El Qhapaq ñan ahora pertenece a la humanidad
Mucho se ha hablado en los últimos días acerca del Qhapaq ñan o Camino del Inca… Pero ¿De qué se trata en realidad?
El Camino del Inca es sin lugar a dudas una gran obra de ingeniería e ingenio, que deja a las claras, que los incas poseían un profundo conocimiento de la geografía y un gran sentido de la organización y geopolítica.
La 38ª sesión del Comité de Patrimonio Mundial de la UNESCO se desarrolló en Doha, Qatar, y fue la ocasión para declarar como Patrimonio de la humanidad, en la categoría “itinerario cultural”, al camino que se extiende más de 20 000 kilómetros en paralelo al Océano Pacífico. El legado incaico une Colombia con Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina y Chile. En nuestro país recorre las provincias de Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja, San
Juan y Mendoza, donde se encuentra el Puente del Inca.
La arquitecta cubana Ángela Rojas fue quien tuvo la responsabilidad de hacer el relevamiento del Camino del Inca, en su calidad de veedora del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios y enviada por Unesco. Visitó todas las provincias argentinas que incluye el Camino del Inca, inclusive Jujuy, acompañada de la directora del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano, Diana Rolandi y la coordinadora de la Gestión Participativa, Victoria Sosa.
Diana Rolandi, directora del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano, comentó: "Este proyecto se inició en el año 2001, a pedido de la República del Perú, para que el conjunto de países que integran este Camino, reclamaran no solo la declaración de Patrimonio Mundial, que si bien es muy importante, lo más destacado es que éste es un Patrimonio Cultural único, ya que está integrado por seis países que tienden a desarrollar y preservarlo para el futuro de las propias comunidades”.
La especialista aseguró: "Es un trabajo amplio y profundo con más de 28 reuniones entre los países involucrados, un expediente de 2.600 fojas y más de 400 mapas, con un relevamiento topográfico de cada tramo. Geopolíticamente esto representa la unidad de los países andinos".
Entre los siglos XV y XVI, a lo largo de prácticamente toda la Cordillera de los Andes, construyeron y potenciaron una red de senderos y caminos, jalonados por sitios específicos como tampus o tambos, chaquihuasis (casas de los chasquis o mensajeros), puestos de observación, puestos administrativos de control y peaje de los centros de producción minera, agrícola, ganadera entre otros, a lo largo de miles de kilómetros desde el Sur de Colombia, hasta la altura de Mendoza y Santiago de Chile.
Todos los caminos trazados por los antiguos habitantes de estas tierras, tenían una vinculación directa con Cuzco, la ciudad sagrada, lugar de residencia del Inca y las deidades. El Cuzco estaba ubicado en un lugar geopolítico estratégico, era centro neurálgico de todo el sistema.
El arqueólogo John Hyslop fue quien más se dedicó al estudio de la vialidad en el Imperio Incaico. En sus estudios publicados estima que los caminos arqueológicos vinculados con el período incaico, tienen una extensión aproximada de 23.000 Km, los que atraviesan gran parte de los países andinos y representan “la mayor evidencia arqueológica de la prehistoria americana”.
El Qhapaq ñan o Camino del Inca, era mucho más que una vía de comunicación que unía los diferentes puntos de la vasta geografía del Tahuantinsuyu; representaba la presencia simbólica del poder y autoridad del Estado Inca.
El camino estaba exclusivamente destinado a tareas estatales y existía un riguroso control mediante puestos de peaje, de observación y de vigilancia, distribuidos de manera equidistante y conectada visualmente entre sí.
Los caminos incaicos fueron construidos con una finalidad práctica en función del tráfico pedestre de hombres y llamas que eran muy utilizadas para el traslado de minerales y productos de toda índole entre diferentes regiones del imperio.
A pesar de los miles de kilómetros en que se entretejen estos caminos arqueológicos, existen similitudes constructivas, que los hacen característicos y únicos.
Donde el terreno era aplanado trazaban una línea perfecta, a veces de varios kilómetros, como el caso de la recta de Tin Tin. Otro elemento distintivo, fue el de unir dos puntos o localidades empleando la menor distancia posible, sin por ello olvidar u obviar la disponibilidad de agua y la menor inclinación del terreno.
Las diferentes técnicas aplicadas a la construcción de estos caminos, se adaptaban sobremanera a los viajeros, cuyo objetivo se orientaba a reducir a la mínima expresión el esfuerzo y desgaste físico.
El alto grado de sofisticación constructiva está representado por los puentes fijos, puentes voladizos de madera o roca, puentes colgantes, puentes flotantes, escalinatas, cables carriles, rampas y enormes taludes o paredes artificiales, construidas sobre precipicios y laderas abruptas, a fin de mantener la línea del camino y el nivel altitudinal.
Los caminos en el N.O.A. estuvieron asociados a la actividad minera en las zonas altas, y a la agricultura en las bajas; también a fuentes de aguas termales.
Entre las características constructivas registradas en los caminos incaicos de la provincia tenemos, por ejemplo, caminos empedrados, enlajados, encerrados por muros, con taludes o muros de contención, con canales de desagüe cubiertos bajo el nivel del camino o abiertos sobre el mismo, con escalinatas, entre las más representativas.
Existen caminos que ascienden por pendientes que oscilan entre los 40 y 70 grados de inclinación, donde los laboriosos constructores debieron cortar la roca para que pase el camino. Cabe aclarar que estamos hablando de rutas con un ancho promedio de tres metros y generalmente ubicadas por arriba de los tres mil metros de altura sobre el nivel del mar. Como en el Perú, se encuentran también puentes de madera y roca que salvaban los vanos de las quebradas y cárcavas profundas. Además, caminos que conducen hasta los elevados santuarios de altura, como el caso del volcán Llullaillaco (6.739 m), el Nevado de Chañi (5.900 m), Nevado de Cachi (6.380 m), Nevado de Acay (5.716 m), entre otros.
Los caminos incaicos en Jujuy poseen una gran riqueza patrimonial; su estudio arrojó nuevos datos para el registro arqueológico, hecho que propone una revisión para todo el ámbito andino.

