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Sobrevivir, el desafío de los luchadores de la calle

Una noche recorriendo San Salvador, deteniéndonos a mirar más allá de nuestra rutina, nos encontramos con los luchadores de la calle, esos que se ocultan a la sombra de una sociedad que los esquiva, esos para quienes sobrevivir cada día representa un verdadero desafío.

A ellos la vida no siempre les sonríe, despertarse y estar vivos es una bendición pero también dudas, inseguridad y tristeza. Muchas veces se ven solos, algunos sin techo, sin comida, sin nadie que les extienda una mano y les diga que salir adelante es posible.

Los "luchadores de la calle" son esos que permanecen casi siempre invisibles a los ojos de los demás, pero están, siempre están.

“Durante el día me las rebusco como puedo, vendo pulseras o salgo a mendigar puerta por puerta. De diez casas una o dos me colabora”, cuenta Fabián de 42 años.

Hace tiempo se despidió de Santa Fe, su provincia, y empezó a rodar por distintos lugares, instalándose hace un año en Jujuy. Nos cuenta que duerme abajo del Cabildo o donde le agarra la noche carcomiéndole los huesos.

“Me han preguntado por qué no me establezco en algún lugar, pero soy realista y creo que tanto como para uno y otro, en el mundo entero hay un Dios que es bueno. Muchos me han dicho ‘si crees en Dios por qué vivís de la manera en que vivís’, sólo Dios sabrá”.

Siendo un poco más atentos y observadores, nos encontramos con muchas personas como él que la pelean todos los días para sobrevivir, pero también pelean contra sí mismos, contra sus fantasmas, sus miedos, enfermedades y dolores.

Fabio de 53 años nos dice, “Cada vez hay más gente en la calle, más sufrimiento y hambre. A mí me gustaría que mejore el país, para todos en general. Yo tengo familia pero bueno, volver a mi casa es imposible”.

Para quienes padecen las adicciones, hay que hacer un punto aparte para el alcohol, porque lamentablemente Jujuy es una de las provincias en donde más se consume esta sustancia tramposa, que de un día para otro genera un grado de dependencia del que después es difícil salir.

Con una congoja en el alma que no se puede describir, Héctor de 41 años, expresó el deseo que comparte con muchos de sus amigos:

“Me gustaría dejar la calle y volver a mi casa, estar con mis hijos. Busqué ayuda, mucha ayuda para salir del alcohol. A mis hijos los amo, ellos son mi vida, nunca me voy a olvidar de ellos, si estoy acá no es por malo”.

A Ismael de 44 años un desamor lo dejó mal parado y nunca más volvió a ser el hombre trabajador que era: “Cuando trabajaba como taxista era cero alcohol, ahora me he vuelto alcohólico. Me cuesta dejarlo, quiero dejar y vuelvo de nuevo”.

En rondita se juntan por ahí, en donde las luces no dejen ver mucho, tal vez para no avergonzarse, o no sentir la desaprobación en las miradas despectivas de los demás.

Allá fuimos, a intentar meternos en esa comunión en la que sólo ellos se comprenden, porque son parte de un mundo que los comunes no entenderían, a menos que lo vivieran en propia piel.

Ya en el círculo nos acercamos a Rubén, hombre joven con mirada misteriosa que logró salir de la calle pero de vez en cuando vuelve a visitar a esos que por años fueron su única familia.

“De vez en cuando vengo, antes estaba como ellos pero nunca los voy a dejar, ni hacer de menos. Si yo cambié pueden cambiar ellos y puede cambiar cualquiera”.

Con ese mensaje que nos dejó y que denota una fuerza de voluntad enorme, nos damos cuenta que nos ha querido decir dos cosas: no te olvides de tu pasado y de quienes estuvieron con vos en el momento más difícil; y que es posible superarse, aunque como en el mito de Sísifo, la vida te ponga a cargar una piedra cuesta arriba indefinidamente.

Rendirse no es una opción y por suerte siempre están esas almas buenas que les brindan ayuda. En el caso de Rubén fue la Fundación Manos Abiertas, pero en el caso de otros fue la Hospedería San José o el comedor Doce Apóstoles, sólo por nombrar algunos.

La gratitud hacia quienes les ayudan es eterna. Una sonrisa, un oído atento, un gesto de cariño, para ellos es y será siempre bienvenido. 

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