Cronología de un pésimo negocio
“Hoy es un día histórico, hemos vendido el ingenio de contado”.
La frase fue pronunciada el 3 de diciembre de 2017 por el ministro de desarrollo económico Juan Carlos Abud Robles, en el Salón Blanco de Casa de Gobierno, en una conferencia de prensa de la que participaron además el gobernador Gerardo Morales y Omar Leal, el supuesto CEO del grupo colombiano Omega que prometía el desembolso de 86 millones de dólares para quedarse con el ingenio azucarero de San Pedro, quebrado hace dos décadas y mantenido desde entonces con dinero de los contribuyentes.
Papelones y mentiras públicas mediante, la operación sufrió un estrepitoso fracaso, esencialmente por la falta de seriedad del inversor estrella traído por los funcionarios jujeños.
El 28 de mayo de 2019, un año y cinco meses después de aquella célebre frase, el juez Juan Pablo Calderón, en definitiva el responsable del destino de la fábrica y sus bienes, firmó una resolución mediante la cual autoriza una venta con ribetes escandalosos. El nuevo comprador, si por fin se concreta la operación, será el grupo tucumano Budeguer.
Se trata de una venta que, en resumen, se pactó bajo las siguientes condiciones:
Vista aérea de la fábrica de La Esperanza.
El gobierno concluye así un negocio, como mínimo cuestionable, por varios motivos.
El primero es la evidente intromisión en el rol de la justicia. Desde el momento en que el ingenio La Esperanza se funde, es la justicia, a través del juez de la quiebra, quien debe monitorear la administración del ingenio.
Para ello modificaron leyes provinciales - ayudados por los diputados oficialistas, con las manos siempre levantadas cuando se trata de proyectos que llegan desde casa de gobierno – y sometieron a una presión pocas veces vista al juez Calderón, que trató por todos los medios de emprolijar los engendros jurídicos que llegaban a su despacho.
Pasaron tres años y una sangría calculada en más de 2.000 millones de pesos invertidos en todo concepto para el funcionamiento del ingenio, y el resultado de la operación no llegará a cubrir en 15 años lo que esta gestión ya gastó en 3.
Se liquidó, además, un patrimonio que muchos consideran de los mas valiosos que hay en la provincia en una operación rodeada de oscuridad y cuestionamientos.
El ministro Juan Carlos Abud Robles (izq.), en una de las tantas veces que realizó anuncios sobre el ingenio La Esperanza. A su lado, el ministro de Trabajo, Jorge Cabana Fusz.
Pero además, el gobierno pagó un enorme costo político por extralimitarse en el tema.
El gobernador Morales denunció públicamente que habían “robado” dentro del ingenio, apuntó contra su antecesor Eduardo Fellner y algunos funcionarios de esa gestión, y prometió denunciarlos penalmente. Se desacreditó al no concretar ninguna presentación judicial.
Luego, cuando los rumores sobre la caída de la operación con el grupo colombianos arreciaban, desmintió públicamente a este medio en una conferencia de prensa, para reconocer tres días después que había mentido.
Todo eso le costó este discreto resultado. Si de una vez por todas, la venta del ingenio La Esperanza se concreta, será recordada como uno de los peores negocios que se hayan concretado desde el Estado.
A la derecha, Morales se da la mano con el "CEO" que iba a comprar el ingenio por 86 millones de dólares. A la izquierda, en la conferencia de prensa en la que ratificó aquella operación. Ninguno de los dos anuncios se concretó.