Jujuy | Historias

Amor puro, los angelitos en la tierra

Hace cinco años un joven de 20 años salvó su vida creando el Club Monterrico Inclusivo, con una motivación personal por acercarse a su hermano, hoy muchos niños jujeños han podido crecer y desarrollarse gracias a esta iniciativa. Conocé las historias.

Álvaro tiene 25 años y hace cinco años creó el Club Monterrico Inclusivo, una idea cuyo fin era darles actividades a personas con discapacidad. Su inspiración fue y es Emiliano, su hermano.

Su infancia no fue fácil y no teme al reconocer que nunca le gusto estudiar. Nació con problemas para caminar y los tratamientos marcaron su vida, Álvaro no tenía una razón, vivía en la calle y su camino parecía truncarse hasta que un angelito en la tierra salvó su vida.

Ese ángel es Emiliano, su hermano que hoy tiene 17 años y el amor entre ellos cada día, con cada aventura crece y se convierte en un pacto tácito e incondicional de unión eterna.

“Me tope con la realidad que vivía mi familia, retome el colegio, comencé a trabajar en una escuela de educación especial, me intereso el voluntariado y decidí ayudar a Emiliano; el necesitaba de mi para superar todo esto”, comentó Álvaro.

Appace como para muchos, fue su posibilidad y luego de ver que en Monterrico, tierra de fincas y campo no había lugar donde su hermano pudiera seguir luego de los 12 y tras tres arduos meses buscando recursos, organizó la primera actividad recreativa. Después de ese día, nunca nada volvió a ser igual.

Tras tres años intentando conocieron a Lorena, la dueña de las instalaciones donde funciona el Club recreativo. Para ella la historia de Álvaro, era conocida.

Lorena lucho varios años cuidando a su hermano discapacitado, que al fallecer marcó su vida y le dio la necesidad de dar lo que no pudo darle a él. “Cuando vino Álvaro, entendí que me debo a mi hermano. Me siento culpable, hago esto porque lo veo en la cancha, les doy lo que quizás no pude darle a mi hermano ”, afirmó.

Dos historias unidas bajo la hermandad, seguramente desde el cielo su hermano se regocija al saber que su acto, ayuda día a día a pequeños a salir al mundo, a abrir sus alas. Quizás su situación nunca cambiará, pero mientras sigan socializando, su vida será siempre más feliz.

 Aunque parece perfecta, cada uno de los miembros de Club siente bronca y tristezas. Las recaídas propias de cada cuadro, son frecuentes y golpean pero no vencen. Levantarse es parte del trato y luchar contra los prejuicios y la discriminación es una obligación.

Enrique, forma parte de esta familia, forma parte del Club. Tiene 13 años y síndrome de Down. Su mamá vive por él, y aunque le costó aceptar; nunca bajo los brazos y sigue luchando. Su pedido a Dios: que Quique (como le diremos con cariño) hable. “Creo que podría haber hecho más, hice lo que pude”, explica conmovida la mujer.

 Desde que la mama de Enrique conoció a Álvaro, sus ganas la capturaron y lo ayuda incondicionalmente en el sueño de una fundación, llena de actividades para los chicos de Jujuy, de todas las edades.

La mamá de este joven emprendedor de Monterrico es María. Para ella enterarse de la enfermedad de Emiliano también marcó un antes y después en su vida. Aprendiendo y creciendo juntos, para ella hoy es un orgullo verlo junto a Álvaro. “El es mi respirar”, dice también conmovida, entendiendo que a pesar de todo y poco a poco están logrando salir adelante.

Las imágenes de felicidad nos llevan a reflexionar en estas historias, miles de historias anónimas de la provincia que quizás con la cotidianeidad dejamos pasar, ¿no es el momento de volvernos “locos”?, ¿de sacar nuestro niño interior y empezar a soñar?, ¿de darle alas e integrar a estos angelitos?, que sin duda nos esperan con el brillo en sus ojos que dice: amor puro.

Te esperan en Aquagol, Barrio San Francisco Calle Jujuy a media cuadra de la Plaza San Isidro los días sábados.

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