario de caridad, desconociendo los derechos que tienen las personas de acceder a un servicio acorde a los tiempos que corren.

La salud sustentada en un modelo de caridad era el imperante durante los gobiernos con esquemas feudales, hasta que Ramón Carrillo cambió radicalmente ese paradigma, aunque aún hay modelos como el fellnerismo que rememora esas épocas.

La nueva maternidad es otro claro ejemplo del fracaso fellnerista, fue comprada llave en mano y sin embargo la foto donde se mostraba a Saúl Flores al pie de un camión descargando muebles viejos fue lo suficientemente elocuente, para demostrar que a pesar de haberlo pagado llave en mano, los faltantes eran alarmantes.

A la falta de mobiliario, también debe sumarse la falta de equipamiento, a decir de los médicos, en la unidad de neonatología solo hay cuatro incubadoras viejas y defectuosas en su funcionamiento, esto simplemente a manera de ejemplo en cuanto al equipamiento médico.

También están las fallas edilicias, hay cuestiones elementales que no fueron cumplidas por la empresa contratada por Fellner, por el entonces Ministro de Infraestructura Fernando Frías y por el de Salud Víctor Urbani.

Los zócalos hospitalarios brillan por su ausencia, los quirófanos no cuentan con las puertas adecuadas, faltan paneles de oxigeno y las bachas tampoco son las hospitalarias. Esto es para citar solo algunos ejemplos.

Como si esto fuera poco, los quirófanos están en el último piso, y no hay rampas para trasladar los enfermos. Todas estas fallas muestran a las claras que lejos de pretender construir un hospital, el gobierno de Fellner dejó librada a criterio y los costos de la empresa lo que quizás podría haber sido un emblema de su gestión y terminó siendo un enorme monumento al fracaso, y la indolencia de una administración.

Con la llegada de Flores, comenzaron a soplar aires nuevos, aires que traían consigo aromas de modernización y profesionalización de los servicios de salud. Sus pergaminos por lo menos daban cuenta que se trataba de un hombre con la capacidad técnica necesaria para producir el cambio ineludible.

Flores comenzó a bajar un mensaje que al parecer era el esperado por el equipo de salud, poner los efectores públicos al servicio de la población, modernizar los procesos de asistencia, hacer eficiente la gestión en los hospitales y centros de salud, trabajar con cuadro de comandos e informatizar las historias clínicas entre otras cosas.

Por supuesto que en todos estos anhelos de Flores también estaba la profesionalización del equipo de salud, entendiendo que en un efector sanitario lo que menos hace falta son todologos, sino personas que sepan hacer con eficacia los distintos trabajos que se requieren en una institución de salud, desde curar a una persona hasta limpiar correctamente el piso.

Este mensaje contagió a los directores de hospitales, que comenzaron a trabajar en el nuevo modelo que se pretendía imponer desde la cartera sanitaria, sin embargo, las buenas nuevas pronto comenzaron a diluirse cuando desde el poder político comenzaron a mirar con recelo los cambios que se proponían.

Para Flores la nueva maternidad representaba todo un desafío, primero debía poner el edificio en condiciones, comprar el equipamiento médico necesario y el mobiliario suficiente. Paralelamente por premuras políticas la maternidad debía comenzar a funcionar.

Armando Berruezo era el encargado de apresurar los tiempos, tenía que funcionar como sea, aunque no esté en condiciones.

Para eso algunos trabajaban a destajo con el fin de que se produjera el primer parto, mientras el equipo trabajaba, hasta la maternidad llegó una docena de personas reclamando sus designaciones, todos pertenecientes a la Fundación Andina que preside Liliana Fellner, eran personas que no tenían especialidad alguna para trabajar en la maternidad, eran punteros políticos que pretendían una renta a cambio de la militancia, obviamente apadrinados por la senadora y hermana del gobernador.

Fuentes seguras confiaron a Jujuy al Momento que fue el propio Flores quien desestimó las pretensiones de Liliana Fellner, lo que habría provocado la ira de la senadora generando una áspera discusión con el ministro quien se mantuvo en su postura y no firmó las resoluciones para nombrar los militantes de la Fellner.

A partir de ese momento los días de Flores comenzaron a tornarse oscuros, a viva voz se comenta que es el propio ex ministro Víctor Urbani, quien desde las sombras y con el aval de Berruezo, procura por todos los medios boicotear la gestión del sanitarista.

Las miradas desconfiadas también alcanzan al Secretario de Planificación, Adolfo Pereira Rozas y al Secretario de Coordinación, Marcelo Abud, quienes estarían encolumnados en coronar a un nuevo ministro.

Armando Berruezo ya le habría acercado a Eduardo Fellner el “natural” reemplazante de Flores, nominando a Daniel Palumbo, hombre de la más estrecha confianza de Berruezo.

Flores está pregonando en soledad, el eco que encontró en el equipo de salud no lo encontró en poder político provincial.

En el palacio de calle San Martín aseguran que los días de Saúl Flores como ministro están contados, solo esperan que su figura se desgaste más y así justificar un cambio que se pergeña desde el momento mismo que el sanitarista llegó a la cartera sanitaria.

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