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Juan-Jacobo Bajarlía: un eterno vanguardista

Segunda Parte

El escritor y doctor en Psicología Social, Antonio Las Heras, nos envía el siguiente ensayo sobre la personalidad y obra del escritor JUAN-JACOBO BAJARLIA donde expresa su admiración por él.

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Juan-Jacobo Bajarlía y Antonio Las Heras.




"... la palabra se esconde en lo más profundo del corazón y para hallarla es necesario que la sangre suene en el canto de los pájaros."


JUAN - JACOBO BAJARLÍA

UN ETERNO VANGUARDISTA

Horas duraban las reuniones en el café situado en la planta baja del edificio donde Bajarlía tenía su estudio de abogado penalista y criminólogo. Acompañándole allí recordamos – siempre callado, concentrado en sus labores también de abogado – a su hermano Samuel. En torno a las cinco de la tarde, Jean-Jacques “bajaba” al café. Allí ya podía estar alguno de nosotros esperándolo. El encuentro – salvo que el autor de “Drácula, el Vampirismo y Bram Stoker” tuviera que dar una conferencia, participar en una mesa redonda o un curso – duraba hasta poco antes de las veintiuna, momento en que partía a la frugal cena hecha por Enriqueta Mayo, su mujer que lo esperaba en su casa. En esa mesa pude conocer a Héctor Lastra ya consagrado novelista que también había conocido los problemas de la censura en 1973 cuando publicó “La boca de la ballena”, que fue prohibida por el gobierno municipal de entonces y simultáneamente galardonada con el Tercer Premio Municipal; el periodista, crítico y escritor Juan Carlos Licastro quien conducía el programa “Informe sobre Buenos Aires” en la entonces Radio Municipal, el tapicista Humberto Funes Martínez, Jorge Asís – quien vendía libros personalmente en quioscos y librerías –, Federico Andahazi por entonces inédito y dedicado a la Psicología y que luego escribiera su segunda novela “Las piadosas” basada en ciertas investigaciones sobrenaturales realizadas por Jean-Jacques; el escritor y periodista Otto Carlos Miller; Jorge Zicolillo periodista que por entonces escribía cuentos y que dedicaría a Bajarlía una de sus novelas más exitosas: “Damasita Boedo y el enigma de la muerte de Lavalle” y el entonces juez Tibor Chaminaud con quien, en 1983, Bajarlía dirigió el único número publicado de la revista “Referente/El Ojo que mira” título de claras influencias lacanianas. Porque si bien había sido un ávido lector de las obras completas de Sigmund Freud en la prolija y completa edición realizada por la porteña empresa Santiago Rueda Editor así como también de “Psicología y Alquimia”, “La interpretación de la Naturaleza y la Psique” y otros textos de Carl G. Jung; Juan-Jacobo abrevó ni bien pudo en Jacques Lacan (el parisino relector del Psicoanálisis freudiano y expulsado de la Asociación Psicoanalítica Francesa) encontrándolo “esclarecedor y fascinante” para usar sus propias palabras.

“Fijman: poeta entre dos vidas” (1992) y “Alejandra Pizarnik. Anatomía de un recuerdo” (1998) son dos ensayos producto de sus experiencias personales.

Sobre Jacobo Fijman, internado en un hospicio, escribió Bajarlía: "…quizás era el más grande poeta de la generación del 22; mucho más que todos los que en aquella época estaban promocionados por todos los medios. El más grande, pero estaba en el manicomio, donde padeció durante 29 años el olvido y el desprecio de los que alguna vez lo habían glorificado".

En el ensayo sobre Alejandra, reitera lo que sus amigos le habíamos escuchado cada vez que alguien preguntaba. Que Pizarnik no se suicidó y que jamás tuvo deseos de semejante cosa. “Ocurrió – afirmaba enfáticamente – que Alejandra tomaba píldoras por los dolores corporales que sentía. Pero era olvidadiza. Estoy seguro que la sobredosis fue producto de haber ingerido el medicamento varias veces pensando que no lo había hecho.”

En 1997 volvió a ser eje de otra polémica literaria. Desde las columnas del suplemento dominical de cultura del matutino porteño La Nación, publicó una serie de artículos buscando demostrar que Jorge Luís Borges sí había escrito una novela. Se trataba de la obra titulada “El enigma de la calle Arcos” firmada por el seudónimo Sauli Lostal; que fuera publicada – por capítulos – en el diario Crítica (1932) y como libro un año después. El escándalo generado se mantuvo encendido por tiempo prolongado.

Fue colaborador del diario Clarín ejerciendo, inclusive, como director interino de su suplemento literario. Columnista habitual en los diarios La Nación (Buenos Aires); La Gaceta (Tucumán), La Prensa (Buenos Aires), Los Andes (Mendoza), La Capital (Mar del Plata) y en las revistas Umbral: Tiempo Futuro; Magazine, Apofántica, Lilith, Gaceta de Parapsicología, La Semana, Noticias y en la edición argentina de Play Boy donde en cada número aparecía una página con su firma.

Uno de los últimos artículos que envió a revista Noticias – que no fue publicado – trataba sobre la movida “ciber punk.” Exacta muestra que ni aún con más de 90 años y enfermo, abandonaba la vanguardia. A más abundamiento, tenemos que recordar que en ese tiempo escribía usando una notebook, la que había aprendido a utilizar rápido y con gran maestría.

Hay dos documentales sobre su vida. Bajarlía, desandando el tiempo (2003)y Bajarlía (2005) un mediometraje que refleja la otra faceta del escritor, sumergiéndose en aquellos lugares poco visitados de su extensa obra literaria. Este film dirigido por Roberto Benemio con guión de Diego Arandojo, brinda una pincelada oscura y tenue sobre el pasado, presente y futuro de la literatura.

El 25 de setiembre de 2007, con el Auditorio Jorge Luís Borges de la Biblioteca Nacional colmado de público – especialmente muchos jóvenes – sus colegas Liliana Heer, Víctor Redondo, Noé Jitrik y Federico Andahazi presentaron “El placer de matar” libro póstumo de Bajarlía. Aún muerto, el autor demostró seguir vivo.

“… la palabra se esconde en lo más profundo del corazón y para hallarla es necesario que la sangre suene en el canto de los pájaros.”

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