Jujuy en una paradoja: el gobierno busca la paz a través de la violencia
- La estrategia del gobierno para advertir y castigar a quienes protestan ya no se disfraza.
- Espionaje, contravenciones, allanamientos, a través de la justicia han empleado todo tipo de estrategias para desalentar los reclamos populares.
Puede parecer sacado de un guión hollywoodense, pero en el Jujuy de Gerardo Morales la realidad supera la ficción, reclamar pacíficamente en las calles, por causas como partidas alimentarias, celeridad de la justicia o salarios dignos, obtienen inminente disciplinamiento judicial y la forma de rechazo por excelencia resulta ser una nueva marcha contra la criminalización de la protesta.
Una especie de loop fruto de la intransigencia política, que de a poco va tomando presencia en los grandes medios porteños, desmitificando el slogan “Unión, Paz y Trabajo”, que la clase gobernante se ha encargado de difundir y desgraciadamente fundir.
Solo en la última semana los trabajadores sanitarios auto convocados volvieron a manifestarse; la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) que nuclea a un buen número de ellos hizo lo propio con extensión hacia los municipales precarizados; el Polo Obrero Tendencia llegó a presentarse en Plaza Belgrano en el marco de una jornada de lucha nacional y si la calle no se expresó con más énfasis fue debido al inesperado paro de transporte público.
Mediante aprietes documentados sobre posibles descuentos y quita de contratos, el gobierno trató de desmotivar la convocatoria del pasado miércoles, sin embargo los empleados del Hospital Pablo Soria y Materno Infantil (entre otros) se las ingeniaron para marchar a contra turno minimizando el riesgo de sanción.
En territorio ramaleño fue aún más burda la medida, impidiendo a la altura del campamento de Vialidad el paso de un vehículo que iba a trasladar a los trabajadores disconformes. "Lamentablemente es grande la persecución a los trabajadores de Salud a la ciudad de San Pedro, el colectivo que debía llegar a la ciudad fue detenido donde está la balanza y volverse. Esta es la forma de amedrentar a los trabajadores que quieren salir a expresarse por salarios, recategorización y pase a planta", explicó a nuestro medio un agente sanitario.
El mismo día distintas filiales del sindicato conducido por Carlos Sajama (ATE) denunciaron públicamente maniobras para entorpecer su propia convocatoria, desafectando curiosamente sobre la hora, las empresas de transporte previamente contratadas para el traslado hacia la capital.
Y nada cuesta retroceder en el archivo siete días hacia atrás y darse con otro compilado de reclamos populares rodeados de hostigamiento, por ejemplo:
- Docentes de la Corriente Sindical Conti Santoro daban a conocer como algunos de sus integrantes aparecen en el expediente que encausa a dirigentes sociales por una presunta asolación ilícita, supuesta motivación para efectuar controversiales allanamientos en una docena y media de inmuebles.
- O la multitudinaria marcha de organizaciones sociales contra la criminalización de la protesta que tuvo lugar el pasado martes 19/07, en respuesta a la mencionada avanzada judicial que incluso tuvo reminiscencias nacionales. “El gobierno cree que se lleva todo por delante. Denunciamos a los fiscales por denunciar un espionaje a los referentes sociales y a los partidos políticos de izquierda”, ilustraba la referente del Frente de Izquierda Natalia Morales.
Sería Mónica Cunchila la indómita madre de Iara Rueda(QEPD) y abanderada de los padres del dolor que al ver tanto efectivo policial cual muralla humana rodeando la Casa de Gobierno recriminaría en forma de pregunta el accionar de la politizada fuerza de seguridad “¿Dónde estaba toda esta policía cuando desapareció mi hija”.
El primer mandatario manipula la parafernalia mediática publicitando una provincia ajena a cualquier tipo de crisis, mientras que los bombos, pasacalles, banderas y voces enfadadas le reclaman en las puertas de Casa de Gobierno a diario. Con seis años de mandato cumplidos sobre la espalda, debería saber que las contravenciones y amenazas no enfriarán un termómetro social que entra en el segundo semestre al rojo vivo.